Mi fuerza eres Tú Señor

A veces llegan momentos en los cuales no podemos hacer nada porque no contamos con fuerzas, pero Dios en su infinita misericordia nos da las fuerzas que necesitamos y nos sostiene.

Todo lo que podemos lograr es porque Dios nos ayuda y nos aumenta la sabiduría y las fuerzas para que podamos avanzar en sus caminos. Por eso demos gracias por todo lo que Dios hace con nosotros y alabemos su santo y bendito nombre.

Nuestra fuerza viene del Señor. Créelo. Por esta razón citaremos un versículo del libro de los salmos que nos habla acerca de los momentos difíciles que vivió el escritor de ese salmo y de cómo pedía fortaleza a Dios. Él le pedía a Dios porque sabía que Dios le respondería y es el único que nos puede dar esa fortaleza que necesitamos.

Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón,
y fui ayudado, Por lo que se gozó mi corazón,
Y con mi cántico le alabaré.

Salmos 28:7

Lo claro es que vemos al salmista David pidiendo ayuda al Señor, sabemos que David hacía estas cosas porque solo Dios le podía defender y sustentar.

No todo el mundo tiene este tipo de actitud, de pedir ayuda a Dios, muchos se creen que con sus fuerzas pueden continuar pero no es así, y es por eso que debemos tomar este ejemplo vivo del salmista David.

Miremos bien las palabras que pronunciaba este hombre ante Dios. David claramente estaba haciendo una declaración de lo que era Dios para Él: Su escudo y fortaleza. Por eso David confiaba en Dios, porque Él pudo ver la mano de Dios obrando siempre en su vida.

Así como este hombre confiaba plenamente en Dios, con todo su corazón, confiemos nosotros también, creamos que Dios es nuestro amparo y fortaleza eterna.

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