Hablar de Dios es hablar de perfección, de amor eterno y de un cuidado que sobrepasa nuestro entendimiento. A lo largo de la historia bíblica y también en nuestra propia vida cotidiana, descubrimos que Él es digno de toda admiración y honra. No solo es nuestro Salvador, sino también nuestro consejero fiel, aquel que nos guía con sabiduría y verdad. Cada consejo que viene de Dios tiene un propósito, y siempre es para nuestro bien. Recordemos que si Él nos aconseja es porque nos ama profundamente. Su amor no se mide en emociones pasajeras, sino en hechos concretos, en misericordia renovada cada mañana y en una fidelidad que nunca falla. No olvidemos jamás que su amor es grande, eterno e inmutable.
El amor de Dios es incomparable. Así como un padre terrenal se preocupa por sus hijos, cuánto más nuestro Padre celestial que conoce lo profundo de nuestro ser. Él no quiere el mal para nosotros, sino que, con amor sublime, busca nuestro bienestar integral: físico, emocional y espiritual. Nadie en esta tierra puede mostrar un amor tan puro e infinito como el amor de Dios. En su consejo hallamos dirección, en su palabra encontramos esperanza y en su presencia recibimos paz.
Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
Isaías 9:6
Por eso debemos admirar su poder y majestad. No podemos permanecer indiferentes ante su grandeza. Cada día es una oportunidad para glorificar su santo nombre, para reconocer que todo lo bueno que tenemos proviene de Él. Sus obras son incontables, sus maravillas están a la vista de todos, y su fidelidad se manifiesta en cada detalle de nuestra existencia. Al despertar, al respirar, al ver la creación que nos rodea, podemos dar testimonio de que Dios es real y digno de alabanza.
Tampoco debemos dudar de su consejo. El Señor es nuestro mejor guía, y no hay otro que pueda mostrar con claridad el camino correcto. El mundo ofrece voces engañosas, pero solo la voz de Dios trae vida y verdad. Rechazar sus consejos es apartarnos de la fuente de sabiduría; en cambio, recibirlos con humildad nos convierte en dichosos y bienaventurados. El salmista lo dijo: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos” (Salmo 1:1). Escuchar el consejo de Dios es andar en justicia y en rectitud, es ser librados del mal y permanecer bajo la sombra de sus alas.
Además, debemos valorar el sacrificio supremo que Dios hizo al entregar a su Hijo por cada uno de nosotros. Ese acto de amor eterno es la mayor muestra de que podemos confiar en su consejo. Quien dio lo más precioso por nosotros, también quiere guiarnos por sendas de vida. Recibir su llamado, escuchar su voz y responder con gratitud es el camino de la verdadera sabiduría. Cada día tenemos la oportunidad de acercarnos más a Él y experimentar su misericordia.
Él es Dios de paz, altísimo y sublime, consejero fiel y admirable. Él es nuestro Padre eterno, nuestro refugio seguro y el amigo que nunca falla. Por eso, alabemos su nombre en todo tiempo y en todo lugar. Que nuestra boca proclame su grandeza y que nuestro corazón siempre reconozca que este es nuestro Dios: admirable en poder, glorioso en majestad y perfecto en amor. Este es nuestro Dios, y a Él damos toda la honra y la gloria.
Conclusión: Dios es admirable en todo su ser. Su consejo nunca nos lleva al fracaso, sino a la vida plena. Cada uno de nosotros está llamado a confiar en su guía, a recibir con gozo sus palabras y a caminar en obediencia. Si valoramos su amor y su sacrificio, si reconocemos su majestad y recibimos su consejo, podremos vivir confiados en que Él es nuestro Dios fuerte, nuestro consejero eterno y nuestro príncipe de paz. Que cada día nuestro corazón se rinda ante Él, porque solo Él es digno de ser exaltado.
2 comments on “Admirable y consejero es nuestro Dios”
Hi everyone, it’s my first pay a quick visit at this site, and article is genuinely fruitful in favor of me,
keep up posting such posts.
Buen día!
Excelente artículo!
En estos momentos de tribulación que estamos viviendo todos en esta tierra, debemos de aprender que nadie más que nuestro Dios nos puede ayudar.
No importa en que país nos encontremos esta Enfermedad está presente.
Nunca antes se había experimentado algo tan igual o similar.
Esta gran prueba es para que aprendamos que Dios tiene control de nuestras vidas y que nos está llamando a su redil.
Tengamos fe en El, reconozcamos que El es el Único Dios poderoso, misericordioso, clemente que nos ama pero también castiga al que lo aborrece.
Alabó a mi Dios por su amor, su bondad y por su protección en este tiempo de tribulación para conmigo y mi familia y tomo esta dura prueba como un llamado más a que nos acerquemos más a El.
Feliz día! Dios more en nuestros corazones y nos bendiga.