Cuando hagamos algo para Dios, hagámoslo con agrado del corazón, no estando tristes en ningún momento, más bien con gozo del corazón porque debemos estar agradecidos de Dios por tener misericordia de nosotros y por escogernos para una buena obra.

Lo mejor ante todo es que demos la gracias Dios por ser tan buenos con nosotros, por ese sacrificio hecho en la cruz del calvario para darnos vida y vida en abundancia.

No es que seremos recompensado por hacer una obra, o que de eso depende nuestra salvación, NO, sino que Cristo nos escogió y por eso debemos estar contentos y actuar con amor en todo lo que hagamos.

Porque somos hechura suya,
creados en Cristo Jesús para buenas obras,
las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Efesios 2:10

Somos su creación, somos hechos con sus propias manos, por esta razón somos más que bendecidos y bienaventurados en el Señor. Por eso seamos sabios y de esta misma forma actuemos de buena voluntad, no veamos las cosas difíciles, más bien veamos todo positivo y pidiendo nuevas fuerzas a Dios para que de una buena forma podamos continuar con las buenas obras encomendadas por Dios a cada unos de sus hijos.

Seamos buenos administradores de lo que el Señor puso en nosotros, y actuemos con regocijo. No nos apartemos de estas buenas obras, aprovechemos en todo momento lo que Dios depositó en nuestras manos.

Estas buenas obras que Dios preparó para nosotros nos benefician en todo. Dios no nos deja solos, Él está presente cuando le necesitamos. Si le pedimos, nos responde de acuerdo a su voluntad. Así que atendamos con buena voluntad lo que fue puesto por Dios en nuestras manos.

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