Dios es un Dios de amor, Él ha mostrado su eterno amor para con nosotros amándonos de tal manera que ha dado su Hijo en expiación por nuestros pecados, sin embargo, el que Dios sea un Dios de amor no quiere decir que no derrame su juicio sobre las naciones. En la Biblia tenemos muchos ejemplos de como los juicios de Dios cayeron sobre aquellas naciones que no guardaban su Palabra y el día de hoy no es la excepción, ya que Dios es el mismo de ayer, y no tiene sombra de variación.

A las personas no les gusta escuchar esta parte de Dios, este atributo de juicio, incluso, muchas veces nosotros mismos como cristianos olvidamos esto y no debería ser así, ya que la Biblia nos habla una y otra vez sobre esto, y debemos hacerles entender a las personas que Dios aborrece el pecado y que sube su ira ante el mal.

Amós dijo:

4 Y si fueren en cautiverio delante de sus enemigos, allí mandaré la espada, y los matará; y pondré sobre ellos mis ojos para mal, y no para bien.

5 El Señor, Jehová de los ejércitos, es el que toca la tierra, y se derretirá, y llorarán todos los que en ella moran; y crecerá toda como un río, y mermará luego como el río de Egipto.

6 El edificó en el cielo sus cámaras, y ha establecido su expansión sobre la tierra; él llama las aguas del mar, y sobre la faz de la tierra las derrama; Jehová es su nombre.

Amós 9:4-6

Nuestro Dios es gobernador no solo de los cielos sino también de la tierra, y hace como Él quiera. Es como dijo cierto predicador: “La tierra es el escenario de Dios, y en su escenario Él hace como le plazca.

Debemos entender que Dios es omnipotente y poderoso, y sus pensamientos van más allá que los nuestros.

Los juicios de Dios son ineludibles, es decir, nadie puede escapar a ellos. Todos aquellos juicios que Dios ha dicho a través de su Palabra se han de cumplir. Simplemente prediquemos a Cristo y oremos.

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