Cuando queremos algo debemos pedirle dirección a Dios, y si es su voluntad pues la vamos a recibir, pero si no es su voluntad no la vamos a recibir, porque a veces hay cosas que no nos convienen.

David sabía que Dios era el único que le podía proteger de todo lo que le rodeaba y que le podía ayudar. Por eso David en sus momentos difíciles se humillaba y le pedía protección a Dios porque eran muchos sus enemigos.

Este hombre era humilde de corazón, siempre estaba atento y se humillaba ante Dios, se postraba delante de Dios y le pedía perdón por cualquier falla o error que cometía.

Algunos versos Bíblicos nos mencionan que este hombre era muy paciente. ¿Y por qué David era muy paciente?. Si leemos la historia vemos que el salmista primero era pastor de ovejas, y ese oficio es de tener paciencia, porque las ovejas siempre están dispersas, unas están por un lado y otras por el otro lado, entonces en el momento que el pastor tiene que marcharse él tiene que salir a buscar todas sus ovejas.

A ti, oh Jehová, levantaré mi alma.

Dios mío, en ti confío;
No sea yo avergonzado,
No se alegren de mí mis enemigos.

Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti será confundido;

Serán avergonzados los que se rebelan sin causa.

Salmos 25:1-3

David se encontraba en momentos críticos pero nunca dejó de decir “Señor en ti confío”, él siempre le pedía a Dios. Nunca dejaba de mencionar aquel que le sostenía en todo el tiempo, que si venia un león o un gigante le ayudaba, y el Dios Todopoderoso estaba con él todo el tiempo.

Es bueno que sepamos que todo aquel que sigue a nuestro Señor Todopoderoso, siempre estará seguro bajo sus alas, así como lo estaba con el salmista David que Dios estaba donde quiera que david se encontraba, ahí estaba el Señor para cuidarle y protegerle de sus enemigos.

Y por eso Dios le mostraba el camino y le enseñaba sus sendas y le cuidaba de sus enemigos.

Muéstrame, oh Jehová, tus caminos;
Enséñame tus sendas

Salmos 25:4

Solo Dios nos puede cuidar de toda adversidad que pueda venir a nuestras vidas, porque es Dios nuestro ayudador, confiemos en él todo el tiempo.

Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,
Y se traspasen los montes al corazón del mar;

Aunque bramen y se turben sus aguas,
Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah

Salmos 46:1-3

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