Jeremías 2:13 explicado

Imagina que Dios te colme de vienes y milagros como lo hizo con el pueblo de Israel y aún así te vayas tras otros dioses. Diciéndolo suena descabellado, y de hecho, lo es. ¿Cómo es que podemos separarnos del Dios que no nos ha hecho más que bien? Suena hasta indignante considerar algo así. Pero el pueblo de Israel aún viendo las 10 plagas,  el mar partirse en Dios, el río Jordan ser dividido, Dios luchar a su favor una y otra vez; decidieron irse tras otros dioses y abandonar al Dios vivo.

Muchas veces este pueblo es descrito en el Antiguo Testamento como un pueblo de dura cerviz y un pueblo adultero. Si tomamos todo el capítulo 2 del Libro del profeta Jeremías, nos daremos cuenta de toda la reprimenda que Dios da a Su pueblo Israel. En esta ocasión consideremos el versículo 13:

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

Dejemos que hoy este texto nos hable desde las profundidades bíblicas a través de esos dos males que el pueblo de Israel hizo. Y luego considerémonos a la luz de este texto:

1- Me dejaron a mi, fuente de agua viva

En el segundo siglo de la Iglesia existió un hombre llamado Policarpo de Esmirna, según se documenta, este fue discípulo directo del apóstol Juan. En ese entonces, la iglesia vivía en constante persecución por el imperio Romano. Sucede que la ejecución de Policarpo ya había sido planeada, cuando se encontró frente al emperador, este le dijo que si se quería librar de la muerte solo debía negar a Cristo. La respuesta de aquel anciano fiel servidor fue una de las declaraciones de fe y confianza en Dios más impactantes en toda la historia de la Iglesia, Policarpo dijo:

He servido a mi Señor Jesucristo durante 86 años y nunca me ha causado daño alguno el mismo. ¿Cómo puedo negar a mi Rey, que hasta el momento me ha guardado de todo mal…?

Ahora, quiero que pienses, este hombre no vio dividirse el mar en dos, las plagas, el Jordán , ser alimentado con maná y codornices desde el cielo, sin embargo, reconocía que Dios era su fuente de agua viva, que no le había hecho ningún mal, y que no había ni una sola razón para apartarse de Él encontrando algo que supuestamente le satisfaga más.

Para el Pueblo de Israel no fue así. Ellos habían olvidado los favores y misericordias hechos por Dios. Habían abandonado a Dios quien es fuente de agua viva.  Con esto tenemos un contexto claro de por qué Dios les reprende a través del profeta Jeremías.

Quieres saber cómo abandonaron esa fuente de agua viva? Retrocedamos al versículo 8:

Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha.

Oh querido amigo y hermano, en Cristo tenemos una fuente de agua viva que es inagotable. Dios ha sido bueno con nosotros todos los días de nuestras vidas. Nos amó tanto que dio a su único Hijo en una Cruz para que recuperemos nuestra amistad con Dios. No existe nada en este diminuto mundo perecedero, en este pequeño polvo de existencia llamada tierra, que sea más importante y hermoso que nuestro Dios.

2- Cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua

Imagina por un momento tener disponible una fuente de agua viva que te lo ha dado todo y aún así pensar que con tu propio esfuerzo puedes lograr algo mejor que eso. En perspectiva, eso fue exactamente lo que hizo el pueblo de Israel.  En vez de beber de esa fuente de agua viva, con sus propias manos cavaron una cisterna rota que no retenía agua. Oh querido amigo, esa es la vida de todo humano separado de Dios, un constante esfuerzo que no viene a ser más que algo inútil.

De nuevo, piensa en esta metáfora de la cisterna. Ellos intentaron crear un suministro mejor, trabajaron arduamente, sin embargo, ¿qué obtuvieron? cisternas rotas que no retienen el agua. A demás, como diría Morgan en su comentario de este versículo, cito:

“En cuanto el agua se almacena en cisternas, deja de estar viva; está estancada, y comienza el proceso de deterioro… Además, el hombre nunca podrá cavar cisternas que aguanten. Están todas rotas. Debemos vivir junto a los arroyos o pereceremos”.

Israel había abandonado la verdadera fuente por un trabajo forzoso que no llevaba a nada. Así de incoherente fue Israel en dicha época. Ahora, vayamos a nuestra última consideración:

¿Cuáles son tus males?

Ya vimos los dos males del pueblo de Israel. Ahora bien,  considera tu vida y considera a Dios y medita profundamente en esto. Hay dos preguntas retóricas que quiero que te hagas: ¿Con mi vida demuestro que prefiero esa fuente de vida que cavar mi propia cisterna? , ¿entiendo que Dios me ha hecho tanto bien que no hay nada en esta tierra que sea más hermoso que Él para mi?.

Estas consideraciones son buenas porque a veces miramos al pueblo de Israel y decimos: » Que pueblo tan lamentable, yo jamás haría algo así! exclamamos. Sin embargo, considera hoy tus pasos, tu vida devocional con Dios y pregúntate si acaso no prefieres otras cosas por encima de Dios. Cuestionate si en tu vida hay cosas que parecen ser tan importantes que Dios se encuentra en el último lugar de tu vida.

Oh querido hermano, oro a Dios para que Cristo sea tan precioso para nosotros que no exista nada  que sea más preciado para nosotros que Él en nuestros corazones. Oro a Dios para que dejemos de hacer esfuerzos inútiles en cavar cisternas rotas que no retienen agua. Que vayamos a la fuente de agua viva, aquella que Jesús dijo a la mujer Samaritana que sacia para la vida eterna. Que comamos del pan de vida que que es Jesús, y recordemos: el que come de este pan no tendrás hambre jamás.

Concluyo con estas palabras de Charles Spurgeon en su sermón «Jesús Sentado Junto al Pozo»:

¡Querido corazón, que el Señor te ayude a comenzar a orar ahora mismo! El espíritu del Señor será maravillosamente reconfortado por tus súplicas. Dará un trago profundo de agua fresca del pozo cuando oiga tu voz en oración. «Llevad con vosotros palabras de súplica,» -dice el profeta Oseas- «y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien.»

De la abundancia del corazón habla la boca

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