A quién realmente debemos temer

La gente hoy día teme a muchas cosas; a la situación, enfermedades, adversidades de la vida. Nosotros como seres humanos vivimos llenos de temores todos los días y esos temores hacen que se nos olvide a qué realmente debemos temer.

Un creyente siempre entenderá que en medio de la adversidad Dios está con él y que no existe un problema más grande que Dios. Un creyente entiende que cualquier situación por la que esté pasando le obrará para bien. Y así fue con cada hombre de la Biblia, ellos amaron a Dios sobre todas las cosas, aunque estuvieron sujetos a debilidades humanas, pero nunca negaron su fe.

Ahora bien, aquellos que no son creyentes viven atemorizados, preocupados, sin norte ni dirección. Hay gente que cuando ven que está pasando algo muy adverso hasta la presión les sube, ¿sabes por qué? Porque no conocen de esa paz que sobrepasa todo entendimiento.

¿A qué más tememos? A la muerte, pero realmente a lo que deberíamos temer no es a la muerte, pues sabemos que todo el que nace ha de morir, pues no somos eternos. Y sabiendo eso debemos saber que a quien debemos temer es al dador de la vida:

Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

Mateo 10:28

A quien debemos temer en realidad es a Dios y a la vez arrojar todas nuestras debilidades sobre Él, ¿sabes por qué? Porque no existe un ser tan poderoso como Dios, el cual es el único que tiene el poder de enviar el alma al infierno y destruirla.

Que nuestro principal temor vaya inclinado hacía Dios y que todas nuestras cargas sean arrojadas sobre Él.

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