Habacuc capítulo I | Protesta de Habacuc Parte 2

La primera protesta de Habacuc fue por el hecho de ver toda la injusticia que se estaba cometiendo dentro del pueblo de Judá y no ver ninguna señal de parte de Dios de juzgar a tal nación. Y por ello quería una respuesta de Dios, de cuándo iba a juzgar a Judá.

Luego de la primera protesta, Dios le dijo al profeta que juzgaría a Judá a través de los Caldeos, una nación sumamente idólatra y corrupta. Sin duda alguna esto fue muy chocante para él, pues, por más que Habacuc quería que sea quitada la injusticia de su nación, tampoco quería que estos fuesen juzgados por una nación mucho más corrupta que ellos.

12 ¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar.

13 Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él,

14 y haces que sean los hombres como los peces del mar, como reptiles que no tienen quien los gobierne?

15 Sacará a todos con anzuelo, los recogerá con su red, y los juntará en sus mallas; por lo cual se alegrará y se regocijará.

16 Por esto hará sacrificios a su red, y ofrecerá sahumerios a sus mallas; porque con ellas engordó su porción, y engrasó su comida.

17 ¿Vaciará por eso su red, y no tendrá piedad de aniquilar naciones continuamente?

Primero que todo, Habacuc conocía cuál es el carácter de Dios, el cual es un Dios Santo, que es muy limpio para ver el mal y el agravio. Entonces, es por esto que se pregunta: ¿Por qué juzgas a Judá a través de una nación mucho más corrupta? Sin duda alguna esto era demasiado chocante para el profeta.

Número dos, Habacuc conoce sobre las victorias que Dios le ha dado a su pueblo, y sabía perfectamente que si Dios permitía que Babilonia conquiste a Judá, entonces no habría forma de que ellos puedan escapar, pues, a quien habían tenido como aliado en sus grandes victorias ahora lo tienen como su enemigo.

Si algo nos enseña este primer capítulo de Habacuc es que Dios nunca tolerará el pecado, no importa quién sea, si es su pueblo o no. Dios aborrece el pecado, porque Dios es demasiado Santo.

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