La Palabra de nuestro Dios nos da aliento y fuerzas, en ella conocemos todo lo que el Padre quiere que hagamos. Su palabra nos sustenta y nos ayuda a entender todo lo que antes no entendíamos.

Su Palabra cura nuestras heridas cuando nos encontramos en momentos difíciles en los cuales no podemos más, cuando se nos van las fuerzas. Por eso es que ellas nos dan aliento porque el Padre nos habla a través de ellas.

Recordemos que somos humanos y somos débiles, pero cuando estemos débiles, es ahí que el Padre nos hará más fuertes.

El sana a los quebrantados de corazón,
Y venda sus heridas.

Salmos 147:3

Solo en el Señor podemos sanar nuestras heridas tanto físicas como emocionales. Dios es poderoso y hace que todo cambie. El versículos anterior nos habla acerca de los quebrantados de corazón, El Señor sana a todos aquellos que están en inmensa debilidad.

Tus heridas son vendadas por nuestro curador Dios, Él es un Dios que siempre está atento y que nos restaura y nos da nuevas fuerzas cada día para que podamos seguir el camino recto.

Cuando el espíritu esta abatido, Dios viene en tu socorro y te levanta. Por eso es bueno que leamos sus Santa Palabra porque en ellas conoceremos más y más a Dios, porque dentro de este tesoro encontraremos todo lo que necesitamos en nuestras vidas.

Dejemos la duda y confiemos en Dios que es santo, real y verdadero, toda nuestra confianza debe estar depositada en Él. Cuando la duda venga y nos visite inmediatamente vamos a desecharla porque ella hace que dejemos de creer en su Palabra fiel y verdadera.

Su Palabra es la que nos muestra el camino que en realidad debemos andar, ya que por medio de ella conoceremos todo lo que nos encontraremos y de esta forma podremos defendernos contra todo lo que nos quiera hacer el frente.

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