Al momento de hacer algo para la gloria de Dios, debemos hacerlo bien y con amor siendo agradecidos sin pensar en que no hayamos recibido o si recibiremos. El asunto es que todo lo que hagamos sea con amor y sacrificio.

Nuestro Señor Jesús merece lo mejor de nosotros, no debemos darle lo peor, ni lo que nos sobre, debemos darle excelencia en todo, porque es de esta manera que Dios recibirá nuestro sacrificio.

4 Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; Exaltad al que cabalga sobre los cielos.
JAH es su nombre; alegraos delante de él.

5 Padre de huérfanos y defensor de viudas Es Dios en su santa morada.

Salmos 68:4-5

¿Por qué no alabar su nombre y bendecirlo por todo lo que Él hace por nosotros, por su bondad y misericordia que día tras día nos sostienen?.

Hay motivos para ser agradecidos, para dar lo mejor al Señor, aquel nos amó desde antes de la creación del mundo. Todo lo que somos hoy es por Él, por su santa misericordia.

Sirvamos a Dios de corazón, dando alabanzas de verdad, cantando salmos a su nombre. Anunciando su poder y su majestad por toda la eternidad.

No hay nadie como Él, solo Él es digno de ser enaltecido, de ser exaltado sobre todo. Solo su nombre es grande, fuerte y poderoso.

Por eso debemos rendirnos así como muchos en la antigüedad, fueron obedientes, cumplieron con amor su llamado.

Dale lo mejor de ti a Dios, adórale en espíritu y en verdad, para que cuando cantes a Él, esa adoración sea de calidad.

Si Dios nos puede dar lo mejor, aún cuando estemos pidiendo desesperados Él nos responde, ¿por qué entonces no lo hacemos con Él, siendo gratos y postrándonos delante de Él?. Reconociendo que Él es Dios magnífico.

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