Caminar bajo la poderosa dirección de Dios nos ayudaría bastante, ya que si estamos caminando bajo la Santa Dirección de nuestro Señor podremos avanzar en todo en cuanto hagamos. No se trata de depender de nuestras fuerzas, ni de confiar en nuestra sabiduría limitada, sino de someternos al consejo divino que nunca falla. La vida es un camino con muchas encrucijadas, y si no tenemos la guía de Dios, fácilmente podemos desviarnos hacia rutas que terminan en dolor y fracaso.
Muchos en estos tiempos están caminando bajo su propia dirección y es por esta razón que no avanzan ni logran sus objetivos. Se apoyan en filosofías humanas, en consejos vacíos o en su propia experiencia, pero dejan fuera al Autor de la vida. La Biblia nos recuerda en Proverbios 3:5-6: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. El fracaso espiritual de muchos se debe a que no reconocen a Dios en sus planes.
Cuando tengamos algún proyecto o meta que cumplir no nos olvidemos que tenemos a Dios, el cual nos puede ayudar. Él nos puede encaminar en todo, es el único que nos puede dirigir, que nos puede avisar cuando algo no anda bien, y también cuando nos estamos desviando de la meta que queremos cumplir. Él abre puertas que nadie puede cerrar y cierra aquellas que no convienen. Una oración sincera puede librarnos de grandes errores, pues el Señor ve más allá de lo que nosotros podemos ver.
Algo que pasa con las personas que no caminan bajo el propósito de Dios es que andan en oscuridad porque de esta forma ellos lo decidieron. Rechazar la dirección divina es elegir el tropiezo. Dios nunca obliga a nadie, pero siempre llama con paciencia. Cuando alguien decide ignorar su voz, se expone a consecuencias dolorosas que podrían haberse evitado si hubiese confiado en la guía del Señor.
También podemos tomar unas poderosas palabras que dejó el salmista David diciendo lo siguiente:
Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos;
Endereza delante de mí tu camino.Salmos 5:8
Nosotros, todos los que queremos andar bajo su dirección, debemos pedirle a Dios que nos permita andar bajo su justicia, que practiquemos la integridad ante todo y que nos dejemos guiar por Él. Así podremos cumplir nuestras metas con la seguridad de que no estamos solos. David entendía que sin la guía de Dios no podía enfrentar a sus enemigos ni cumplir el propósito de su vida. Esa misma actitud debemos tener hoy: reconocer nuestra dependencia absoluta del Señor.
Caminar bajo la dirección de Dios también significa esperar en su tiempo. A veces queremos correr delante de Él, pero Dios tiene un plan perfecto que se cumple en su calendario, no en el nuestro. La paciencia es parte de confiar. El que espera en Dios verá su fidelidad manifestarse en el momento adecuado. Isaías 30:21 lo confirma: “Tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda”.
Pídele a Dios poder andar bajo su dirección, toca a su puerta y llama, búscalo, pide fortaleza. Dios no te rechazará; Él te abrirá para que puedas entrar. Jesús nos prometió en Mateo 7:7: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. No hay oración sincera que quede sin respuesta. El Señor está dispuesto a guiarte, pero espera que reconozcas tu necesidad y tu dependencia de Él. No camines solo, deja que Dios enderece tu camino y te lleve de la mano hacia el propósito eterno que ha preparado para ti.