Más de 500 años han pasado desde que algunos hombres querían tener la luz debajo de una mesa y así poder sumergir al mundo en desquiciada oscuridad. Más de 500 años han pasado cuando querían tener la verdad absoluta anudada con cadenas y aislada de los hombres como si aquello fuese un monstruo gigante al cual temer.

Hoy disfrutamos de una amplia gama de formatos de Biblia. Tenemos la Biblia tanto impresa como en aplicaciones para PC, Móviles y Tabletas y gozamos de muchísimas traducciones de la misma. Hoy en día la persona más pobres pueden poseer una Biblia. Pero, todo este avance lo debemos a la lucha feroz que sostuvieron ciertos hombres para que hoy día podamos disfrutar con libertad de la Palabra de Dios.

La biografía de Martín Lutero es muy interesante, ya que a través de su historia vemos a un hombre que tenía sed de Dios, así como el salmista dice: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Salmos 42:1). Sed que fue creada a partir de algunos eventos que tuvo, los cuales eran la preparación para crear en el joven Lutero un hombre celoso de Dios y de las Escrituras.

Se dice que una vez mientras Lutero caminaba, un rayo cayó cerca de él y a partir de ese momento toda su vida cambió. Aquel joven que parecía ser una mente brillante y que todo el mundo tenía su vista sobre él, ahora ya no le importan para nada los simples títulos académicos, sino que su alma le pide una respuesta más profunda sobre sus pecados y necesita descansar de eso a como dé lugar.

Amados hermanos, que de esta misma manera nuestra alma pide a gritos nuestra necesidad de Dios y de su Palabra, con desesperación, con agonía. ¡Necesitamos a Dios!.

La luz no tardó en llegar a la vida de Martín Lutero. Un día fue a leer a la biblioteca, va caminando y de repente ve allí algo atado en cadenas, ¿qué será? ¿es algo tan importante? “La Biblia”, la Palabra de Dios atada con cadenas, separada de la sociedad, ocultada de los hombres. Aquel rayo no se comparaba con lo que el joven Martín tenía ahora frente a sus ojos.

Hay que resaltar que el costo de una Biblia en aquel tiempo era desproporcionado, no todo el mundo podía poseer una, también existía el problema del idioma, no todo el mundo podía tener una Biblia en su lengua ya que no estaban esas traducciones. El mayor de los problemas era que la iglesia católica en aquel entonces tenía prohibido  la lectura de la Biblia, ya que ellos sostenían que el papa era el único que tenía facultad para interpretar las Escrituras, y que la palabra del papa era suficiente. Así vivió aquella sociedad, silenciada por detractores de la fe que querían ocultar en cadenas la preciosa verdad de la Palabra de Dios.

Sin embargo, Martín Lutero no se tragó esta idea de que el único que podía interpretar la Biblia era el papa. Él continuó visitando la Biblioteca y estudiando la Biblia. Una de sus mayores impresiones de las Escrituras fue cuando pudo leer que el joven Samuel fue dedicado a Dios desde su niñez. Pero había un pasaje que daría luz a su vida de una vez y para siempre:

Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Romanos 1:17

“Más el justo por la fe vivirá”. ¡Eureka! Martín ha encontrado una pieza demasiado valiosa ocultada por los hombres. La iglesia enseñaba en ese entonces que mientras más obras hacías más te acercabas al cielo, predicando las indulgencias, las visitas a Roma para repetir un grupo de padres nuestros, tenían sus necias reliquias las cuales veneraban e idolatraban. Ahora Martín tiene toda la verdad absoluta del evangelio frente a sus ojos en un solo verso.

A partir de ese entonces ya la Biblia no estaría con tantas cadenas, porque aquel hombre fue contra viento y marea, por encima de papas, concilios, contra todo el imperio católico romano y dedicó años a la traducción de la Biblia al alemán.

La luz de la Biblia es suficiente para alumbrar nuestros corazones a través del Espíritu Santo y eso fue lo que hizo precisamente con Martín Lutero.

Hoy damos gloria a Dios, porque ya no hay cadenas, ya no hay impedimento para conocer al Dios de la Biblia, tenemos todo lo necesario para leer y estudiar mucho, simplemente ya no pueden poner cadenas, y damos gloria a Dios por la vida de Martín Lutero y de aquellos hombres que han dedicado sus propias vidas para que nosotros hoy tengamos una Biblia sin cadenas.

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