Cuando comenzamos a leer el capítulo 84 del libro de los Salmos, vemos que el Salmista David comienza a mencionar lo grande y fuerte que es nuestros Dios, afirmando que Él es su anhelo.

Es bueno y maravilloso ver a David exaltando a Dios de esta manera, dándole toda gloria a y alabanza por lo bueno que Él es, declarando que Él es el único Dios todopoderoso.

Bienaventurados los que habitan en tu casa;
Perpetuamente te alabarán.

Salmos 84:4

Aquí vemos que los que habitan en la casa de Dios son bienaventurados, porque todo lo que tenemos proviene de Él, porque Él es el grande, fuerte y poderoso Dios, invencible y admirable.

Cada día debemos confiar en Dios y depositar nuestras almas delante del Señor, y poner nuestras fuerzas delante de Él, no olvidemos que de Él es que proviene esa fuerza que nos sostiene cada día, que, aunque estamos pasando por dificultad Él no nos dejara caer.

Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas,
En cuyo corazón están tus caminos.

Salmos 84:5

David hacía mención de cada una de estas palabras, las había vivido, decía estas cosas porque sabía que todo aquel que anda en los caminos rectos del Señor es bienaventurado.

Cuando andamos rectos en sus caminos, rebasando todos los obstáculos y depositando todas nuestras fuerzas en Él, Dios nos sostiene y nos cuida, nos ayuda a caminar en valle de sombra, como dice está escrito en el salmo 23 versículo 4:

Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Salmos:4

Confiemos en Dios, porque en Él estaremos seguros, solo Él nos da la paz y la confianza que necesitamos, no olvidemos que nuestras fuerzas provienen de Él.

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