Todo deportista se cansa a la hora de ejercer su labor en el terreno, y un gran ejemplo que tenemos es el de aquellos atletas que corren en una pista, todos ellos corren por una medalla que llevarán colgada por unos simples minutos y serán reconocidos por todos y esto hace que cuando estén corriendo, aun no teniendo fuerzas para seguir en la pista, estando exhaustos y agobiados por el cansancio, se renueven, saquen fuerzas de donde no hay, porque ellos quieren el honor de una medalla.

La Biblia compara nuestro peregrinaje con el de los atletas, pues, nosotros también estamos corriendo una carrera donde nos cansamos, donde nos da sed, donde muchas veces no queremos seguir corriendo, porque simplemente nuestras fuerzas se acaban y sentimos que nos estamos asfixiando. ¿Debemos caer en plena pista? Bueno, si es con nuestra propia fuerza que estamos corriendo, de cierto caeremos, pero si corremos esta carrera apoyados en la gran fuerza de Dios, entonces Dios nos dará fuerzas.

Isaías dijo:

28 ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.

29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.

30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;

31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Isaías 40: 28-31

En medio de esa carrera tan difícil Dios nos promete una ayuda, pero para recibir esa ayuda debemos confiar plenamente en Él, y una parte que me gusta mucho de los versos antes citados es cuando dice:”El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”. ¿Te das cuenta qué quiere decir esto? Esto trata de que aunque no tengamos ninguna fuerza, o sea, que estemos abatidos en medio de la pista sin poder correr, pues entonces Dios multiplica la fuerza que ni siquiera tenemos. Dios es experto haciendo esto, Él no necesita de nuestra fuerza, mas de nuestra debilidad saca fuerzas de donde no hay ninguna, y es por esto que Dios le dice a Pablo: “Bástate mi  gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.

Esperemos en Dios y Él multiplicará nuestras fuerzas, Él nos hará levantar alas como las águilas y correremos esta carrera sin cansarnos, caminaremos sin fatigarnos. ¡Esperemos en Dios!

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