El salmo 66 es uno de mis Salmos favoritos, por el hecho de que nos insta a alabar a nuestro Dios por sus potentes obras, y es algo que debemos hacer en nuestro día a día, alabar a Dios por todas las maravillas que Él ha hecho por nosotros y todo esto empieza desde darle gracias hasta por el aire que respiramos y lo más importante: Cristo murió por nuestros pecados y nos ha redimido. ¿Acaso esto no es muestra de que debemos darle la gloria a Dios?

Recordemos que una de las costumbres Hebreas era recordar a todas sus generaciones las potentes obras que Dios había hecho por el pueblo de Israel, con el propósito de que las siguientes generaciones nunca olvidaran cuán majestuoso y bueno ha sido Dios. Ellos enseñaban a sus niños las maravillas de Dios. A veces nosotros como padres fallamos en estas cosas, se nos olvida enseñarle a nuestros niños todo lo bueno que ha hecho Dios a través de toda la historia bíblica y en nuestras vidas por igual.

En el versículo 6 del Salmo 66 David nos habla de los hechos admirables de Dios en el desierto, cuando sacó con mano fuerte al pueblo de Israel de Egipto:

Volvió el mar en seco;
Por el río pasaron a pie;
Allí en él nos alegramos.

El verso número cuatro es el eje de todo este capítulo:

Toda la tierra te adorará,

Y cantará a ti;
Cantarán a tu nombre. Selah

Este verso nos inspira a darle la gloria a Dios y a la vez nos enseña el gran propósito por el cual nosotros hemos sido creados: adorar a Dios. Y hoy es buen día para decir juntos con el Salmista David el final de este salmo: Bendito sea Dios, Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.

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