Columna de nube y columna de fuego

En el libro de Éxodo encontramos una gloriosa manifestación del poderío de nuestro Dios para con el pueblo de Israel. Nos indica claramente que esta manifestación ilumina el camino del creyente fiel que busca al Señor. A lo largo de las Escrituras podemos ver cómo esta verdad se hace evidente en diferentes momentos de la historia bíblica, y uno de los ejemplos más claros se encuentra en los acontecimientos ocurridos cuando Moisés dirigía al pueblo de Israel por el desierto.

Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.

Éxodo 13:21

Este pasaje nos revela una imagen impresionante de la gloria divina. No se trata simplemente de una luz visible, sino de una manifestación viva del poder de Dios. Su resplandor no solo ilumina, sino que guía, transforma y confronta al ser humano. En esa luz se encuentra un poder que no siempre es comprendido por la mente humana, pero que se manifiesta claramente a quienes caminan en obediencia y reverencia delante del Señor.

Allí la manifestación de Dios fue muy notable. El mismo Moisés fue uno de los primeros en poder contemplar esta maravillosa gloria. Sin embargo, el pueblo de Israel solo pudo experimentar una pequeña parte de ese poder, y aun así fue suficiente para llenarlos de temor. Ellos pidieron ver la gloria de Dios, pero cuando esta se manifestó, comprendieron la grandeza y santidad de Aquel que los había sacado de Egipto.

18 Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos.

19 Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.

20 Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis.

21 Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios.

Éxodo 20:18-21

Estos versículos nos muestran con claridad que Dios es inmenso en maravillas, en poder y en majestad. Nada se puede comparar con el Creador de todas las cosas. Su gloria no depende de la comprensión humana ni de la capacidad del hombre para asimilarla. Su resplandor es eterno, y Su poder permanece firme a través de todas las generaciones.

Es significativo notar que mientras el pueblo decidió mantenerse a distancia, Moisés se acercó a la presencia de Dios. Esta diferencia revela una enseñanza profunda para todo creyente. El temor reverente no debe alejarnos del Señor, sino guiarnos a una obediencia sincera y a una relación más profunda con Él. Moisés entendió que aun en medio de la oscuridad aparente, allí estaba la presencia gloriosa de Dios manifestándose con poder.

La gloria divina no siempre se presenta de la manera que esperamos. En ocasiones, Dios se manifiesta de forma evidente y poderosa; en otras, su presencia parece estar escondida, como lo describe Habacuc. Sin embargo, el hecho de que su poder esté oculto no significa que no esté actuando. Dios sigue obrando aun cuando no lo percibimos de inmediato.

No es una comparación literal, pero si nos levantamos temprano y observamos el amanecer, podemos notar cómo la luz del sol comienza a iluminar suavemente todo a su paso. A medida que avanza el día, su brillo se intensifica y su calor se hace más evidente. De manera similar, el poder de Dios se manifiesta progresivamente en la vida del creyente que persevera en la fe.

Así como el sol no necesita la aprobación humana para brillar, la gloria de Dios no depende de nuestra opinión o entendimiento. Su poder es soberano y absoluto. Cuando Dios se manifiesta, Su luz expone lo oculto, Su presencia transforma el corazón y Su poder corrige el camino del que se ha desviado.

La manifestación de la gloria de Dios no es un evento reservado únicamente para el pasado. Hoy, el Señor sigue iluminando el camino de quienes lo buscan con sinceridad. Su luz guía, Su verdad sostiene y Su poder fortalece a quienes confían en Él.

Finalmente, la gloria de Dios no es un espectáculo para satisfacer la curiosidad humana, sino una invitación a vivir en reverencia, obediencia y confianza. Así como Moisés se acercó a la presencia divina, también nosotros somos llamados a acercarnos con un corazón humilde, sabiendo que en Su resplandor encontramos dirección, vida y la manifestación del poder eterno de nuestro Dios.

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