Cuando estamos lejos de la presencia del Señor, tendemos a fallar y a mostrar otro tipo de personalidad, ese descuido nos lleva a ser personas que ya no respetan nada, nos volvemos murmuradores de los demás.
Creemos que murmurando a nuestro prójimo es lo correcto, pero no es así, porque Dios nos está mirando. Dios no se agrada de estas acciones, es por eso que debemos acercarnos más a Dios porque no fuimos llamados para murmurar a nuestro prójimo, ni juzgarlo como muchos lo hacen, frío y sin corazón.
Es claro que nuestras luchas vienen porque tenemos uno que está siempre presto para desviarnos del camino recto, de ponernos en enemistad con nuestros hermanos por eso debemos actuar de la siguiente manera:
Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.
Santiago 4:11