Aunque estemos donde estemos, debemos agradecer a Dios porque en medio de la tormenta nos levanta, nos sustenta y trae inmensa alegría a nuestras vidas.

Seamos personas gratas delante de Dios, aclamemos Su glorioso nombre con alabanzas poderosas del corazón, cantemos con gran júbilo, exaltemos Su nombre sobre toda naciones, cantemos con grande alegría, cantemos salmos porque nuestro Dios es maravilloso y Su gran bondad nos sostiene.

¿Quién como nuestro Dios? Un Dios que siempre está atento a ayudarnos en todo lo que sea posible, en todas las dificultades, como dice el Salmo 37:27 “no he visto un justo desamparado ni su descendencia que me mendigue pan”, esto porque la misericordia de nuestro Dios es demasiado grande.

Demos gracias al Señor y no nos cansemos porque Sus misericordia van de continuo y Su bondad no se acaba. Dios sustenta al hambriento, le levanta al caído, da fuerzas al débil, da valentía al temeroso. Este es nuestro Dios grande y maravilloso, que hace posible lo que para nosotros es imposible.

En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.

Salmos 94:19

El autor de este salmo tenía su pensamiento abatido, pero con todo eso seguía adorando el nombre del Señor, y la alegría llegó a su vida gracias a las consolaciones del Señor. Dios es nuestra alegría, en Él toda tristeza desaparece, sigamos en pie y alabemos su nombre.

¿Qué diremos ante estas grandes palabras, ver que aún en medio de tantas adversidades podemos alabarte Señor?. Al ver estas palabras tan alentadoras debemos animarnos a confiar en el Señor, invoquémosle y no nos cansemos en ningún momento de dar gracias por esta enorme alegría que Dios trae a nuestras vidas.

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