Cuando tenemos sed, acudimos a algún lugar a tomar agua, para eliminar esa sed. Cuando esa sed viene a nuestras vidas, nos desesperamos porque necesitamos ser saciados y es por eso que buscamos la forma de beber para poder estar bien, pero hablando de ser saciados, te hablaré de una sed que el hombre no puede saciar, que solo Dios puede saciarla.

Debemos estar claros que solo hay uno que puede saciar nuestra sed, ese esa sed que viene de nuestro interior y que solo hay uno el cual la puede saciar por completo y que después que Él la sacia, no tendremos sed jamás:

mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Juan 4:14

Podemos observas estas palabras tan alentadoras y tan confortantes dichas por nuestro Señor Jesucristo, oh este es nuestro Señor que puede saciar nuestra sed, donde quiera que nos encontremos. No importa sin en el desierto, o en el medio del mar o debajo de la tierra. Dios estará siempre para saciarnos, cambiar nuestras vidas y transformar nuestro carácter.

Confiemos en el Señor, cuando tengamos sed de Él, vayamos delante de Él para ser saciados, y así todas aquellas cosas que nos impedían llegar a nuestras metas, serán quitadas.

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