La gloria de Dios se manifestará en nosotros, y nuestras bocas cantarán alabanzas

La gloria de Dios se refiere a la belleza del Espíritu de Dios, pero no hablamos de una belleza física, estamos hablando de aquella belleza que sale del carácter de nuestro Amado Creador y Salvador, una belleza que refleja lo que Él es. Cuando esa belleza, cuando Su carácter se manifiesta en nosotros, debe producir algo en nuestras vidas, pero algo sumamente bueno, y es por eso que cuando esa gloria se manifiesta en nosotros no nos podemos quedar callados y debemos rendirle alabanzas.

Cantaré a Jehová,
Porque me ha hecho bien.

Salmos 13:6

¿Por qué no habríamos de cantarle si nos ha hecho tanto bien? Nuestras bocas deben expresar de la bondad, grandeza y majestuosidad de nuestro Amado Señor, ¿y qué mejor otra forma que entonando alabanzas a Su Nombre?

Nuestra alabanza a Dios debe ser un acto de gratitud, no debe ser para esperar algo a cambio. Ya habíamos dicho que debemos alabarle porque nos ha hecho bien, pero, aún si no hemos recibido nada de Él, de todas formas debemos alabar y cantar salmos a Su nombre. Recuerda lo que dijo Job en su momento terrible de prueba: ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? (Job 2:10).

Es que fuimos creados para alabar y bendecir Su Santo Nombre. Y no solo para eso, sino para con esa alabanza confesarlo y proclamarlo entre las naciones, como dice el versículo siguiente:

Por tanto, yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, Y cantaré a tu nombre.

2 Samuel 22:50

Nuestra alabanza no debe ser secreta ¡NO! Debe servir para que otros puedan escuchar de la grandeza de nuestro Dios. Debemos proclamar a los cuatro vientos que nuestro Dios es real, grande, maravilloso, todo lo puede, y un día enviará a su Hijo a buscar a su amada iglesia para reinar con Él por toda la eternidad.

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