Mi corazón no temerá, aunque ande en valle de sombra

Mi confianza viene del Todopoderoso y en Él debo confiar, porque Él es quien me puede sostener, me puede dar el valor que no tengo para derribar todo lo que quiere levantarse en contra de todo lo que voy hacer en el Señor.

Cuando esté en lugares delicados, El Señor me tomará de las manos y será mi guía, y en medio de la oscuridad de luz me alumbrará y no tendré temor a nada ni a nadie porque Dios va conmigo.

No nos soltemos de las manos poderosas de Dios, ni quitemos nuestras miradas de Él, solo miremos a Dios, porque sin Él nada somos, ni nada podemos hacer. Demos gracias por Su cuidado, por amarnos con ese amor perfecto. No dudemos que las manos del Dios poderoso nos acompañarán todos los días, y que en su presencia estaremos seguros.

Dios es nuestra luz y salvación. ¿Crees esto? Entonces veamos qué nos dice el salmos 27 en su verso 3:

Aunque un ejército acampe contra mí,
No temerá mi corazón;
Aunque contra mí se levante guerra,
Yo estaré confiado.

Salmos 27:3

Ante todo lo primero es reconocer quién es Dios para nosotros, y darle la gloria por su gran amor y bondad, nadie es como Él. Él es quien nos defiende en todas nuestras circunstancias.

Es bueno mencionar este ejemplo del Salmista David, reconociendo el favor de Dios en su vida, dando pleitesía por su gran amor, por el cuidado de Dios. ¿Podemos nosotros decir lo mismo que el salmista David? Claro que sí. Dios también nos cuida, nos sostiene y nos ayuda en tiempos difíciles. Ese Dios que ayudaba a David, pues nos brinda ayuda a nosotros también.

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