El libro de los salmos, es un libro que nos inspira en nuestros peores momentos, porque allí encontramos palabras de gran consolación y muchas veces hasta nos identificamos con ellas, y eso es bueno, que nos podamos identificar con cosas que están escritas en la Biblia. En este momento hablaremos sobre el salmo 42, el cual ha llegado a ser un salmo muy famoso, de manera que hasta existen canciones sobre el mismo.

Este salmo fue escrito por una persona que se sentía muy atribulada, hasta el punto de llegar a estar en cierto modo depresivo. Al igual que el salmista nosotros también solemos pasar por momentos como esos, momentos de depresión, que no sabemos lo que vamos a hacer, que vemos como la situación que estamos atravesando se escapa de nuestras manos, pero lo cierto es que no es el final, para todo nuestro amado Dios tiene una solución y es por ello que es bueno que juntos aprendamos de esta poderosa oración.

El salmista clamó diciendo:

1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

Salmos 42:1-2

El salmista tenía tal necesidad de Dios que pone el ejemplo de un ciervo bramando por las corrientes de las aguas, diciendo que de esa misma manera en que los ciervos para poder sobrevivir necesitan tomar mucha agua, de esa misma manera él clamaba a su Dios en su crudo momento de desesperación. ¿Clamas a Dios desesperadamente cuando estás pasando por momentos de dificultad? ¿Te apoyas en tu propio brazo? ¿Qué haces? Esta oración del salmista nos invita a apoyarnos en el brazo de Dios, clamando fuertemente como si no hubiese mañana.

Debemos entender que esas pruebas que estamos pasando son con un propósito divino y es el de conformarnos cada día más a la imagen de Cristo y así hacernos madurar para también poder servir de canal de bendición a otras personas que están pasando por momentos amargos. Que nuestra sed por el Dios vivo no sea menor que la de aquel salmista, que tengamos un hambre y sed de buscar a Dios cada día de nuestras vidas aún en los peores momentos.

El salmista dice: “¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Verdaderamente ese hombre estaba muy afligido, y su aflicción no era por algo poco importante, sino por algo extremadamente importante y beneficioso para su alma. La angustia había tocado su alma, ¿sabes por qué? porque él se encontraba lejos de Jerusalén, se encontraba exiliado, y eso lo privaba de llevar sacrificios y adoración a Dios en Jerusalén. Nuestras aflicciones no solo deben ser por cosas meramente personales, también deben ser para esos momentos en que no podemos buscar a Dios, desear hallarle, mostrando fielmente que sin Él no podemos subsistir.

3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,
Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?

4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí;
De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios,
Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.

Salmos 42:3-4

“Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche”. Cuán difíciles son esos momentos en los que solo deseamos llorar, en los que sentimos que una lanza ha traspasado nuestro corazón y no queremos ni siquiera levantarnos de la cama para nada. Sí, esos momentos son muy difíciles, cuando estamos pasando por un proceso y si nos aparecen personas a cuestionar nuestra fe, esos momentos son muy penosos, pero aún dentro de ellos tenemos que fortalecernos en el Señor y seguir confiando en Él y rogarle que solo se haga su voluntad, la cual es agradable y perfecta.

Estás abatido en este preciso instante, afligido hasta más no poder y recuerdas aquellas veces cuando llegaste a conducir a las personas hasta Dios, cuando edificabas a otros con la Palabra de Dios, cuando recuerdas eso derramas tu alma ante Dios pidiendo un auxilio porque extrañas hacer eso. ¿Crees que es el final? No es el final, por eso clamemos juntos como hizo el salmista y digamos:

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.

6 Dios mío, mi alma está abatida en mí;
Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,
Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.

7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas;
Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

8 Pero de día mandará Jehová su misericordia,
Y de noche su cántico estará conmigo,
Y mi oración al Dios de mi vida.

Salmos 42:5-8

Este no es el final, este no es el momento en el que se tira la toalla o se baja la espada y decimos “no seguiré luchando”. El momento de la prueba es una invitación a fortalecer más nuestra fe y confiar plenamente en Dios, en ese Dios que hace milagros, que rompe las cadenas más gruesas, ese Dios que hace posible esas cosas que son imposibles para el ser humano.

Te invitamos a que no desmayes, a que en tus momentos de angustias confíes en Dios. Recuerda que aún los personajes bíblicos pasaron por momentos así, pero ellos supieron entender que su salvación no venía de fuerzas humanas, sino de la misma mano de Dios.

Nuestra oración es que Dios fortalezca tu vida y te dé fuerzas para seguir luchando en medio de cualquier situación de la vida.

A continuación te dejamos la versión en audio de este artículo:

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