Es cierto que somos importantes para Dios, pero otro cosa muy cierta es que debemos entender nuestra posición de siervo inútil, no podemos tener la mentalidad de que lo que tenemos lo tenemos porque lo merecemos, sino que todo lo que Dios nos permite tener es por pura gracia. Hay unas palabras que dice el libro de Salmos sobre lo grande que es Dios y lo diminutos que somos nosotros y aún así el Altísimo nos visita:

Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?

Job 8:4

Un gran ejemplo de cómo Dios siendo tan grande puede interesarse por nosotros es pensar que un elefante sea amigo de una hormiga, ciertamente la hormiga es casi invisible comparada con un elefante y parece hasta una locura pensar en una amistad como esa, sin embargo, de la misma manera, Dios siendo tan grande, siendo tan poderoso y santo nos ha elegido a nosotros y ha decidido poner su mirada en nosotros.

Ahora bien queridos hermanos, imaginemos que somos como una hormiga delante de Dios, esto quiere decir que todo el escenario es para Dios, que toda la gloria es para Él y no para nosotros.

Jesús habló a sus discípulos diciendo aquellas cosas que podían hacer si tenían fe, pero más adelante les recordó que la gloria solo es para Dios:

9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.

10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

Lucas 17:9-10

Hermanos míos, no creamos que el hacer la obra de Dios, tales como evangelizar, ir al templo temprano, etc. nos hacen ser el personaje principal, sino que cuando hacemos todo eso solamente tenemos que decir: Lo que debía hacer hice, siervo inútil soy.

Toda la gloria, honra y majestad sea dada a Dios y no a nosotros mismos.

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