Hablar de la oración y de un corazón contrito y humillado es hablar de uno de los principios más importantes de la vida cristiana. La Biblia nos enseña que Dios no rechaza al que se acerca con sinceridad, con un espíritu quebrantado y con un corazón dispuesto a reconocer su necesidad de Él. Por eso, cuando un creyente se postra delante del Señor, no simplemente con palabras vacías, sino con todo su ser, Dios escucha atentamente. Este acto de rendición demuestra que reconocemos lo grande y lo importante que Él es en nuestras vidas, y que sin Su presencia no podemos avanzar.
Un corazón contristo y humillado Dios no lo rechaza, cuando nos postramos ante Él con todo el corazón, diciéndole lo importante que Él es en nuestras vidas, el Señor no se olvida de nuestras oraciones.
Sin embargo a veces pedimos y queremos recibir de Dios en un abrir y cerrar de ojos, pero no es así. Debemos pedir con paciencia esperando en su voluntad.
Cercano está Jehová a todos los que le invocan,
A todos los que le invocan de veras.Salmos 145:18
La oración es una de las partes más importantes en nuestras vidas, es la que nos comunica con Dios, esta misma la usamos para pedirle al Señor misericordia por nosotros y por los demás, para recibir de Dios fortaleza en momentos difíciles.
La vida de oración es un termómetro de la vida espiritual. Cuando un cristiano ora con sinceridad, reconoce que depende de Dios para cada aspecto de su existencia. No es simplemente repetir frases, sino abrir el corazón y presentar delante de Él nuestras cargas, agradecimientos y alabanzas. A través de la oración recibimos guía para tomar decisiones, encontramos consuelo en medio de las pruebas y somos fortalecidos para resistir las tentaciones.
Un hombre sin oración a la verdad está perdido, porque a través de la oración podemos recibir un aviso de parte de Dios, quizás quieren hacernos daño, también podemos recibir sanidad, liberación, por eso es importante que mantengamos una plena comunicación con Dios.
De hecho, a lo largo de la historia bíblica vemos cómo hombres y mujeres de fe hallaron respuestas poderosas a través de la oración. Daniel fue librado de los leones porque doblaba sus rodillas tres veces al día; Ana recibió un hijo después de clamar en el templo; y el mismo Señor Jesucristo nos enseñó a orar constantemente, buscando siempre la voluntad del Padre antes que la nuestra. Estos ejemplos nos recuerdan que la oración no es un recurso de emergencia, sino un estilo de vida.
Cada día que invocas el nombre de Señor te acercas más a Él, para conocer de Él y de sus palabras que son fieles y verdaderas.
Cumplirá el deseo de los que le temen;
Oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará.Salmos 145:19
Si seguimos el mandato del Señor y tememos a Él con todo nuestro ser, Él oirá nuestro clamor, y cumplirá el deseo de los que andan conforme a sus palabras y estatutos, los salvará de las manos que quieran hacerles daño.
La promesa es clara: aquellos que temen al Señor y le obedecen, experimentarán Su respuesta. No siempre será inmediata ni en la forma que esperamos, pero sí será perfecta y conforme a Su voluntad. Esto nos anima a perseverar en la oración sin desmayar, confiando en que Dios tiene cuidado de cada detalle de nuestras vidas.
Jehová guarda a todos los que le aman,
Mas destruirá a todos los impíos.Salmos 145:20
Es bueno tener en cuenta que todo aquel que ama al Señor sigue sus palabras y camina recto delante de Él, porque a estos que siguen sus palabras serán guardados por el Señor. Amemos al Señor, clamemos a Él con el corazón, esperemos el tiempo de Él, cuando a Él, pidamos, seamos pacientes porque Dios no nos dejará morir en medio de las aflicciones.
En conclusión, un corazón humilde y perseverante en oración es la clave para mantenernos firmes en la fe. Aunque las pruebas y dificultades intenten derribarnos, tenemos la certeza de que Dios guarda a los que le aman y oye a los que le buscan de veras. No nos cansemos de invocar Su nombre, porque a su debido tiempo veremos la respuesta, y esa respuesta siempre será para nuestro bien. La oración no solo cambia circunstancias, también nos cambia a nosotros y nos acerca cada día más al corazón de nuestro Padre celestial.

