Todos conocemos la historia del Génesis, aquel momento en que Dios creó los cielos y la tierra, los animales, las plantas y por supuesto, al hombre. La Biblia nos revela que Dios creó al hombre a imagen y semejanza de Dios, pero más adelante este desobedece el mandamiento divino y  peca contra Dios, y de esta manera es que el pecado es trasladado a toda la humanidad y por consiguiente la muerte.

La  Biblia también nos habla que los pensamientos de los hombres eran de continuo al mal. También el rey David nos dice en el libro de Salmos que todos se habían rebelado, que no había quien haga lo bueno, y esto Pablo lo vuelve a mencionar en su carta a los Romanos. De manera que, el hombre desde un principio, a pesar de ser hechos rectos, se desviaron e inclinaron hacia el mal.

Salomón también nos habla un poco sobre esto cuando dice en el libro de Eclesiastés:

27 He aquí que esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón;

28 lo que aún busca mi alma, y no lo encuentra: un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todas éstas nunca hallé.

29 He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.

Eclesiastés 7:27-29

El predicador  nos dice algo de lo cual toda la Biblia también nos habla y es sobre la depravación total del hombre. Realmente el hombre se ha desviado aborreciendo lo bueno, incluso, Cristo vino a morir por nosotros, obró milagros, hizo proezas nunca antes vistas, sin embargo, la Biblia dice: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron (Juan 1:11).

Queridos hermanos, a pesar de que somos totalmente depravados, Cristo nos hace aceptos a través de su gran sacrificio en la cruz por nuestros pecados, y esto es lo que nos impulsa a vivir una vida en plena santidad y no hacer las cosas que desagraden a Dios. Busquemos a Dios con todo nuestro corazón y demos gloria a su poderoso Nombre.

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  1. Correctas palabras, Dios todo lo hace perfecto, más en su amor hacia nosotros nos da libertad de obrar según su voluntad (bien) o no hacerlo (mal) más por Cristo Jesús Salvador nuestro el pecado será definitivamente vencido, por el Segundo Adán (léase carta a los hebreos).
    Amén

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