En nuestras vidas habrán momentos en los que enfrentaremos circunstancias y retos que podrán parecer imposibles de vencer. Dios permite que estos grandes retos lleguen, pero Él no nos pide que los resolvamos con nuestras propias fuerzas. En vez de eso, Cristo llega a nuestro rescate y pelea y las conquista por nosotros.
Dios nos llama a poner nuestra fe, no en nuestras propias capacidades, sino en Sus habilidades. A continuación les mostramos siete versículos bíblicos que nos ayudarán a construir la fe de lo imposible al recordarnos de la fidelidad de Dios.
1 – Santiago 1:2-3
2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,
3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.
Este pasaje nos invita a cambiar nuestra perspectiva frente a las pruebas. En lugar de verlas como obstáculos negativos, Santiago nos anima a verlas como oportunidades para crecer espiritualmente. Cada prueba es una ocasión para que nuestra fe sea fortalecida y para que la paciencia se forme en nosotros como fruto del Espíritu.
La paciencia no es simplemente esperar pasivamente, sino confiar activamente en Dios mientras atravesamos situaciones difíciles. En esos momentos, Dios está formando nuestro carácter, enseñándonos a depender más de Él y preparándonos para mayores bendiciones en el futuro.
2 – Hebreos 11:1-2
1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.
Este versículo nos enseña que la fe es confiar en las promesas de Dios aunque aún no las veamos cumplidas. Es tener la seguridad de que lo que Dios ha dicho se cumplirá, aunque las circunstancias actuales parezcan contradecirlo. Es una convicción profunda en el carácter fiel de Dios.
Los hombres y mujeres de fe del pasado obtuvieron buen testimonio porque caminaron confiando en Dios, aun cuando no vieron de inmediato el resultado de sus promesas. Esto nos recuerda que la fe no depende de lo visible, sino del Dios invisible que obra en lo secreto para manifestar Su gloria en el momento justo.
3 – Romanos 5:1-2
1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;
2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Gracias a la fe, hemos sido justificados y ahora tenemos paz con Dios. Esta paz no es simplemente ausencia de conflicto, sino una relación restaurada con nuestro Creador. Es la seguridad de que ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.
Además, por medio de la fe, accedemos a la gracia de Dios, la cual nos sostiene en todo momento. Esta gracia nos permite permanecer firmes aun en medio de las pruebas, porque sabemos que nuestra esperanza está puesta en la gloria de Dios que ha de manifestarse en nosotros.
4 – Lucas 12:28
Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
Jesús nos recuerda en este pasaje que si Dios cuida de algo tan pasajero como la hierba del campo, cuánto más cuidará de nosotros, que somos sus hijos. Este versículo nos llama a confiar plenamente en la provisión divina, en lugar de preocuparnos por nuestras necesidades.
La fe se demuestra cuando dejamos de vivir con ansiedad y comenzamos a descansar en el cuidado de Dios. Él conoce nuestras necesidades antes de que las expresemos y promete suplirlas de acuerdo a sus riquezas en gloria. Por eso, debemos dejar de lado la duda y cultivar una fe que confía en Su amor y fidelidad.
5 – Marcos 11:23
Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
Este pasaje nos muestra el poder de una fe sin dudas. Jesús utiliza la imagen de mover un monte para enseñarnos que nada es imposible para el que cree. No se trata de fe en nuestras palabras, sino en el poder de Dios para hacer lo que ha prometido.
La clave está en creer sin dudar. Cuando confiamos de todo corazón, nuestras oraciones se alinean con la voluntad de Dios y Él obra de manera sobrenatural. La fe verdadera no es caprichosa ni egoísta, sino una confianza firme en que Dios tiene el poder y la autoridad para hacer lo que es mejor.
6 – Filipenses 4:12-13
12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.
13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Pablo nos enseña que la verdadera fortaleza no proviene de nuestras circunstancias, sino de Cristo. Él aprendió a estar contento sin importar si tenía mucho o poco, porque su confianza no estaba en lo material, sino en el Señor que le daba fuerzas para enfrentar cualquier situación.
Cuando enfrentamos retos imposibles, debemos recordar que no estamos solos. Cristo es nuestra fuente de poder. Podemos atravesar cualquier temporada, ya sea de abundancia o escasez, porque nuestro sustento no depende de lo externo, sino de la fortaleza que Dios nos da desde adentro.
7 – Hebreos 10:35-39
No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.
Este pasaje nos exhorta a no perder la confianza, ya que de ella depende la recepción de las promesas de Dios. La paciencia es necesaria para perseverar hasta que Dios cumpla lo que ha dicho. La fe implica esperar, confiar y seguir haciendo la voluntad de Dios, incluso cuando parece que nada está sucediendo.
El autor de Hebreos nos recuerda que el justo vive por fe y que no debemos retroceder. En tiempos de dificultad, la fe nos sostiene y nos impulsa a seguir adelante. No somos de los que retroceden, sino de los que perseveran hasta el final, confiando en que Dios es fiel para cumplir Su palabra.
Conclusión
Estos siete versículos nos enseñan que la fe es esencial para enfrentar lo imposible. No se trata de negar la realidad de los problemas, sino de confiar en que Dios es más grande que cualquier circunstancia. Él es nuestro refugio, nuestra fortaleza y nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Cuando enfrentamos situaciones que parecen imposibles, debemos recordar que no estamos solos. Dios está con nosotros, y Su fidelidad nos sostiene. Al poner nuestra fe en Él, descubrimos que lo imposible se vuelve posible, no por nuestras fuerzas, sino por el poder de Aquel que todo lo puede.