Dios creó el matrimonio, pero también creó una «familia«, y a esta se le debe de dar mucha importancia, puesto que no podemos tener ministerios fuertes e iglesias fuertes si nuestra familia esta débil. Por eso, les instamos a que fortalezcan sus familia en Cristo, por el poder de la Palabra de nuestro Dios.
1 – Éxodo 20:12
Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
Este mandamiento nos recuerda la importancia del respeto y la obediencia hacia los padres. Honrarlos no solo es una señal de gratitud y reconocimiento por su labor en nuestras vidas, sino también una manera de mantener la unidad y el orden dentro de la familia, lo cual es fundamental para la bendición de Dios.
Cuando los hijos honran a sus padres, se establece un legado de respeto y amor que trasciende a las generaciones futuras. Este principio fomenta relaciones familiares sólidas y saludables, permitiendo que el hogar sea un lugar donde abunda la paz y la enseñanza del Señor.
2 – Josué 24:15
15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.
Josué declara con firmeza que su familia servirá al Señor, dejando claro que la fe debe ser el fundamento de todo hogar cristiano. La decisión de servir a Dios es personal, pero también es un compromiso que impacta a toda la familia.
Este versículo nos enseña que la verdadera fortaleza de una familia radica en poner a Dios como centro de cada decisión. Una familia que sirve al Señor se mantiene firme ante las adversidades y refleja su luz en medio de un mundo lleno de tinieblas.
3 – Salmos 103:17
17 Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, Y su justicia sobre los hijos de los hijos;
18 Sobre los que guardan su pacto, Y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra.
Este pasaje nos recuerda que la misericordia de Dios no solo alcanza a quienes le temen, sino también a sus descendientes. La fidelidad de una generación abre las puertas de bendición para las siguientes.
Por eso, cuando una familia guarda el pacto de Dios y vive bajo sus mandamientos, siembra un legado espiritual que impacta positivamente a sus hijos y nietos. La obediencia a Dios no termina en nosotros, sino que trasciende a quienes vienen después.
4 – Proverbios 1:8-9
8 Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre;
9 Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello.
Los padres tienen la responsabilidad de instruir y guiar a sus hijos, mientras que los hijos deben valorar y respetar esas enseñanzas. Este consejo nos recuerda que escuchar a los padres es una fuente de bendición y protección.
El consejo paterno y materno actúa como un adorno espiritual que embellece la vida del hijo. Al recibir la enseñanza con humildad, el hijo se convierte en un reflejo de sabiduría y gracia ante la sociedad y ante Dios.
5 – 1 Timoteo 5:8
porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.
Este versículo resalta la importancia de la responsabilidad en el hogar. Un verdadero creyente no solo ora por su familia, sino que también trabaja para suplir sus necesidades materiales.
Descuidar las responsabilidades familiares es una señal de falta de amor y de fe. Proveer para los de la casa es una manera práctica de mostrar el carácter de Cristo, quien se entregó por nosotros.
6 – Proverbios 22:6
Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
La educación espiritual desde temprana edad es clave para formar hijos que permanezcan firmes en la fe. Un niño que aprende los principios bíblicos lleva consigo esas enseñanzas durante toda su vida.
Los padres deben ver la instrucción como una inversión eterna. Aun en la vejez, los hijos recordarán lo aprendido y caminarán bajo la guía de Dios, porque las semillas sembradas con amor darán fruto a su tiempo.
7 – Efesios 6:1-4
1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.
2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;
3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.
4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.
Este pasaje ofrece un balance perfecto: los hijos deben obedecer y honrar, mientras que los padres deben educar con amor y disciplina en el Señor. Ambos roles son fundamentales para mantener un hogar saludable.
Cuando se practica este equilibrio, la familia se convierte en un reflejo del reino de Dios en la tierra. La obediencia y el amor mutuo producen un ambiente de paz donde el Espíritu Santo obra con poder.
8 – Efesios 5:22-25
22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
El matrimonio cristiano se basa en el amor sacrificial y en el respeto mutuo. Este pasaje nos enseña que el esposo debe amar como Cristo ama, y la esposa debe reconocer el liderazgo espiritual del esposo con amor.
Cuando el amor de Cristo gobierna el matrimonio, la relación se fortalece y el hogar se convierte en un testimonio vivo del evangelio. Así, se cumple el diseño divino para la familia.
9 – Salmos 127:3-5
3 He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.
4 Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud.
5 Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.
Este pasaje declara que los hijos son un regalo de Dios, no una carga. Criarlos con amor y disciplina es una bendición que llena de propósito a los padres.
El salmista compara a los hijos con saetas en mano del valiente, recordándonos que deben ser guiados, entrenados y lanzados con dirección hacia el propósito de Dios.
10 – Marcos 10:6-9
6 pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.
7 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,
8 y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno.
9 Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.
Aquí se establece el diseño original de Dios para el matrimonio: una unión indisoluble entre hombre y mujer. Este lazo refleja la perfecta unidad que Él desea en cada familia.
El matrimonio no es simplemente un contrato humano, sino un pacto divino. Por eso, es fundamental que cada pareja cuide y proteja su unión, recordando que ha sido establecida por Dios mismo.
Conclusión
La familia es el núcleo de la sociedad y el corazón de la iglesia. Cada uno de estos pasajes nos recuerda que el diseño de Dios para el hogar se basa en el amor, el respeto, la obediencia y la fe. Cuando una familia se somete a los principios divinos, se convierte en una fuente de bendición para la iglesia y para la comunidad.
En un mundo donde los valores familiares se ven atacados, debemos volver al fundamento de la Palabra. Que cada hogar sea un reflejo de Cristo, y que podamos declarar con firmeza como Josué: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”.