Mateo 5:13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
En este verso podemos encontrar 3 puntos esenciales los cuales detallaré brevemente. Este pasaje es parte del Sermón del Monte, uno de los discursos más profundos de Jesús, donde enseña a sus discípulos cómo deben vivir en medio de un mundo lleno de tinieblas. La metáfora de la sal es poderosa, pues era un elemento muy valioso en el mundo antiguo, usado no solo para dar sabor, sino también como conservante para preservar los alimentos de la corrupción. De la misma manera, los creyentes estamos llamados a dar sabor espiritual y a frenar la corrupción moral en la sociedad.
1) Vosotros sois la sal de la tierra
Es de saber que la sal es un condimento que todos usan para darle sabor a una comida. Entonces, comparemos esto con nosotros mismos: la sal da sabor, nosotros tenemos la misión de darle sabor a este mundo perdido. El sabor que le vamos a dar no es con una «psicología cristiana» o usando algún marketing popular, sino a través de una vida consagrada a Dios, que de testimonio, siendo fervientes en la oración y en las Escrituras.
Cuando un cristiano vive de acuerdo con los mandamientos de Cristo, inevitablemente influye en su entorno. Así como un poco de sal puede transformar el sabor de toda una comida, la vida de un verdadero creyente puede transformar familias, comunidades y hasta naciones. La misión del cristiano no es esconderse, sino brillar y dar sabor en medio de un mundo que necesita urgentemente de la verdad del evangelio.
2) Pero si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada?
Esta frase debería de darnos un poco de temor «pero si la sal se desvaneciere». Partiendo de que ya sabemos cuál es la importancia de la sal y sus importantes características, entonces imaginemos que todo eso se desvaneciera, y que la iglesia que proclama a Dios ya no tenga esos preciosos componentes, sería la historia más triste de la humanidad.
Puesto que el papel de nosotros es salar la tierra, si nos desvanecemos, ¿con qué será salada la tierra? ¿quién la salará? Pues sepa usted querido hermano, que nosotros somos quienes podemos darle ese sabor. Sé que Dios en su eterna soberanía y deidad siempre tendrá personas que le den sabor a este mundo, pero debemos asumir con seriedad el llamado de Cristo y no tomar a la ligera nuestra responsabilidad espiritual. La tibieza espiritual, la falta de compromiso y la mundanalidad son señales de una sal que está perdiendo su propósito.
3) No sirve para más nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
Como dice Paul Washer: «Esto es lo más triste que alguna vez haya leído». Es increíble, pero es de decir que muchas de las personas que una vez profesaron a Dios, hoy no sirven para más nada, hoy no sirven más para el ministerio de Dios, hoy no sirven más para pararse en un altar. ¿Por qué? Porque han perdido el sabor, se han desvanecido, se han olvidado de Dios, por lo cual ya no sirven más para el reino de Dios, solo sirven para ser echados «fuera» y «hollados» por los hombres.
La sal sin sabor no solo es inútil, sino que incluso puede ser peligrosa, pues aparenta ser útil cuando en realidad no lo es. De la misma manera, un cristiano que no vive en obediencia se convierte en un tropiezo para otros y en una burla para el mundo. Por eso, debemos velar constantemente por nuestra vida espiritual, mantener la comunión con Dios y no descuidar nuestra relación con Él. El enemigo quiere que los creyentes pierdan su identidad y su propósito, pero Cristo nos llama a perseverar hasta el fin.
Conclusión
Roguemos a Dios que nos ayude a mantener nuestros componentes para que no suframos tal escenario, pues te aseguro que será un gran AY. Ser la sal de la tierra no es un simple título, es un compromiso con la verdad, con la pureza y con el testimonio cristiano. Mantener el sabor significa vivir de acuerdo con la Palabra, siendo ejemplos de fe, amor y santidad en medio de un mundo que se corrompe cada día más. Recordemos que el Señor nos llamó no solo para ser bendecidos, sino también para bendecir a otros. Que nuestras vidas sean un reflejo del sabor de Cristo, y que podamos cumplir con gozo esta misión gloriosa hasta que Él venga por nosotros.