En el mundo cristiano contemporáneo abundan predicadores que han hecho de la sanidad milagrosa uno de los ejes principales de su ministerio. En conferencias, programas de televisión y eventos masivos, se promueven testimonios de curaciones instantáneas y se asegura que, si la fe es lo suficientemente grande, no hay enfermedad que pueda resistir. Sin embargo, no son pocos los casos en los que estos mismos “milagreros” acaban recurriendo a la medicina tradicional cuando se enfrentan a problemas de salud personales o familiares. Esto no es un ataque gratuito, sino una observación que genera preguntas legítimas: ¿por qué quienes aseguran que la fe basta para sanar, terminan en el quirófano o en la consulta médica?
El caso más reciente que ha generado conversación es el del veterano televangelista Pat Robertson, conocido por el programa Club 700. En la emisión de ayer, un televidente le preguntó directamente por qué se ha sometido a cirugías si su fe debería ser suficiente para recibir sanidad. La pregunta no estaba cargada de sarcasmo, sino formulada con sinceridad, y refleja lo que muchos se cuestionan al ver estas incongruencias.
Pat, escuché tu respuesta a una pregunta el martes sobre la fe y la sanidad. Mi dilema con tu punto de vista es: ¿Por qué has sufrido cirugías si tu fe sería suficiente? Esta es una pregunta sincera, no pretendo ofender de ninguna forma. Espero que puedas abordarlo.
La respuesta de Robertson fue honesta, aunque reveladora: dijo que no cree que la religión, la fe y la medicina sean necesariamente enemigas, y que Dios puede usar a personas piadosas para desarrollar técnicas curativas. Incluso dio un ejemplo sencillo: “Oraste, y ve a ver ese doctor y él quitará el lunar de tu barbilla”. Reconoció que quizá no tenga suficiente fe para ciertas cosas, pero que en este caso hizo lo que consideró correcto.
No creo que la religión, la fe y la medicina son necesariamente enemigos, pienso que gente piadosa es usada por Dios para venir con las técnicas curativas que alivian la enfermedad y el sufrimiento… Quizás yo no tenga suficiente fe, pero tengo fe por otras personas. Para mí, pienso que hice lo correcto.
Este no es un caso aislado. Otros predicadores que han proclamado sanidades masivas —desde Oral Roberts hasta Benny Hinn— han buscado tratamiento médico avanzado cuando enfrentaron dolencias serias. Incluso algunos han enviado a sus propios familiares al hospital, mientras públicamente enseñaban que la fe bastaba. Esto no necesariamente invalida toda su enseñanza, pero sí plantea la necesidad de un discurso más equilibrado y coherente sobre la relación entre fe y medicina.
La Biblia no condena el uso de medios humanos para cuidar la salud; Lucas, uno de los evangelistas, era médico (Colosenses 4:14), y el apóstol Pablo aconsejó a Timoteo tomar “un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades” (1 Timoteo 5:23). El problema surge cuando se predica que la única vía legítima para sanar es la fe milagrosa, mientras que en la práctica se recurre a los mismos recursos que cualquier persona.
Conclusión
La fe en Dios incluye confiar en que Él puede obrar de manera sobrenatural, pero también en que puede usar medios naturales para sanarnos. La honestidad pastoral exige reconocerlo abiertamente, evitando mensajes que presionen a los creyentes a rechazar tratamientos que podrían salvarles la vida. Al final, la coherencia entre lo que se predica y lo que se practica es fundamental para la credibilidad del testimonio cristiano.