Ya les había dado mis impresiones sobre el primer capítulo de Quién mató a Jesús. No les hablé del segundo capítulo porque desafortunadamente no lo pude ver completo. Pero hoy les traemos las impresiones de un teólogo que la ha visto y ha expresado su parecer sobre esta miniserie.
Roger Casco Herrera, Maestro Bíblico de Ministerios, ha catalogado el «documental» de NatGeo como pésimo. Jesús es interpretado por Haaz Sleiman, un libanés educado como musulmán, que además es un agnóstico confeso que no cree en Dios, por lo que:
Es una actuación que no convence para nada, interpretación hueca, carente de sentimiento, no transmite confianza ni fortaleza e intensidad; no alcanza los talones siquiera de los más recientes actores que desempeñaron el mismo papel, como Jim Caviezel -Pasión de Cristo- o Diogo Morgado -Hijo de Dios-
Herrera dice que no puede creer que:
Sigan creando estas vulgaridades, como las de Noé y Exodus: Dioses y Reyes. Los cristianos no queremos documentales y/o películas fuera del contexto bíblico. Y, si se sale, lo que deseamos no es un drama sino una explicación imparcial y justa. Aunque deseamos por fin una película que guarde a plenitud -o en lo que sea posible- el contexto bíblico de los textos
El teólogo también menciona una de las escenas que más le impactó negativamente:
En el episodio de la miniserie, vi a un Jesús orando por un niño demonizado, que al parecer no sabía qué hacer. Un Jesús frío, carente de carisma, autoridad divina y plagado de dudas, fue lo que pudo percibirse. Lejos está siquiera de transmitir el realismo y la fluidez bíblico-histórica que consiguió Mel Gibson en “La Pasión de Cristo” o la energía y apego a la historia que lograron Roma Downey y su esposo Mark Burnett en “Hijo de Dios”
Como ya habíamos dicho la primera vez que hablamos de Quién mató a Jesús, la finalidad de esta mini serie fue humanizar a Jesús y su historia, presentarlo como un hombre más. Esta producción se une a la lista de “documentos” ateos, antibíblicos y anticristianos a los que NatGeo ya nos tiene acostumbrados, y que no son otra cosa que intentos por desdivinizar a Jesucristo y minar la autoridad de las Escrituras.
El peligro de un Cristo reducido
El problema de estas producciones no está solo en la calidad cinematográfica, sino en el mensaje que transmiten. Cuando se presenta a un Cristo sin poder, sin certeza y sin autoridad, se distorsiona la imagen del verdadero Jesús. Las Escrituras nos muestran a un Señor lleno de compasión, pero también de poder y autoridad: “Y se admiraban de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Marcos 1:22). Reducir a Cristo a un simple maestro o líder social es negar la esencia de su misión: salvar al mundo del pecado mediante su sacrificio en la cruz y su gloriosa resurrección.
Hollywood y la fe cristiana
No es la primera vez que la industria del cine intenta reinterpretar los relatos bíblicos desde una perspectiva secularizada. Ejemplos recientes como Noé y Éxodo: dioses y reyes también desataron polémica por alejarse del relato bíblico. El riesgo está en que para muchos espectadores, especialmente quienes no leen la Biblia, estas producciones se convierten en su única referencia sobre la fe. El apóstol Pablo ya advertía sobre esto: “Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gálatas 1:8).
Una oportunidad para reflexionar
Ante esta clase de miniseries, los cristianos tenemos dos caminos: indignarnos y rechazarlas de plano, o utilizarlas como una oportunidad de diálogo. Cuando alguien que no conoce de Cristo pregunta sobre estas producciones, podemos guiarlos a la verdad bíblica, mostrarles quién es el verdadero Jesús y testificar de su poder transformador. Jesús no es un personaje débil y confundido; es el Hijo de Dios que venció a la muerte y que prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20).
Conclusión
Las representaciones culturales de la vida de Jesús seguirán existiendo, y muchas de ellas estarán cargadas de ideologías contrarias al Evangelio. Pero nuestra fe no depende de Hollywood, ni de National Geographic, sino de la Palabra viva y eficaz de Dios (Hebreos 4:12). Frente a cada intento de desvirtuar a Cristo, debemos responder con la verdad de las Escrituras, proclamando con firmeza lo que Pedro declaró: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).