Miguel Núñez

(www.thegospelcoalition.org) — Esta pregunta tiene dos vertientes. Por un lado, debemos establecer primero si existe tal cosa como una predestinación de Dios, y luego, qué ocurre con los niños a la luz de esa realidad.

La biblia es sumamente clara en el sentido de que Dios es soberano en la salvación de los pecadores. En Efesios capítulo 1, Pablo dice que “fuimos predestinados antes de la fundación del mundo”. Por otra parte, Pablo dice en Romanos capítulo 9 que esa predestinación no se hace en base ni a la fe que Dios prevee que el hombre va a tener, o a la bondad que el hombre va a tener, sino más bien al puro afecto de su voluntad. Dios dice claramente en su palabra “yo tendré misericordia del que yo tenga misericordia”.

Ahora, si partimos de la premisa de que Dios escoge desde antes de la fundación del mundo, eso quiere decir que todos nosotros, cuando éramos niños, y todavía no creíamos en el Señor, ya éramos elegidos, si después se vino a manifestar que nosotros llegamos a ser cristianos. O sea que los niños que hoy son adultos una vez fueron niños y fueron elegidos, y se convirtieron finalmente al Señor.

La dificultad viene en el hecho de que Dios no solamente predestina a los que se van a salvar, sino también el medio a través del cual se van a salvar, y el medio es la predicación de la palabra de Dios. Las personas tienen que responder en arrepentimiento y fe. Pablo dice en 2 Timoteo 2:10 “yo todo lo soporto por amor a los escogidos para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús”. Así que hay una predestinación  pero hay también un medio a través del cual el predestinado viene a ser salvo.

Hay una predestinación  pero hay también un medio a través del cual el predestinado viene a ser salvo.

La dificultad es que el infante que muere en la infancia no tiene la oportunidad ni de arrepentirse ni de ejercer fe. Entonces, ¿qué ocurre con esos niños? Bueno el mundo evangélico ha tenido 3 posiciones mayoritarias en cuanto a esto. La primera es que todos los niños que mueren en la infancia van al cielo, y hay muy buenos hombres de Dios que creen esto, de hecho es la posición que la mayoría del pueblo evangélico tiene. La otra postura es que solamente los niños elegidos serán salvos, y una última postura es que “no sabemos, no podemos decir dogmáticamente una cosa ni la otra”.

En lo personal, yo tiendo a decir la palabra de Dios no es clara en cuanto a este tema. Mi tendencia es a creer que el niño que muere en la infancia va a la presencia del Señor. Ahora, yo creo que es importante aclarar algo aquí antes de dar por terminada esta pregunta: nosotros sabemos que Dios es bueno, es santo, es justo; cualquiera que sea la decisión que Dios tome con respecto a los niños que mueren en la infancia es una decisión buena, es santa y es justa.

Lo que Dios decida con respecto a los niños que mueren en la infancia es una decisión buena, santa y justa.

Por el contexto general de las Escrituras, mi tendencia es a pensar que los niños son salvos. Ahora, esa respuesta, a mi parecer la tendremos con toda certeza cuando lleguemos a la presencia del Señor.

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Oración de la mañana para antes de salir a trabajar

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  1. Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.

    Lucas 18:16 [RV60]
    Palabras de Jesus

  2. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
    Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,
    Lucas 18:17:
    y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
    Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.
    Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.
    Mateo 18:2-5

  3. Salmo 51 es muy claro y me extraña que usted no entienda el versículo que expresa: “en pecado he sido formado y en pecado me concibió mi madre.”

  4. LA GRACIA BÍBLICA
    Y LA FALSA “GRACIA” CALVINISTA

    LA GRACIA BÍBLICA.
    Hechos 20:24, 32, “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios … 32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados”.
    LA GRACIA Y EL EVANGELIO. Este texto enseña claramente que la gracia de Dios es conferida a través del evangelio y es inseparable de él. Por este motivo todo aquel que rechaza el evangelio desecha la gracia y el que persevera en el evangelio persevera en la gracia de Dios.
    PERSEVERAR EN EL EVANGELIO EQUIVALE A PERSEVERAR EN LA GRACIA. Después de oír el evangelio en Antioquía de Pisidia “ Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios”; es decir, perseverar en la enseñanza del evangelio (Hechos 13:43).
    GRACIA-EVANGELIO INSEPARABLES. En Hechos 15:11 Pedro dice que “creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos” y Pablo dice (Romanos 1:16) que el evangelio es “poder de Dios para salvación”. Por lo tanto, es obvio que la gracia de Dios y el evangelio son inseparables. Los que prediquen cierta “gracia” sin relacionarla con el evangelio son falsos maestros que predican una gracia falsa. Por ejemplo, el Calvinismo habla mucho de “la gracia capacitadora” (“enabling grace”) pero esta no es la gracia de la cual la Biblia habla.
    LA GRACIA BÍBLICA ENSEÑA” LA VOLUNTAD DE DIOS. Tito 2:11, 12, “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”. Obviamente la gracia “enseña” por medio del evangelio, la palabra de Dios.
    TODOS PUEDEN ENTENDER EL EVANGELIO DE LA GRACIA DE DIOS. El Calvinismo no enseña que los hombres deben oír y obedecer al evangelio de Cristo. Dicen que el hombre es corrupto, depravado del todo bien y no puede creer, pero esto contradice todos los textos que enseñan que el evangelio debe ser predicado a todos y que todos deben obedecerlo. El evangelio de la gracia de Dios no es algo oscuro y misterioso, algo inexplicable. Por el contrario, debe ser predicado a todos (Mateo 28:19, Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
    LOS APÓSTOLES LLEVARON A CABO ESTA GRAN COMISIÓN comenzando el día de Pentecostés (Hechos 2) y tres mil personas obedecieron al evangelio (Hechos 2:37-41) y predicaron el evangelio no solamente en Jerusalén sino en toda Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8). Todos los casos o ejemplos de conversión demuestran la eficacia del evangelio de la gracia de Dios.

    LA FALSA “GRACIA IRRESISTIBLE” DEL CALVINISMO
    El Calvinismo tiene otro “dios” (que hace acepción de personas, es cruel, injusto, que no tiene amor, que no quiere que todos se salven).
    Tiene otro “cristo” que no murió por todos, sino solamente por un grupo selecto.
    Tiene otro “espíritu santo” que no obra a través del evangelio como vemos en Hechos de los Apóstoles, sino que (según pastores calvinistas) obra directamente sobre el corazón de pecadores para cambiar su carácter.
    El Calvinismo tiene otra iglesia, otra religión, que no son mencionadas en la Biblia.
    No nos sorprende, pues, que la llamada “gracia” del Calvinismo no sea bíblica. Le llaman “gracia capacitadora”, concepto nunca mencionado en la Biblia.
    ¿QUÉ HAREMOS PARA SER SALVOS? El día de Pentecostés cuando la gente preguntó “¿qué haremos?” ¿cómo contestó Pedro? ¿Dijo qué no deben hacer nada? ¿Dijo qué esperasen el bautismo con el Espíritu Santo para hablar en lenguas? ¿Dijo qué la “gracia irresistible” iba a cambiar su carácter? En realidad ¿qué dijo Pedro? Hechos 2:38, “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo”. ¿Hasta cuándo van a oír esta respuesta predicada por algún pastor Calvinista?
    SEGÚN EL CALVINISMO EL HOMBRE NO PUEDE IMITAR LOS EJEMPLOS EN HECHOS DE LOS APÓSTOLES.
    No puede, de su propia voluntad, simplemente oír el evangelio, creer, arrepentirse, confesar a Cristo y ser bautizados para remisión de pecados (Hechos 2:38 y así a través del libro de Hechos). No hay un solo ejemplo en Hechos de la práctica Calvinista. El Espíritu Santo vino, sí (Hechos 2:1-4) pero ¿qué hizo? Vino sobre los apóstoles y les dio el poder de hablar idiomas que no habían estudiado (un milagro) para convencer a los judíos que el mensaje del evangelio que predicaban era de Dios y no de los hombres.
    Leemos de la obra del Espíritu Santo en Hechos 8, pero ¿qué hizo? Le dio poder milagroso al evangelista Felipe para echar fuera espíritus inmundos y sanar a los paralíticos y cojos (Hechos 8:7) para que la gente creyera el evangelio que predicaba. “Cuando creyeron a Felipe que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres” (Hechos 8:12).
    Es cierto que el Espíritu Santo estaba muy involucrado con los apóstoles en la predicación del evangelio, pero nunca obró directamente sobre el corazón de pecadores para regenerarlos, cambiando su carácter para que pudieran creer en Dios. ¡Tal práctica simple y sencillamente no existió durante el ministerio de los apóstoles de Jesús!
    Jesús prometió que enviaría al Espíritu Santo a los apóstoles (Juan 16:13) pero ¿para qué? Para guiarles a toda la verdad.
    ¿CÓMO ES VIVIFICADO EL PECADOR? Dice el Calvinismo que el Espíritu Santo obra directamente sobre el corazón del pecador para cambiarlo y vivificarlo para que pueda creer en Dios, amar a Dios, etc., pero la parábola del sembrador (Mat. 13; Luc. 8) enseña claramente que la vida está en la simiente y la simiente es la palabra de Dios (Lucas 8:11). Santiago 1:21 dice, “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”. 1 Pedro 1:22, 23, “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”.
    El Calvinismo dice que puesto que el hombre nace corrupto (depravado del todo bien) Dios tiene que enviar su Espíritu para obrar directamente sobre el corazón para regenerarlo y cambiar su carácter. Dicen que esta gracia es irresistible, que aparte de la voluntad del pecador la “gracia irresistible” le cambia y le da fe. Entonces, teniendo fe, puede amar a Dios y hacer buenas obras. Dicen que esa “gracia” es irresistible porque es obra del Soberano Dios. Pero todo esto es pura invención humana. Es doctrina de hombres (Mateo 15:9). No hay ejemplo alguno de tal práctica en Hechos de los Apóstoles que es el libro de conversiones.
    En realidad aquí se puede mencionar que a través de la Biblia cuando Dios trató directamente con Abraham, con Moisés, con muchos otros, no era para obrar directamente sobre su corazón para cambiar su carácter. No hay ni un solo ejemplo de esto en toda la Biblia.
    ¿QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DE LOS QUE ESTABAN TOTAL-MENTE CORRUPTOS? ¿Dios les envió al Espíritu Santo para obrar un milagro en su corazón para cambiar du carácter? No. Más bien envió el diluvio. Envió fuego y azufre. Envió diez plagas. Los Calvinistas deben imitar a los testigos de La Atalaya y publicar su propia “biblia” que enseñe sus doctrinas torcidas.

    CONCLUSIÓN.
    NEGAR EL LIBRE ALBEDRÍO. El verdadero propósito del Calvinismo es negar el libre albedrío del hombre para quitarle la responsabilidad por sus pecados. En lugar de aceptar la responsabilidad por los pecados que cometen voluntariamente prefieren culpar a Adán y/o sus propios padres por haber heredado el pecado y por haber nacido con naturaleza corrupta, pero el pecado es un acto que se comete (1 Juan 3:4). No es heredado.
    TANTA MALDAD EN EL MUNDO. En vista de tanta maldad que prevalece en el mundo Agustín y Calvino enseñaron la doctrina falsa de la total depravación hereditaria del hombre; es decir, según ellos la única explicación de tanto pecado en el mundo es que el hombre nace corrupto y depravado del todo bien. Entonces era necesario inventar los otros pasos del Calvinismo: la elección incondicional, la expiación limitada, la gracia irresistible y la perseverancia de los santos. Todo el sistema de principio a fin es falso, doctrina de hombres (Satanás) que engaña a millones para que no obedezcan al evangelio (Romanos 10:16; 2 Tesalonicenses 1:8; 1 Pedro 4:17).
    ¡HE AQUÍ LA GRAN DIFERENCIA ENTRE LA GRACIA BÍBLICA Y LA FALSA “GRACIA” DEL CALVINISMO!
    GRACIAS A DIOS POR EL “EVANGELIO DE LA GRACIA DE DIOS” QUE ES EL PODER DE DIOS PARA SALVACIÓN A TODO AQUEL QUE CREE (ROMANOS 1:16).

    1. me parece q no sabes nada del evangelio de la gracia y hablas en tono de enojado xq el hombre nace con una depravacion total y cuando hablas a las personas de Cristo el 99 por ciento te hecha ,te insulta y no quiere escucharte solo el 1 % se quedara te preguntara y se arrepentira de sus pecados ¿ xq pasara eso??? creo q deberias orar mas y leer a fondo las escrituras

    2. Tienes toda la razón con relación al tema de la falsedad del calvinismo, pero el hecho que el calvinismo sea una distorsión de l evangelio, no hace automáticamente al arminianismo la verdad. De hecho lo único cierto del calvinismo es el tema de la depravación total del ser humano, y por tanto, si existe la incapacidad del hombre para venir a Cristo, no tiene el hombre tal cosa como libre albedrío, pues su pensamiento de continuo es el mal, y es necesario que Dios le presente el evangelio, que como usted dice está relacionado fuertemente con la gracia, de hecho como usted mismo lo planteo esa gracia es la que le hace al hombre renunciar a toda acción pecaminosa si es obedecida, y a medida que obedece el Espíritu Santo opera su santificación, o sea que el Espíritu Santo si le da poder para ser santo, no es totalmente acción humana, pero usted tiene razón que el hombre debe ser responsable para obedecer, de lo contrario resiste la gracia y resiste al Espíritu Santo que le da entendimiento de la Palabra. Pero si no se predica el evangelio no hay elegidos, el evangelio es el que garantiza la elección, pero a su vez quebranta a cualquiera que se cree algo delante de Dios, a cualquiera que cree tener libre albedrio para decidir rechazar a Cristo. De cierto en Hechos, por la locura de la predicación, fue que esos corazones tercos del judaísmo de la época fueron compungidos, y aceptaron la verdad que Jesucristo ahora era quien tenía a Israel bajo sus pies, y que Jesús era su rey y debían obedecerlo. Si usted tiene razón el evangelio es para todos, y todos deben responsabilizarse, pero no se puede decir que por nuestra propia cuenta podemos elegir a Dios, no existe el libre albedrio, es una de las peores cosas que se predica en los pulpitos y fuera de ellos, pero es igualmente sucio a la doctrina calvinista que dice que Dios solo tiene unos elegidos y a esos es los que hace perseverar. El evangelio no es calvinista ni arminiano, pero si hay verdades hermosas del evangelio que han sido malinterpretadas por el calvinismo y el arminianismo. Si existe una elección pero no es la que dice el calvinismo. Y si, Dios da la capacidad para decidir por Cristo a medida que por medio del Espíritu Santo y Su Palabra, renunciamos al pecado del cual antes eramos esclavos. Si no renunciamos al pecado, seguiremos siendo incapaces de ver las riquezas de Cristo y el evangelio será velado a los ojos humanos.

    3. LA ELECCIÓN Y LA GRACIA (1/9)
      La Escritura no puede entenderse por razonamientos meramente humanos (1 Co. 2: 14; 2 P. 1:20). Además, en Ella hay doctrinas especialmente difíciles de comprender (expuestas por el apóstol Pablo, 2 P. 3:16), particularmente la de la elección y/o predestinación ( Ro. 9:20). Como Quien la Inspiró (verbal y plenariamente) es Dios, todo lo que allí está escrito tiene importancia, por insignificante que nos parezca. Y al ser Él Uno (2 P. 1:20-21; 2 Ti. 3:16), nunca se contradice; unas partes (o doctrinas) sirven para completar el conjunto, y darle el adecuado sentido. Cuando se tiene en cuenta “todo el consejo de Dios” (Hch. 20: 27) vemos que el conjunto entero es armónico. Las “contradicciones” vienen de nuestra falta de comprensión o de conocimiento (inteligencia espiritual).
      Por otro lado, aunque allí se enseñan verdades espirituales y sobrenaturales, no son cosas irracionales (contrarias a la razón humana, cuando ésta está bajo la luz del Espíritu Santo, 1 Co. 2:9-16).
      Por cierto, dice en Hch. 20: 24, 27, que “el evangelio de la gracia de Dios”, para ser cabalmente expuesto, y comprendido, necesita de “todo el consejo de Dios”; esto es, de todas las doctrinas o enseñanzas que la Palabra de Dios revela (Hch. 20: 24, 27). No se limita a una fórmula, algo más o menos prefabricado (encapsulado, o súper simplificado) por la inteligencia humana. Como “Las cuatro reglas para ir al cielo/ser salvo”, “Las cuatro leyes espirituales”, “la oración del pecador”, “cómo tomar una decisión por Cristo”, etc.
      El mandato de Dios (que es más que Su deseo) es que, entre los que en verdad son Suyos, “habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1: 10). Cuando hay grandes disparidades entre los que se llaman creyentes, que no son causadas por la diferencia de nivel de crecimiento espiritual (en función del conocimiento personal, individual que cada uno tenga del Señor y Salvador Jesucristo, y Su gracia, 2 P. 3:18; Ef. 4:13-16), en la nueva vida en Cristo (por la práctica de las verdades que la Palabra de Dios enseña, He. 5:14), es obvio que esa no es obra de Dios. Y manifiesta, o bien que una de las partes (o ambas) no conoce realmente a Dios, lo cual es una verdadera vergüenza (1 Co. 15:34); o que una de las partes (o ambas) tienen un conocimiento deficiente, aún inmaduro, de Dios (He. 5:11-14; 1 Co. 13:11).
      “Sed (todos) de un mismo sentir”, como dije, no es un deseo, sino un mandato de Dios (2 Co. 13:11; Fil. 4:2; 1 P.3:8). Pero, observa, ni siquiera eso puede lograrlo el creyente de sí mismo, sino que es Dios mismo quien ha de dárselo (Ro.15:5). Los hijos de Dios deben esforzarse en “guardar la unidad del Espíritu…; un cuerpo, y un Espíritu…una misma esperanza…un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos” (Ef. 4:3-6). El ruego del Señor a Su Padre era la unidad de lo que son Suyos (Jn. 17:21-23).
      “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios” (Ef. 4:13)
      LA ELECCIÓN Y LA GRACIA (2/9)
      Sí, el Evangelio en el que yo creo es el de la expiación limitada, basada en la elección soberana de Dios. Si la elección fuera de “todos los hombres”, ¿sería eso elección? Si la expiación fuera de “todos los hombres”, ¿habría alguno que pudiera condenarse?
      Expiación, en términos bíblicos, significa quitar la culpa mediante el pago de una sanción, o el ofrecimiento de un sacrificio. En contraste, propiciación tiene que ver con el objeto de la expiación. Es provocar un cambio en la actitud de Dios, para que pase de estar en enemistad con nosotros a estar “por” nosotros. Nos restaura al la comunión con Dios, y al favor delante de Él.
      En las Escrituras hay maravillosas paradojas (aparentes contradicciones, que no lo son); entre las cuales están:
      1- La soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre.
      2- La elección y la conversión.
      3- La compra y la redención.
      4- La propiciación y la sustitución.
      5- En Adán y en Cristo.
      6- Gracia y gobierno.
      Uno debe ser cuidadoso, para no confundirlas.
      La doctrina de la elección divina es un pilar básico, troncal, fundamental, para comprender el Evangelio. Corre paralela a la de la depravación de la raza humana (la enfermedad de todo el ser –espiritual- del hombre, Is. 1:6; la total perversidad de todos y cada uno de nosotros, Is. 64:6; la total incapacidad para hacer nada bueno, que agrade a Dios. Ni siquiera arrepentirse, o creer).
      DIOS ES SOBERANO, y es Quien da al (o produce en el) pecador ELEGIDO:
      1- El arrepentimiento (Hch. 11: 18; 2 Ti. 2:25).
      2- La fe (que salva) (Ef. 2: 8; Fil. 1:29).
      3- La conversión (Jer. 31:18; 2 Co. 4:6).
      4- La vida divina (Ef. 2:5; 2 Co. 3:6; Tit. 3:5). Y no la da a todo el mundo, sino sólo “a los que quiere darla” (Jn. 5:21).
      5- “El querer como el hacer” (Fil.2:13).
      6- El ir a Cristo (para salvación), (Jn. 6: 44, 65)
      7- ESTAR EN Cristo (1 Co. 1:30). Dos palabras muy pequeñas, e inmensamente grandes en su significado: la eternidad no bastará para sondearlo, para comprenderlo, para disfrutarlo, y para dar gracias y alabar a Dios por ellas.
      8- El entendimiento: les abre los ojos para que puedan entender las Escrituras (2 Co. 3:14; Lc. 24:45). Y puedan (re)conocer a Cristo, tal cual es (Lc. 24:31, etc.).
      9- Que Sus hijos en Cristo hagan las buenas obras, que Él preparó de antemano (Ef. 2:10; Fil. 2:13).
      10- Elige a los que serán salvos en la gran tribulación (Mr. 13:20).
      11- Hasta los reyes, los soberanos -que están acostumbrados a que su voluntad sea ley, y suelen ser tiranos, y absolutistas- hacen lo que Él quiere que hagan, ¡cuánto más los súbditos, la gente común! (Pr. 21:1).

      PERO TAMBIÉN, a los NO ELEGIDOS:

      12- Los entrega a la inmundicia, a pasiones vergonzosas, y a una mente reprobada (Ro. 1:24, 26, 28).
      13- Les da mandamientos que no son buenos para obtener la vida (Ez. 20:25).
      14- Les pone un velo en su mente (para que no entiendan, y se conviertan, y sean salvos): (2 Co. 3:14-15; Is. 29:10).
      A muchos les parece que es incompatible con la naturaleza de Dios, que es amor, y también que es injusto, el que haya elegido solo a algunos para tener misericordia de ellos, y a otros, para endurecerlos. El que haga de la misma masa de barro unos vasos para honra, y otros para deshonra. Que soporte a los vasos de ira, preparados para destrucción (para mostrar Su ira y Su poder), y que haya preparado de antemano a los vasos de misericordia (para mostrar las riquezas de Su gloria).
      Lo sé perfectamente: esto chirría en los oídos de muchos. Obviamente, ellos no conocen a Dios. Además, se creen tan capaces (inteligentes y buenos) como para “llamarle la atención” a ese Dios, que se auto revela en la Escritura. Y se fabrican (en su imaginación) uno más bondadoso y justo. Un ídolo, conforme a su semejanza. En una medida menor, Marta hizo eso mismo con el Señor: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude” (Lc.10:40).
      LA ELECCIÓN Y LA GRACIA (3/9)
      Hay muchos pasajes en las Escrituras donde se muestra a Dios eligiendo. Eligiendo reyes (1 S. 16:1; 2 Cr. 6:6; 2 S. 6:21), ciudad para que esté en ella Su casa para Su nombre (1 R. 11:13, 33, 34, 36; 14:21; 1 Cr. 28: 4-5; 2 Cr. 6:5-6; 7:6, 16; 33:7; Sal. 78:4, a sus apóstoles (Jn. 3:18; 15: 16, 19), etc. ¿Puedes imaginarte un Dios que no planea el futuro (por eso es el único que lo conoce, Is. 41:22-26; 42:8-9; 45:21; 46: 9-10; Jn. 13:19; 6:64; Jer. 1:12; Ez. 12:25), y que no decida o elija lo que quiera hacer?
      Sin embargo, EL HOMBRE ES RESPONSABLE, y por eso se le manda que:
      1- Se arrepienta (Mt. 3:2; 4:7; Hch. 2:38; 3:19; Hch. 17:30)
      2- Se conviertan (Sal. 90:3; Jer. 3:14, 22; Ez. 14:6; 18:30, 32; Jl. 2:12, 13; Hch. 3:19).
      3- Busquen, pidan y llamen (Mt. 7:7).
      4- Busquen a Dios, mientras puede ser hallado (Is. 55:6).
      5- Crean en Cristo (Jn. 6:29).
      6- No endurecer su corazón (He. 3: 8, 15; 4:7). Aunque vimos que Dios lo endurece, a quien quiere (Ro. 9: 18)
      7- Se esfuercen a entrar por la puerta estrecha (Lc. 13:24)
      8- Preste atención a cómo oye (Lc. 8:18).
      9- Inclinar su oído a las Palabras de Dios (Sal. 78:1; Is. 55:3).
      10- Se ocupe de su salvación con temor y temblor (Fil.2:12; Sal. 2:11). Tal y como los siervos deben someterse/obedecer a sus amos (Ef. 6:15). Y tal como algunos cristianos sinceros estuvieron ante otros, al tratar los asuntos de Dios, como predicar el Evangelio, etc. (1 Co. 2:3; 2 Co. 7:15).
      Ambas cuestiones, la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre son ciertas (a la vez: y esto es maravilloso); y son enseñadas en la Escritura.
      Si el hombre fuera dejado a su libre albedrío, nunca querría ir a Cristo. Porque “no hay quien entienda, no hay quien busque” (Ro. 3:11). Sí, el ofrecimiento del Evangelio es cierto: “El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida” (Ap. 22:17). Pero es preciso que el Padre mismo los traiga (Jn. 6:44, 65). Nadie tiene sed. Nadie quiere ir.
      Y “toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada” (Mt. 15:13). Si uno pretende entrar al banquete, sin que el rey mismo le haya proporcionado el vestido, será echado fuera (Mt. 22:11-14). “Porque muchos son los llamados, y pocos escogidos”.
      El hombre es responsable, por tanto, tiene voluntad. No es un autómata. De lo contrario no podría ser juzgado, y –eventualmente- castigado. Tampoco podría dar gracias y alabar a Dios libremente, una vez salvo. Esa voluntad del hombre no es libre, sino que está condicionada (esclavizada, Jn. 8: 34; Ro. 7: 14-24; Jer. 13:23; Mt. 12:34) por su naturaleza pecadora. La voluntad del hombre siempre está inclinada al mal. Es enemiga de Dios. Es proclive al pecado. Está informada por una mente que está en tinieblas, (Ef. 4:17; 5:8; Col. 1:13; 1 P. 2:9; 1 Jn. 2: 9, 11, etc.), por ende la hace más escorada al mal. Él puede elegir…pero ¡siempre elige lo malo!
      “Muchos son los llamados (los que oyen el Evangelio), pero pocos escogidos” (Mt. 20:16). La puerta (que es Cristo, Jn. 10:7) para entrar a la vida (que también es Cristo, Jn. 14:6) son pocos los que la hallan (Mt. 7:13-14).
      Ni mucho menos la elección divina es una doctrina novedosa (extraña), enseñada solo en el Nuevo Testamento, o creída solo por los “calvinistas” (en sentido despectivo). Así como que Dios no ama a todos los hombres, sino solo a los que eligió. En Dt. 10:15, por ejemplo, Dios dice a Israel: “SOLAMENTE de tus padres se agradó Jehová y LOS AMÓ; y después de ellos ESCOGIÓ su descendencia, a vosotros, de entre todos los pueblos, como sucede hoy”.
      “¿No era Esaú hermano de Jacob?, dice Jehová; sin embargo, amé a Jacob, y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto” (Ml. 1:2-3). Esto, que Dios dijo tocante a los hijos de Isaac, es plenamente válido para la Iglesia (Ro. 9:13), “Como está escrito: «A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí».
      LA ELECCIÓN Y LA GRACIA (4/9)
      Toda la Escritura revela que, aunque Dios es misericordioso, y Su naturaleza es amor, no obstante no es misericordioso con todo el mundo, ni ama a todos los hombres; sino que, a algunos aborrece (odia), y Su ira está sobre ellos “todos los días” (porque Él es un juez justo, no porque sea un monstruo, o Su naturaleza no sea amor, Sal. 7:11), y a quien quiere endurecer, endurece (Ro.9:14).
      El que Dios tenga una naturaleza que es amor, y a la vez odie al pecador es totalmente compatible. Lo que permite comprenderlo, es que Dios, en Su soberanía, eligió (destinó) a algunos –desde antes de la fundación del mundo- para mostrar en ellos Su gracia (amor o favor, a pesar de ser Sus enemigos con todas las facultades de su ser), por los siglos venideros (Ef.1:3-6).
      ”Así que [la salvación] no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia… De manera que de quien quiere (no de todo el mundo), tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece” (Ro. 9:16-18; 1 Co. 1:30-31).
      NOTA: la SALVACIÓN es algo “muy grande” (He. 2:3). No es meramente el perdón de los pecados, y la entrada al cielo. Incluye cosas como:
      LA PLANIFICACIÓN (en la eternidad “pasada”) realizada por El Padre: que al menos supone el conocimiento personal de aquellos que va a salvar, la elección y predestinación para ser salvados –incluyendo los medios para ello- , el haber sido dados al Hijo, el haber sido predestinados para ser hechos (no por sí mismos, sino por Dios) conformes a la imagen del Hijo, el pacto entre el Padre y el Hijo para redimirlos, etc.
      LA REDENCIÓN (en el tiempo pasado, en la historia de la humanidad), efectuada por el Hijo: el Hijo es enviado al mundo para glorificar al Padre, entregando Su vida por aquellos que el Padre le dio en el pacto eterno, antes de la fundación del mundo; hacerse carne (toma una naturaleza plenamente humana, como la de aquellos que va a redimir, pero sin estar el pecado en ella), ser hecho maldición por Dios (mientras colgaba las tres horas de la cruz), morir para satisfacer la justicia divina (en lo tocante al castigo por los pecados de los Suyos), y así propiciar a Dios con el pecador, etc.
      LA APLICACIÓN DE LA REDENCIÓN (en este tiempo), efectuada por Dios el Espíritu: El Espíritu es enviado (por el Padre y por el Hijo), y actúa donde quiere (de forma soberana) y guía (controla) a aquellos que son nacidos del Espíritu; les habita (individualmente), y está con ellos (colectivamente). A aquellos que han de salvarse los convence de su depravación total, y de su imposibilidad absoluta de auto salvarse, o salvarse por medio de otros, les da arrepentimiento, les da la fe que salva, los convierte, les une indisolublemente a Cristo para toda la eternidad; les da el crecimiento en la nueva vida (los hace nuevas criaturas), los consuela, etc.
      Al momento de ser convertido, el pecador elegido es justificado ante la justicia divina (declarado libre de culpa; esto es, justo; porque todos sus pecados le son perdonados en el nombre del Hijo); es propiciado (obtiene el favor ante Dios), es trasladado del poder de las tinieblas a la esfera de poder del Hijo y, además, es hecho hijo adoptivo de Dios, en Cristo, y como tal, recibe el título (pasa a ser de Su familia).
      Tiene capacidades para:
      1- Comprender la Escritura, conocer a Dios (y así poder glorificarlo, alabarlo, y darle sinceras gracias).
      2- Tener comunión con Él, y disfrutar de Su gozo.
      3- Vivir una nueva vida, que agrada a Dios: no peca, ni puede pecar (proveniente de la nueva naturaleza que recibió en Cristo, y que poseerá para toda la eternidad).
      4- Gozar de una esperanza cierta de que disfrutará de Su gloria.
      5- Gozar del favor de Dios (de Su disciplina como hijo, de Sus cuidados especiales, de Su protección del mal [el maligno no le toca], siendo guardado/preservado –por medio de la fe- de las tentaciones , para recibir la herencia que le está reservada en los cielos, etc.).
      6- Ser consciente del perdón de todos sus los pecados.
      7- Saber que tiene vida eterna (1 Jn. 5:13)
      8- Saber que está en el Verdadero (1 Jn. 2:5; 5:20).
      LA ELECCIÓN Y LA GRACIA (5/9)
      Así, pues, la salvación incluye cosas como el llamado de Dios (por medio de la predicación del Evangelio, y la acción interna del Espíritu, cambiando su voluntad, haciéndole entender, atrayéndole a Cristo, dándole a conocer a Cristo, etc.); la santificación o apartamiento del mundo y del mal, viviendo una vida dedicada por entero a Dios. La sabiduría (en la esfera de lo espiritual). La redención del cuerpo y la glorificación futura, etc.
      Todas esas cosas las hace Dios mismo. Y es así “para que nadie se jacte en su presencia”, y “el que se gloría, gloríese en el Señor”(1 Co. 1:29, 31). Nota que Dios lo repite de forma insistente: el centro de todo ellos es Su gloria ¡debe ser un asunto importante para Dios! Pues toda la gloria es de Él; y a Él le es debida (Ro. 11:36). Nadie entrará el cielo diciendo, “fíjate, yo elegí a Cristo, y me ha sido compensado con la entrada aquí”.
      Sé que esto es difícil de aceptar. Que suena muy duro a nuestros oídos, tanto tiempo incircuncisos, y acostumbrados a poner al hombre en el centro, y a Dios en el rincón. Que la carme no lo soporta (odia la luz, Jn. 3: 20). No lo puede recibir. Pero “el que tenga oídos, oirá”.
      El evangelio que coloca “el libre albedrío” del hombre en el timón, no glorifica a Dios, sino al hombre. Al fin y al cabo, ese evangelio dice que la salvación del pecador es en base a los méritos de Jesucristo más la decisión acertada (correcta, buena, sensata, inteligente, prudente, etc.) del hombre, que la aceptó.
      Si fuese al cielo, tendría de qué jactarse. La Escritura dice: “pero nosotros predicamos a Cristo crucificado… para LOS LLAMDOS (los elegidos, Ro. 8:30)….Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios… lo necio del mundo ESCOGIÓ Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo ESCOGIÓ Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado ESCOGIÓ Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Co. 1:23-29). Parece que en el cielo no va a entrar nadie que crea en un evangelio que proclama que el hombre es salvo por la gracia de Dios más su decisión de aceptarla.
      Y continúa la Escritura: “por él [Dios] estáis vosotros en Cristo Jesús (no dice, por vuestra sabia decisión, por vuestra prudente elección, por vuestra acertada aceptación, etc., sino “por él”, exclusivamente “por él”), el cual NOS HA SIDO HECHO POR DIOS sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Co. 1:30-31). Parece que a Dios le importa mucho eso de “quien es el que ostenta la gloria”.
      Hay dos voluntades divinas: una secreta, y otra revelada. Con una, meramente muestra lo que está de acuerdo a Su naturaleza. Con otra, decreta lo que ha de suceder. Esto explica por qué la Palabra puede decir que Dios quiere que todos sean salvos, sin embargo, no ordena que todos reciban vida eterna.
      Lo mismo vemos en el texto donde el Señor Jesucristo revela algo aparentemente insólito: Él (que es Dios) quiso juntar muchas veces a los hijos de Jerusalén en torno a Él, como la gallina lo hace con sus polluelos bajo sus alas, y a pesar de que Su voluntad es irresistible (Ro. 9: 19), ellos no quisieron (y no fue efectuado), Mt. 23:37.
      Igualmente, el Espíritu Santo, que es igualmente Dios, fue constantemente resistido por el pueblo de Israel (Hch. 7:51).
      Si Dios quiere la salvación de todos los hombres (de modo efectivo), y lo ha decretado así, ¿por qué dice la Escritura que “al que quiere endurecer, endurece”? (Ro.11:18).
      Si Dios ama a todos los hombres, ¿por qué dice la Escritura que “a Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”? (Ro. 11: 13). No olvidemos que Jacob, además de ser un individuo también representa un pueblo, Israel (Gn. 32:28, 32); y Esaú a otro (el de los profanos y apóstatas, que teniendo conocimiento del Evangelio, lo desprecian).
      LA ELECCIÓN Y LA GRACIA (6/9)
      El Señor Jesucristo decía a su Padre, “Yo ruego por ellos (los que me diste, y no otros); y explícitamente a continuación afirma, como para dejar bien claro el asunto: “No ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son” (Jn. 17:9). Muchos, de forma simple, dicen que el texto de Jn. 3:16, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” está diciendo que “Dios ama a todos los hombres”.
      Esa es una forma totalmente incorrecta de manejar la gramática (y más concretamente, la lingüística), pues va frontalmente contra sus reglas. Eso no solamente es una herejía doctrinal, ¡sino un craso error de la comprensión lectora (y comunicativa)! El texto dice que Dios amó “al mundo de los hombres”, por contraposición al de otros seres. Podría parafrasearse, “a la especie humana, a la humanidad”, por contraposición a los ángeles u otros seres inteligentes que pueblen el universo.
      Pero lo que no dice, en ningún caso, es que ese amor es para todos y cada uno de los componentes de la humanidad (o mundo), sino que sólo es efectivo con “todo aquel que en él cree”. Eso circunscribe, limita, acota la esfera de acción de ese amor. Además, eso no es así por decisión de los hombres (según elijan, creer o no creer el evangelio, y apropiarse así de ese amor, o rechazarlo), sino que Dios intencionadamente dio a Su Hijo con ese fin (algo ya determinado por Dios): que no se pierdan “los que crean en Él” (pero –se infiere- los demás se perderán, mira los siguientes versículos 18-20). Luego ese amor no abarca a todos los hombres. O, de hacerlo, sería impotente para salvarlos. ¿De qué serviría ser amado por Dios, si eso no va a evitar que me pierda?
      Además, el Espíritu Santo concluye que “los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (v.19). No dice que “algunos hombres, dado su buen criterio, eligieron amar la luz…convertirse…creer en el Hijo”. ¿Por qué? Porque es Dios –y únicamente Dios- Quien hace todo lo necesario para que algunos lleguen a ser Sus hijos (Jn. 1: 12-13). No hay nada que el hombre pueda hacer (por sí mismo) para ser engendrado de Dios. Los muertos, no comen, no se mueven, no aman, no gustan las cosas (ni les interesan), etc. Dios ha de dar vida al hombre, antes que éste Le busque, Le llame y Le pida (Mt. 7:7-8).
      El hombre ha de recibir unos “oídos para oír”, antes de que pueda entender algo de Dios (de Su Palabra, Su Evangelio, Sus propósitos, Sus caminos, etc.). De otro modo, no puede “entender”, y menos “recibir” los misterios del Reino de los Cielos (es decir, las verdades/doctrinas de la Escritura, y particularmente, el Evangelio).
      De igual modo que Dios es Quien hace que las personas puedan entender: “Porque a vosotros OS ES DADO saber los misterios del reino de los cielos, pero a ellos NO LES ES DADO” (Mt. 13:11). “Entonces LES ABRIÓ EL ENTENDIMIENTO para que comprendieran las Escrituras” (Lc. 24:45). Es decir, que los sordos oigan. Es Quien da “oídos para oír (entender), a los que Él quiere dárselos”: “Has abierto mis oídos” (Sal. 40:6). “Entonces…los oídos de los sordos se abrirán” (Is. 35: 5). “Bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen” (entendéis correctamente, Mt. 13:16)”
      También es Quien los cierra a determinadas personas: “Anda, y dile a este pueblo: Oíd bien, y NO ENTENDÁIS; ved por cierto, pero NO COMPRENDÁIS. EMBOTA el corazón de este pueblo, ENDURECE sus oídos y CIEGA sus ojos, para que no vea con sus ojos ni oiga con sus oídos ni su corazón entienda, ni se convierta y haya para él sanidad” (Is. 6: 9-10).
      Hay tal cosa como “oídos incircuncisos, y no pueden escuchar, y la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, ¡y no la aman!” (Jer. 6:10; Hch. 7: 51). Estas personas no van a entender (correctamente) la Palabra de Dios. Porque no pueden. De hecho, no la aman. Y se escandalizan de lo que dice.
      Incluso, hay tales personas que aún habiéndoles Dios dado las claves para entender, no entienden (además, de esta clase son lo que se hacen maestros a sí mismos, y arrastran tras sus errores a muchos al infierno, Lc. 11:52; Hch. 20:29-30).
      Estas personas suelen ser muy religiosas. Hasta manejan la Biblia. Pero al no ser de Dios no pueden entenderla. “El que es de Dios, las palabras de Dios oye [entiende, Jn. 8:43] por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios” (Jn. 8:47)
      ¿Cómo compaginas esto con lo que dices de que Dios quiere que todos los hombres sean salvos…que Dios ama a todos los hombres….que Jesucristo murió por los pecados de todos los seres humanos, a fin de salvar a todos (lo que se llama: EXPIACIÓN UNIVERSAL)?
      LA ELECCIÓN Y LA GRACIA (7/9)
      Cierto que “Jesucristo es la propiciación por los pecados de todo el mundo” (1 Jn. 2:2). Pero ¿sabes qué es propiciación?
      Propiciar es cambiar la actitud de alguien, para que pase de estar en enemistad con nosotros (u otra persona), a estar por nosotros (o por esa persona, de la que antes era enemigo). Por la propiciación de Jesucristo (acto de provocar un cambio en la “mente” o actitud de Dios hacia el pecador), podemos ser restaurados a la comunión con Dios, y al favor delante de Él.
      El evangelio que predicaba el apóstol Pablo, dice: “ Pero ahora, aparte de la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la Ley y por los Profetas: la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él, porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con miras a manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. (Ro. 3:21-26).
      Podemos ver, de nuevo (1: 17), que lo primero que se manifiesta en el evangelio es “la justicia de Dios”. No es Su amor, Su gracia, etc. Y menos, de forma indiscriminada.
      Esa justicia se alcanza “por medio de la fe en Jesucristo”. Conociendo Quién es Jesucristo, y cuál Su obra sobre la cruz; y reconociendo la necesidad personal de esa obra. Es decir, la perdición de uno a causa de su propia naturaleza y de los actos malos que constantemente realiza con ella (aún comer, dormir o respirar por parte de los inconversos es pecado, pues únicamente reponen fuerzas para mantener su enemistad contra Dios).
      Pero los beneficios de esa obra no se alcanzan u obtienen por todos los hombres, sino únicamente por “todos los que creen en él”; que únicamente son aquellos a quienes ha sido dada la fe que salva, la de los elegidos (Ef. 2:8; Tit.1:1). “A vosotros OS ES CONCEDIDO a causa de Cristo, no solo que CREÁIS en él, sino también que PADEZCÁIS por él” (Fil. 1:29).
      En estas cosas, y otras muchas, consiste el Evangelio en el que yo creo. Del que yo hablo.
      ¿Quién puede creer en Jesucristo? ¿Acaso los que heredan eso de sus padres, por medio de algún pacto u otra cosa similar que Dios hiciera con ellos? Juan 1: 12- 13 dice, “los que le recibieron, a los que creen en su nombre, LES DIO potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre” (por genética). Es decir, no se llega a creen en Cristo por herencia biológica.
      ¿Acaso llegan a creer los que se esfuerzan en ello, o toman decisiones acertadas, etc.? ¿Acaso los inteligentes, que son capaces de ver las bendiciones que hay en Cristo, y las desean, y las piden, y las obtienen, creyendo en Él y Su obra redentora? ¿O los que tienen una voluntad recta, y pueden hacer lo bueno, recibiendo a Cristo, creyendo en Su nombre? En el mismo pasaje anterior dice que los cuales no son engendrados” ni de carne”. Esto es, de la voluntad (esfuerzo, mérito, obras, inteligencia, deseo, etc.) que proviene de la carne (el pecado que habita en la naturaleza humana). Porque de algo muerto, solo puede proceder muerte. Es decir, algo que es enemistad contra Dios no puede generar vida, ni amistad.
      En el pasaje anterior dice que los hijos de Dios no son engendrados “ni de voluntad de varón”. ¿Acaso los que son instruidos en algún tipo de doctrina -aun siendo la verdadera- (en cursos, seminarios, escuelas, institutos bíblicos, predicaciones, etc.) podrían llegar a serlo? Es decir, ¿los que son enseñados (adoctrinados) por hombres, y ejercitados en “el bien” (tal vez refugiándose “del mundo” en un convento, abadía o algo similar), serían capaces de creer, y así poder ser hechos hijos de Dios?
      Sin embargo, dice muy claro Quien engendra a los que “reciben” a Cristo de forma correcta, a los que “creen en Su nombre” tal como es revelado en las Escrituras, dándoles la potestad de ser hechos hijos de Dios; esto es, de convertirse. Dice clara y enfáticamente que es Dios. Y sólo Dios Quien lo puede hacer. Y lo hace.
      En Jer. 31:18 lo dice así: “Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba: Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios”. Lo parafraseo: La parte más tierna (sensible a Dios) del pueblo de Israel se lamentaba diciendo: “a pesar de que me trataste de corregir por medio del azote y el castigo, no fui capaz de convertirme. Porque realmente soy como un novillo indómito. No hay manera de que “entre en razón”, y vaya por donde Tú quieres que vaya. Elijo mal mi camino, y hago el mal. Pero tú puedes convertirme: hazlo tú, oh Dios mío”.
      ¿Habla eso de la depravación total del ser humano? Pues ni es capaz de convertirse.
      LA ELECCIÓN Y LA GRACIA (8/9)
      Si el pecador pudiera convertirse (por sí mismo), eso significaría que puede darse vida a sí mismo. Que puede levantarse de los muertos (resucitar), en sus propias fuerzas. Además, en tal caso, el libre albedrío del hombre, o su voluntad, o su inteligencia, etc., quienes lo llevaron a conocer/entender todo esto, y a tomar la decisión de salir del estado de muerte espiritual en que está, serían los verdaderos protagonistas de la salvación del hombre, puesto que, en última instancia, ésta dependería de su comprensión (entender) y su aceptación (buscar, anhelar y tomar) Eso contradice frontalmente la Escritura (Ro. 3:11; Is. 64:6, etc.).
      Así, resultaría que el hombre es más sabio y más poderoso que Dios mismo. ¡Yo no puedo creer en un Dios así! No me daría ninguna certeza, ninguna seguridad. No podría poner en Él toda mi confianza (fe). Pero, afortunadamente, ni Dios es así, ni las cosas son de ese modo.
      Eso supondría poner al hombre en el trono, y a Dios en la periferia. Una blasfemia, además de aberración en todos los sentidos (espiritual, doctrinal y racional).
      Si Dios quiere la salvación del pecador, pero no puede salvarlo, a menos que el pecador Le de permiso, ¿quién resulta ser más fuerte, y sabio, el hombre, o Dios? ¿Quién sería el soberano?
      ¿Hay algún pecador que (por sí mismo) quiera ser salvo? ¿Hay alguno que (por sí mismo) entienda? La Escritura dice: “no hay quien entienda, ni hay quien busque a Dios” (Ro. 3:11).
      Cierto que Dios proclama, y lo hace muy sinceramente: “Y el que tiene sed, venga. El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida” (Ap. 22:17). Y “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28). Y “El que a mí viene, no le echo fuera” (Jn. 6:37). Pero eso debe entenderse a la luz de las demás palabras del Señor (y quien no guarda Sus palabras, es que no Le ama realmente, Jn. 14: 24).
      Cierto que Él dice: “Si alguien tiene sed, venga a mí y beba” (Jn. 7:37). Pero, ¿tienen sed los muertos? (Mt. 8:28; Lc. 9:60; Ef. 2:1, etc.). En este contexto, sed significa deseo de ser salvo, de ser liberado de la opresión del pecado (la única naturaleza que todo hombre –si no está unido a Cristo- tiene, Jn. 8:31-36, etc.), del castigo eterno que aguarda a todo hombre (que no está insertado en Cristo, Jn. 3:36), de la tiranía de Satanás (Col. 1:13), de su propia voluntad, enemiga de Dios y de todo lo bueno (Ro. 1:30; 5:10; 8:7; Ef. 2:2-3; 2 Ti. 3:3, etc.).
      Sí, todo el que quiera puede venir. Pero nadie quiere ir. “No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios” (Ro. 3:11). Para ello, es necesario que el Padre de Jesucristo haga una obra dentro de uno. “Nadie puede venir a mí, si el Padre, que me envió, no lo atrae” (Jn. 6:44).
      Ciertamente, la expiación es ilimitada en su alcance: la propiciación efectuada por Cristo puede cubrir los pecados del mundo entero (Jn. 1:29; 4:42; 6:51; 1 Jn. 2:2; 4:14, etc.). Sin embargo, es limitada en su aplicación. Es eficaz sólo para los elegidos. Esto se corresponde con el hecho de que “muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mt. 20:16).
      Hay muchos tipos de fe; pero sólo un tipo de fe salva: “la fe de los escogidos” ( Tit. 1:1).
      El apóstol Pablo soportó infinidad de inclemencias, aflicciones, penurias, carencias, calumnias, persecuciones, sinsabores…pero todo ello lo hizo “por amor a los escogidos”. No por amor a todo el mundo (2 Ti. 2:10). ¿Por qué hizo ésto, si él debía saber que Dios “ama a todo el mundo”? A no ser que la doctrina de que “Dios ama a (salva, murió por) todo el mundo” no sea de Dios.

      En Ez. 33:11 el Señor proclama: “No me complazco en la muerte del impío, sino en que el impío se aparte de su camino y viva”. Por un lado, el Señor no se goza en la perdición del impío. No obstante, por el otro lado, permite que muchos pecadores pasen al infierno. ¿Por qué Dios escoge a algunos y no a otros? Porque así le plació.
      Dios podría salvar a todo el mundo si así lo desease, pero no lo quiso. ¿Por qué no lo quiso? No nos toca a nosotros meternos en asuntos tan elevados (Ro. 9: 20).
      No, ni el amor de Dios, ni la gracia de Dios son confites tirados al azar. Ni lo es la valiosa sangre de Su Hijo. Ni Su salvación. Ni Su gloria.
      El evangelio donde el hombre se salva, tan sólo si él quiere, no glorifica a Dios. Ese evangelio tan de moda que dice que el hombre es quien elige ser salvo: que Dios hizo “el trabajo sucio” (morir por los pecadores), y que al hombre le toca decidir si quiere disfrutar de ello, no le hace justicia a Dios. Dibuja a un Dios suplicando que se acepte Su salvación, que se crea Su evangelio, que se reciba (o crea) en Su Hijo, etc., y al hombre como soberano, decidiendo, eligiendo, determinando; y a la humanidad, en su totalidad, diciendo: “Si quiero, acepto Tu regalo”…o bien, “lo aceptaré cuando me apetezca”…o, bien, “de momento no lo aceptaré, ya veremos a ver más adelante”.
      Pero Dios nos advierte: “Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (He. 4:7, y también, Dt. 10:16; Sal. 95:8; He. 3:8, 15). Esa actitud de arrogancia y menosprecio no conviene…en absoluto. Pero vemos que son la respuesta (la actitud) en el 99,9% de los casos entre los que oyen el Evangelio verdadero. Si Dios no interviene, cambiando el corazón y la mente del hombre, éste siempre dirá: “¡No! ¡No quiero! ¡Hágase mi voluntad, y no la tuya!”
      Ese evangelio “light” dice que Dios quiere salvar al hombre, pero no puede, a menos que el hombre se lo autorice. Que Dios se ha propuesto salvar a todos los hombres, pero no lo hará hasta que el hombre le de permiso. Esa doctrina parece haber nacido en los infiernos, porque busca la gloria del hombre, robándosela a Dios. No sólo no está en la Escritura: ¡es que es antiescritural!
      LA ELECCIÓN Y LA GRACIA (9/9)
      El “otro” evangelio, que coloca al hombre en el trono, y a Dios en la periferia, es producto del humanismo (del cual Erasmo estaba muy empapado, influido, así como posteriormente Arminio). Ese humanismo que no vemos en las Escrituras, le llevó a formular la teoría del libre albedrío del hombre. Él postulaba que había tres esferas de poder: la de Dios, la del diablo, y la del libre albedrío. Sin embargo, según las Escrituras, sólo hay dos: la de Dios, y la del diablo.
      La esclavitud de la voluntad humana es una verdad fundamental, enseñada en todas las Escrituras.
      La autonomía humana no existe. El libre albedrío es una invención de los humanistas (casi todos ellos dentro de la esfera de Roma, y “sus hijas”). Ningún ser humano es verdaderamente “libre”. O se es esclavo de Dios, o se es esclavo de Satanás. Su voluntad está condicionada por su amo.
      Juvenal, ¿crees tú que eres un pecador incorregible, y que no puedes hacer nada para evitarlo? Si no es así, aún estás en tus pecados.
      Piensas que si yo voy a un comercio de botones, con el fin de adquirir algunos para una prenda, sin decidir de antemano las características de los que necesito, y le pido al vendedor que me los sirva todos (que voy a comprar todos), aún sin siquiera examinarlos, ¿he actuado cuerdamente? ¿Algún ser humano obraría con semejante falta de sentido común? ¿Será Dios – quien creó el espíritu del hombre, y le dio el raciocinio- tan necio como para salvar a personas, y llevarlas a la gloria consigo, sin planificar nada….y sin antes elegirlas?
      ¿Qué te dice el hecho de que el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca “buenas” perlas, y habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró”? ¿No ves al Señor Jesucristo despojándose de Su gloria (Fil. 2:6-8), y dando Su vida, para comprar a la Iglesia (1 Co. 7:23; 2 Co. 8:9; Ef. 5: 25). ¿Lo hizo para comprar todas las perlas…o sólo por una perla preciosa, de gran precio?
      Juvenal, ¿tienes tú la fe de los elegidos? (Tit. 1:1). Si no es así, aún estás perdido.
      Juvenal, ¿Crees que estás entre los escogidos, por amor a los cuales el apóstol Pablo lo soportaba todo? (2 Ti. 2:10). Si no es tu caso, aún estás perdido.
      He comentado los textos que has citado para probar tu argumento, agrupados por categorías. Si deseas que lo haga con algún texto en particular, dímelo; y con gusto, y la ayuda de Dios, trataré de hacerlo.
      Si alguien, después de oír estas cosas, afirma que Dios ama a todos los hombres (o que la “obligación” de Dios es amar a todos, cuando Él no debe nada a nadie, Ro. 11:35), o que ha salvado a todos (sólo tienen que creerlo), etc. O que el hombre es quien decide arrepentirse, y creer; que es quien elige (a Cristo para) salvarse; que en su mano está escoger lo mejor, etc., es porque “aún no le ha amanecido”.
      O, peor aún, puede que sea un obstinado enemigo de Dios, que Le niega la gloria de ser el Único que da vida a los muertos (Jn. 5:21; 2 Co. 4:6, etc.), diciendo cosas tan absurdas como que los muertos pueden darse vida a sí mismos.
      Yo sé –estoy seguro- que el que tiene oídos para oír, oirá.
      Te agradezco mucho el que te prestaras a debatir. Ello me da la oportunidad de profundizar en las Escrituras, y enraizar más mi fe en el Único que tiene (y merece) la gloria.
      Cordial saludo, en Cristo Jesús.

  5. Estoy convencido que el “limbo” no existe según las escrituras,por eso quien condenaría a un niño al infierno??no es cuestión de predestinación ni de libre albedrío,

  6. Mi postura es que los niños que fallecen al nacer se van con el Señor.

    Sin embargo, tengo una pregunta al respecto y quisiera que me la contestaran.

    Que pasaría si en el caso de uno de estos niños que fallece al nacer fuera uno de estos niños concebidos por fertilización in vitro (FIV), dado que en los tiempos actuales los gobiernos y ciertos sectores sociales movidos por el enemigo, promueven dicha practica, para donde iría un niño que fue concebido por FIV en caso de que fallezca ?

    1. A pesar de ser concebido por estos métodos, Dios le da un alma a los que son engendrados en laboratorio, e igual, si muere cuando nace, va a la presencia de Dios, pues no se le dio el tiempo para vivir y experimentar su humanidad y tampoco la posibilidad de escuchar el evangelio e Jesucristo para tomar decisiones para su vida. Cuando un niño crece, si es educado sin descuido en el evangelio puede ser guiado en Cristo a la eternidad con Él al tener pocos años de vida. Mayores de tres años, ya son más autónomos, y responsables de si mismos y del evangelio que se les da, mientras entiendan instrucciones, la cual sus padres deben dar, y si no se dan, los padres serán responsables de que el niño se pierda o se salve en su corta edad. Pero un niño ya con conciencia propia puede perderse eternamente, no todos los niños van con el Señor, puesto que todos nacemos en pecado y con tendencia al mal, pero para eso es el criar a los niños en el temor de Dios.

  7. Predestinación

    Dios encontró al mundo, es decir, a los habitantes, absorbidos por el pecado, “muertos en delitos y pecados” –Ef. 2:1. Él amó a la criatura pero no a sus pecados ni al pecado.

    1. La naturaleza de Dios:
    Él es amor –I Jn. 4:8, 16.
    Él es Justo y Santo –Lev. 11:44; Deut. 32:4.
    Él no puede hacer mal –Gen. 118:25.

    2. Dios dio entregó a su hijo para morir por todos los hombres –Jn. 3:16; Rom. 5:6, 8, 10, 18.
    Cristo se dio a sí mismo –Jn. 10:11, 15.
    Dios hizo la reconciliación para todos –II Cor. 5:19.
    Cristo es la propiciación –I Jn. 2:2; Rom. 11:32; Gal. 3:24.
    Nadie está excluido –Heb. 2:9; Hch. 10:34, 43; II Ped. 3:9.
    No hay otra manera –Hch. 4:12; Juan 14:16.

    3. La parte del hombre “todo aquel que cree” –Jn. 3:16, 36; 5:24. Note Jn. 1:7; 20:31: la palabra creer o cree ocurre alrededor de 90 veces en el Evangelio de Juan solo, probando que la salvación es por fe para “todo aquel que en él  si Dios: “Él”, si Juan: “Juan”, si salvación: “ella” creyere”. Vea Rom. 10:11, 13.
    Primeros ejemplos de la actitud del hombre –Abel y Caín, Gen. 4:1-16. La redención y la salvación están anunciadas en Gen. 3:21. Adán enseñó a sus hijos el camino; Abel no fue aceptado arbitrariamente ni Caín así rechazado. Estudie los resultados de ambos –Mat. 23:34-37; Heb. 11:4; I Jn. 3:12.

    Aparentes contradicciones

    Ef. 1:4, 5, 9, 11. Una nueva creación fue marcada, “nos” es colectiva, no individual. La elección de Dios no determinó mi fe, pero mi fe determinó su elección. ¿Qué/cuál es el beneplácito? Respuesta: para salvar a todo aquel que cree –I Cor. 1:21, no aquel que estaba marcado o elegido.
    El plan, propósito y proceso son absolutos, fijados fijos e irrevocables, independientes de la mano o voz de la criatura. Los resultados son relativos, dependientes de la actitud del hombre hacia el hijo de Dios.
    Objeción: La fe es un don –Ef. 2:8. Compare con Rom. 10:17.

    Porciones difíciles: aparentemente: nombres escritos de antemano, Apoc. 13:8; 17:8. ¿Cuándo fue inmolado el cordero? ¿Cuándo fueron inscritos los nombres? Dios vio una raza desde el principio. La palabra nombre significa “naturaleza” y expresa carácter. La única manera para salir de este dificultad es respaldarse en Ef. 1:4, 5. La nueva creación entera fue inscrita. Los nombres están inscritos en las manos de Dios. Las manos hablan de poder, cuidado y protección. No refiere a nuestro nombre mismo, sino al Nombre como una parte de la nueva creación.
    Sal. 139:15, 16, la V. Mod. y otras versiones dan “días” por “miembros”. Este no fue dicho acerca de David. Él no estaba en las profundidades, refiere a Cristo. Compare Sal. 2:7 con Hch. 13:32-37. Vea también I Cor. 12:12, 13 sustancia sin forma, vea Rom. 4:17.

    Soberanía y voluntad propia: Dios creó todas las cosas soberanamente. Él también planeó una nueva creación soberanamente; su proceso de producción también es soberano. Ninguna criatura tiene mando o voz en éste  si se refiere al proceso. El hombre puede solamente estar de acuerdo con el proceso de Dios, es decir, creerlo y recibirlo. Es la voluntad del hombre lo que determina quién entra. Nadie puede evadir la invitación de Cristo a “todo aquel que cree”, quienquiera a cualquiera que.” Dios no decretó a ciertas personas para ser salvas y otras para no ser salvas sino condenadas  confuso: “ni a otras para ser condenadas” (¿?).

    Dios designa soberanamente a sus siervos. Él escogió a Moisés para guiar y apacentar a Israel; Jeremías fue llamado para ser profeta a en/de/para Israel; Jesús escogió, y equipó a los doce apóstoles para servir. Estudie los dones de Rom. 16:6-8; I Cor. 12. Aquellos hombres no fueron más requeridos por Él a causa de que fueron líderes. La soberanía de Dios está expresada se expresa en la predestinación. Algunos maestros de la Biblia se equivocan y ponen la soberanía de Dios dentro de la esfera de la voluntad humana, los tales pero estos destruyen la libertad de los hombres y contradicen el “quienquiera que” o “cualquiera que”.

  8. En dos artículos de esta misma publicación, el Pastor Nuñez expone ,dos respuestas diferentes acerca de a donde van los niños que mueren al nacer…….Por fin en cual de las dos hay que confiar????
    Yo en una ocasión pregunte si el versículo bíblico en que Jesus dice Dejad que los niños vengan a mí porque de ellos es el Reno de los Cielos,, podría ser soporte para entender que los niños si mueren van al cielo?……..pero nunca me respondieron.

  9. “En lo personal, yo tiendo a decir la palabra de Dios no es clara en cuanto a este tema. Mi tendencia es a creer que el niño que muere en la infancia va a la presencia del Señor”
    Esto Dice el Pastor Nuñez en el artículo: ¿Que pasa con los niños que mueren al nacer?
    “La realidad es que la mayoría de los teólogos, entienden que los niños que son abortados, o mueren a una edad muy joven, que ellos van al cielo porque murieron antes de alcanzar la edad de responsabilidad personal, yo no tengo esa opinión, respeto la opinión de alguno de esos teólogos que admiro, pero creo que la palabra es clara para mí en Efesios 1 que la elecciøn de una persona a salvación ocurre antes de la fundación del mundo y si es asī, no tiene nada que ver con la edad a la que la persona muere………y esa es la razón por la cual yo creo que solo Dios conoce el destino final d un niño que muere al nacer”
    Esta es la declaración del mismo Pastor Nuñez en el artículo ¿Van al cielo los niños que mueren o son abortados?.
    por favor aclaren este tema

  10. En Ap. 20:11-15, dice: “Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él de delante del cual huyeron la tierra y el cielo y ningún lugar se halló ya para ellos. Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios. Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida.Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras…. El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego”.
    “Los muertos”, expresión para referirse a los que no tienen “la vida” de Dios.
    “grandes y pequeños”, puede referirse a poderosos, encumbrados, ricos, etc. y gente común, “humildes”, que no sobresalen, pero ¿no puede referirse también a adultos y niños?
    “los libros (con cosas escritas, según las obras de los “muertos”)…y otro libro, el cual es el libro de la vida (que sólo contiene nombres de personas)”, ¿por qué es necesario un libro que no contiene obras, pero sí nombres?

    Mi opinión es que todos los que no pudieron hacer obras (“visibles” para los hombres): bebés dentro y fuera del vientre de la madre, infantes, niños sin llegar a la edad “del discernimiento”, así como enfermos mentales y discapacitados (como el paralítico de Mt. 9; Mr.2 y Lc. 5, que a pesar de ser tetraplégico, tenía pecados) no podrán ser juzgados por “sus obras”. Para ello será consultado el “libro de la vida”. Y allí dice lo que ocurrirá.
    Dios no es “sólo amor” (1 Jn. 4: 8, 16) sino que “antes” de eso “es luz” (1 Jn. 1:5). Y dice que “no dará, en ningún modo, por inocente al culpable” (Nm. 14:18; Nah. 1:3), ¿qué sentido tendría esta expresión si Dios salvara “automáticamente” a algunos pecadores, sin haber sido elegidos, sólo por el hecho de “ser pequeños” o “porque no tenían bien su mente” cuando murieron?

    Dios es selectivo, y elige a algunos para salvación; a otros, no los elige (Ro. 9: 13,15, 22). No está obligado a tener misericordia de todo el mundo. Su amor (para salvación) es un amor elector (Ro. 8: Su cuidado sabio y amoroso es para con todos en Su providencia (aún para con los animales, Sal. 104:28; 145:16), pero no en Su amor en Cristo (Mt. 5:45). Su gracia no es indiscriminada, sino que sólo la derrama en “los vasos de misericordia”, preparados de antemano para esto (Ro. 9:23).
    Dios no predestina a nadie a la condenación, pero sí a la salvación (Ro. 8:23; 1 Co. 2:7; Ef. 1:5).Sólo aquellos que el Padre entregó al Hijo en la eternidad pasada, son Suyos. Por éstos el Hijo ruega, y no por el mundo (Jn. 17:entero, especialmente v. 9) . Y a éstos dio Su gracia en Cristo, ya antes de la fundación del mundo, pero no a los demás (2 Ti. 1:9).

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