Muerte: ¿Llanto o regocijo?

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(www.restablecidos.com) John Piper es un predicador, evangelista, autor, escritor, Calvinista y sirvió como pastor en la iglesia Bautista de Bethlehem en Minneapolis, Minnesota durante 33 años. Hemos sido bendecidos por cientos de sus predicaciones y por muchos de sus libros.

Cuando un cristiano muere, los que quedamos, ¿deberíamos llorar o regocijarnos? La respuesta bíblica es: ambas cosas. Incluso simultáneamente.

Pude ver esto en un nuevo lugar mientras memorizaba de nuevo la carta de Filipenses. Nunca antes me había percatado del contraste emocional entre Filipenses 2:17-18 y 2:27.

Una invitación a regocijarse

En Filipenses 2:17-18, Pablo describe la posibilidad de su propia muerte como “libación sobre el sacrificio” de la fe de ellos. Él está dispuesto a morir en el servicio de fortalecer y purificar la fe de los Filipenses.

Luego dice, si eso sucede “me regocijo y comparto mi gozo con todos vosotros. Así mismo regocijaos de la misma manera, y compartid vuestro gozo conmigo “(versículo 18). No sólo se regocija él ante la perspectiva de su propia muerte, sino que les dice a ellos que se regocijen con él.

Él ya les había dicho por qué se regocijaba ante la perspectiva de su muerte: “Deseo partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor” (Filipenses 1:23). Probablemente, es por eso que piensa que ellos deberían alegrarse también. Ellos aman a Pablo, por tanto cuando Pablo esté “con Cristo” será “mucho mejor”.

Jesús habló de la misma manera a sus discípulos: “Si me amarais, os regocijaríais porque voy al Padre, ya que el Padre es mayor que yo.” (Juan 14:28) El Padre en su esplendor es mayor que el Hijo en su sufrimiento. ¡Qué gran liberación estaba por llegar cuando el Hijo terminara su obra aquí y volviera a la gloria de su Padre! Por eso dice, si me amáis, regocijaros en mi partida.

Experimentando intensa tristeza

Pero esa no es toda la historia. Diez versículos más tarde en Filipenses 2, Pablo elogia a Epafrodito porque “estuvo al borde de la muerte por la obra de Cristo” (versículo 30). Pero no murió, y Pablo se alegra. Esto es lo que dice: “En verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no sólo de él, sino también de mí, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza “(versículo 27).

Dios tuvo misericordia de Pablo, para que no tuviese tristeza sobre tristeza. En otras palabras, no dejó morir a Epafrodito para que Pablo no tuviese esa tristeza sumada a todas sus otras cargas.

Así que cuando Pablo dice: “Regocijaos de la misma manera”, ante la perspectiva de su propia muerte (Filipenses 2:18), no está describiendo la situación emocional completa. Pablo hubiese experimentado “tristeza sobre tristeza” si Epafrodito haya muerto, y no porque Epafrodito estuviese poco preparado para morir. Él estaba tan listo como Pablo: “Tened en alta estima a los que son como él; porque estuvo al borde de la muerte por la obra de Cristo” (2:30).

La compleja armonía

¿Qué debemos concluir de esto?

Debemos concluir que nuestra tristeza ante la muerte de un creyente es una tristeza gozosa, y que nuestro regocijo por la muerte de un creyente es un regocijo triste. No hay ninguna desesperanza en la tristeza, ni hay nada frívolo en el gozo. El gozo duele, y la tristeza se suaviza con esperanza invencible.

Es por esto que uno de los lemas más comunes de la vida cristiana es “entristecidos, mas siempre gozosos” (2 Corintios 6:10). La tristeza y la alegría no son algo simplemente secuencial, son simultáneas. No es esquizofrenia emocional, es la compleja armonía del alma cristiana.

Por tanto, cuando un cristiano muere, no contengas las lágrimas. Y no menosprecies el gozo en los ojos de los que aman.