Recientemente escuché el siguiente comentario: “Debes exigirle a Dios, reclamar a Dios y no decir que se haga como Dios quiera”. Esto me dejó realmente muy pensante y mientras esa persona hacía ese comentario comencé a caminar en mi mente por diversos pasajes bíblicos para verificar a través de la Biblia aquello que se había dicho y de ahí nació la pregunta: ¿Es correcto exigirle o reclamarle a Dios? Esto no es tan fácil como para decir sí o no, tenemos que ver diferentes vertientes para contestar esta pregunta tan importante.

Los predicadores modernos siempre dicen que tenemos que demandar a Dios por nuestra salud, por nuestras finanzas, por nuestra familia y por todas las cosas. Hermanos, debemos de entender algo muy importante, nuestro Dios no es cualquier cosa, nuestro Dios es alguien al que tenemos que guardar un respeto absoluto. No creo que la actitud de un creyente que tenga bien claro quien es Dios diga cosas como: Dios, estoy enfermo y no quiero que me sanes mañana o dentro de dos horas, es ahora que quiero que me sanes. ¿Consideras que esto es fe? Más bien, no veo fe en esto, veo arrogancia y falta de respeto ante Dios. La Palabra de Dios bien claro nos dice: “El Señor es excelso, pero toma en cuenta a los humildes y mira de lejos a los orgullosos” (Salmos 138:6).

La actitud de un creyente no debe ser requerir a Dios con arrogancia. Veamos una cosa hermanos, ¿acaso tenemos nosotros buenas obras para presumir ser santos delante de Dios y así presionarle a cumplir nuestros reclamos? ¿O más bien la actitud de un creyente no debería ser pedir a Dios con fe, pero al final decir “hágase tu voluntad y no la mía? Cuando nosotros ordenamos a Dios de esta forma tan arrogante estamos negando Su voluntad infinita y estamos poniendo la de nosotros por delante.  Hay otro pasaje bíblico que quiero usar para fortalecer más este tema:

Santiago 4:

Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

¿Tiene algo que ver este pasaje bíblico con lo que estamos tratando? Por su puesto que sí,  aquí el apóstol Santiago está hablando de un tipo de creyente que pide a Dios y no recibe, pero el no recibir no es porque le falte la fe, es por que pide mal. Con esto entendemos que todo lo que el creyente pide a Dios debe estar bajo su voluntad, o sea, no es solo pedir, exigir o reclamar, es reconocer cuál es la voluntad de Dios:

No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

Romanos 12:2

Vuelvo a preguntar: ¿Por qué los creyentes de los que nos habla Santiago no recibían? Ellos no recibían porque pedían mal a Dios y este es el punto principal de todo, el cual nos lleva a reunir deferentes condiciones en nuestro artículo: Creyentes que piden mal, que no conocen cual es la voluntad de Dios, creyentes que reclaman cosas personales y no las promesas de Dios; creo que este es el punto de nuestra gran situación: “El no conocer al Dios de las Escrituras y el no reconocer cuáles son las promesas que Él tiene para nosotros.

¿Acaso la actitud de cada creyente no debe ser “hágase tu voluntad Señor”? Encontramos a nuestro Señor Jesús, en un momento de mucha desesperación, de angustia, de dolor, de una situación tan desesperante como ninguno de nosotros la a pasado alguna vez en la vida, pronunciar estas humildes palabras:

Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». (Mateo 26:39)

No vemos aquí a Jesús decir: “Padre, es ahora que tienes que apartar esta copa de mí, no soporto más esta prueba, quítala de mí ahora , ahora.” Más bien, vemos aquí la oración más humilde que alguna  vez hayamos escuchado, vemos que Jesús no está dando una orden para Dios, sino que su actitud es la de una persona que entiende que a quien está hablando es sobre todas las cosas y que su voluntad es la mejor. Mas adelante Jesús dice: “Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú”. Ojalá y nosotros como creyentes podamos aprender de nuestro maestro y Señor Jesús y esta sea nuestra oración, sin importar el momento por el que estemos pasando.

En situaciones adversas, antes de ir y querer demandar a Dios como si Él estuviese por debajo de nosotros, tenemos que ir ante Dios y decirle: Padre, si crees que esta enfermedad, situación o prueba me va acercar a ser más como Tu Hijo, dispuesto estoy, pero te pido por favor que me des fuerzas y que siempre estés conmigo.

Hermanos, debemos hacer más énfasis en conocer a Dios, en conocer cuáles son sus promesas y cuál es su voluntad, y les aseguro que de esta manera seremos más fieles a nuestro llamado.

En conclusión, no creo para nada que nosotros tengamos ningún derecho de reclamar nuestras finanzas, y un sinnúmero de cosas como si nosotros tenemos buenas obras. Pero sí podemos reclamar las promesas bíblicas de Dios en toda humildad y les aseguro que Él es fiel para escucharnos.

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