Vivimos en una época muy peligrosa con la corriente de la “prosperidad”. Tenemos un montón de predicadores diciendo que si das Dios te va a multiplicar tus ingresos y te va a dar casas y carros y esto ha dañado en gran parte a muchas personas, puesto que dan por el hecho de recibir y cuando ven que no reciben nada esto causa gran decepción. Por otro lado tenemos un grupo de personas que se han olvidado de la generosidad o del dar por el hecho de la doctrina de la prosperidad, porque están cansados de escuchar esto. Más ningunas de estas cosas deben afectar nuestro sentido de ser generosos.

El apóstol Pablo nos inspira a este sentir de dar o de ser generosos y nos dice:

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

2 Corintios 9:7

Los predicadores de la prosperidad hacen mucho énfasis en el dar, de manera que usan la psicología para quienes los escuchan se sientan obligados al dar. Debemos entender algo muy importante y es que el dar o ser generosos no es una obligación, más que una obligación es un sentir que sale del corazón. El apóstol nos esta hablando de una acción calculada de un individuo: “cada uno dé como propuso en su corazón” no se trata de que alguien te diga que debes dar tu carro o tu casa, sino de lo que sientes dar en tu corazón, se trata de un  individuo que fue inspirado al ser generoso. En el versículo que citamos anteriormente aún podemos hablar de tres puntos de suma importancia:

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a) No con tristeza

Este es un gran principio sobre el dar. Si damos con tristeza no estamos haciendo nada, es como aquella persona que no da nada y posiblemente peor, porque está dando a Dios con un corazón lleno de tristeza porque lo está haciendo como obligación, no en el sentido de generosidad. Si vas a llevar tus ofrendas o el diezmo primero debes tener un corazón generoso que sepa dar con alegría.

b) Ni por necesidad

Muchas personas llevan sus diezmos y ofrendas como un “trueque”, creen que mientras más lo hagan más van a recibir y esto es un error grave. Escuché a un predicador decir: “si piensas que a través del dinero te vas a ganar a Dios estás en un grave error”. No podemos pensar que nuestras bendiciones provienen únicamente de esto, pues nuestras bendiciones dependen de lo que el hijo de Dios hizo en la cruz. Si vas a dar, no puedes hacerlo por necesidad, debes hacerlo con un corazón generoso que agradece a Dios por sus bendiciones sin importar si recibirás o no.

c) Porque Dios ama al dador alegre

Esta es nuestra gran respuesta de los puntos anteriores “Dios ama al dador alegre”. En el libro de Hechos Lucas nos narra una situación de mucho terror y es el caso de Ananías y Safira, ellos habían dado, mas no con un corazón muy alegre, pues habían sustraído de la heredad y luego sabemos lo que pasó, en resumen “Dios no se agradó de ellos”. Debemos de dar con un corazón alegre, no para ganarnos el favor de Dios o de los hombres sino porque estamos agradecidos de las bendiciones de Dios y eso crea en nosotros un sentido de generosidad.

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Martín Lutero, uno o el más influyente en la reforma protestante, según fuentes históricas nos narran que tuvo un fuerte sentido de generosidad, era tan fuerte que daba hasta el punto de quedarse con poco o sin nada.

Que la presente corriente de la prosperidad no quite el sentir de ser generosos en nosotros.

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