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(www.mimejoralabanza.com) — Nuestro hermano Nicolás Ramírez de Argentina nos comparte este artículo que ha titulado “Mercaderes del Evangelio”, donde nos comparte su experiencia y pensamientos en el ejercicio de predicar la Palabra de Dios.

En mis primeros años de creyente pensé que el evangelio eran buenas noticias y solo eso. La gente decía que esas noticias eran indispensables y necesarias para otros. A pesar de que evangelizaba, nunca comprendí que significaba el verdadero evangelio. Cuando pasaron los años fui entendiendo por qué Dios envió a Jesús, cuál era el propósito y sigue siéndolo aún en nuestros días; comprendí que la predicación del mismo tiene que ser predicado por todos y para todos.

Algo tan sencillo pero tan profundo, eso es el evangelio de Cristo.

Algo que me sorprendió acerca de dicho tema, es la gran cantidad de cristianos que predican sobre este asunto pero tergiversado a lo que la Biblia dice y lo que Jesús enseñó.

Algunas de las características de este nuevo evangelio son:

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  1. Poca efectividad: A pesar de las grandes sumas de dinero que invertimos hay pocos resultados porque está mal enfocado, incentivado por las falsas motivaciones.
  2. Impacta pero no modifica: Realizamos grandes eventos que para la comunidad eclesiástica son extraordinarios, sin embargo, no afecta a las personas directamente.
  3. Se habla de algo pero casi nunca de Alguien: Hablamos de las bendiciones pero nunca de quien es el que las da.
  4. Liviano y sin confrontación: Para no incomodar o hacer sentir mal a la gente predicamos que siempre todo marchará bien.
  5. Un evangelio que impone: Siempre decimos que hacer a las personas intentando terminar en una falsa conversión de una persona diciéndole que si repite algo que no siente será salvo y no les enseñamos el camino de como poder llegar a Dios.

Mis preguntas todo el tiempo son éstas: ¿Está Dios en el asunto? , ¿Cuánto de Jesús estamos predicando? , ¿Esto es el evangelio?

Creo que estas características mencionadas hace un momento son algunas de las fallas fundamentales de por qué no estamos llegando a toda la sociedad actual, quizás fuimos nosotros la que nos auto-desplazamos, intentado mostrar o querer solo impactar. La sociedad siempre ha seguido su curso, sacando ventaja de nuestra inactividad y ahora no podemos llegar a quien desplazamos.

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Por lo tanto, para poder concluir con lo que es el evangelio, sería muy importante poder ver cuál es el verdadero evangelio: el mensaje de Jesús; para eso es necesario ir a Mateo 28 (La Gran Comisión). Él nos mandó a que por donde fuéramos prediquemos y enseñemos a todas las naciones. El término “Naciones” en el texto original se puede traducir como pueblos y/o regiones. Muchas veces pensamos en evangelizar en las grandes ciudades o aquellas que están lejanas y nos olvidamos completamente de nuestra casa.

“Vayan por donde vayan prediquen el evangelio a todas las familias y enséñeles a obedecer todo los que les he mandado” es el verdadero evangelio, hablar de lo que Cristo hizo en nosotros, en llevar un amor real a nuestra familias y prójimos.

Un pastor dijo cierta vez: “El evangelio se trata de enseñar”. Creo que es el momento de dejar de reducir el evangelio de Jesús en un milagro o sentimiento pasajero, es tiempo de poder llevar un evangelio de amor, de lo contrario siempre será superficial.

Ahora que tenemos más claridad y conciencia sobre nuestras acciones podemos entender que este evangelio actual no es el que Jesús predicaba.

¿Se dan cuenta por qué no hay poder en nuestro evangelio actual?

Necesitamos llevar un evangelio que duela y transforme vidas.

Esta observación me hizo dar cuenta de que el evangelio no se trata de ofrecer a la gente algo transitorio, sino darle una solución eterna. Tampoco es solamente hablar de Cristo, sino demostrar lo que Dios hizo en nosotros, cómo el Espíritu Santo se reveló en nuestras vidas; no pensemos en lo que el evangelio me puede dar sino lo que nosotros podemos dar a través de la predicación el mismo.

Un ejemplo claro y práctico de esto lo podemos ver en Hechos 3:5-6, viendo a un cojo mendigo que estaba lisiado de nacimiento, el cual nunca había dado un paso en su vida. Siempre que iba a mendigar en la puerta era porque lo cargaban hasta allí. Así también cuando Pedro y Juan pasaron por allí, ellos no dándole una solución transitoria al cojo que estaba pidiendo monedas sino que le dieron algo más que eso, algo que podría cambiar su vida. Este hombre esperaba cada día una moneda, pero cuando se encontró con Hombres de Dios, su vida cambió y todo el pueblo vio a Dios a través de su vida. De igual manera nosotros: podemos dar una palabra bonita o sentimental, o prometer que Dios va a mejorar la vida económica y social si se asiste a la iglesia, o podemos dar una verdad que es el Evangelio que Jesús mismo enseñó.

Personalmente tengo fe que podemos re-direccionarnos hacia lo que Dios quiere: traer el verdadero evangelio a nuestras iglesias, familias, grupos, amistades, trabajo, estudio. Es el momento de traer el evangelio por el que dieron su vida todos los mártires y mensajeros de la palabra para que llegue a nosotros.

Que las acciones de Jesús no sean en vano para estas generaciones, sino que su gracia nos alcance y nos limpie completamente

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