Absteneos de esto

En el capítulo cinco de la primera carta de Pablo hablando a los Tesalonicenses, les exhorta sobre diversos temas como la oración, el gozo, ser agradecidos, entre otros.

Desde el versículo doce al veintidós Pablo les hace diversas recomendaciones para que ellos estuviesen preparados para la venida del Señor. Una de esas recomendaciones es la siguiente:

Absteneos de toda especie de mal.

1 Tesalonicenses 5:22

Cuidémonos y estemos atentos, porque todos sabemos que las actuaciones del enemigo son para que rompamos con lo que poseemos de parte del Señor, de gozarnos con aquellos que hacen la obra poderosa de nuestro Señor.

Es por eso que vemos esta gran exhortación de reconocer a los que trabajan en la obra del Señor (V12), a aquellos que dirigen la obra del Señor y amonesta a los que necesitan amonestación.

Cuando veamos a un hermano haciendo la obra poderosa de Dios, haciendo lo bueno delante del Señor, debemos gozarnos en gran manera y tenerle en mucha estima. Estas son las palabras que el apóstol dice.

Es notable que Pablo quería dejar una buena unión entre sus hermanos en la fe, es por eso que vemos sus buenos deseos en La Paz del Señor, pidiendo que animemos a todo aquel de poco ánimo para que así pueda continuar.

De manera que, recordemos siempre el versículo que acabamos de ver el este artículo, busquemos mantenernos alejados todo tipo de mal, en el nombre de Jesús amén.

Ahora bien, este llamado a abstenernos de toda especie de mal no se limita únicamente a las acciones externas, sino que también toca lo más profundo de nuestros pensamientos e intenciones. La maldad puede presentarse en diferentes formas: a veces de manera evidente en actos contrarios a la voluntad de Dios, y otras veces de manera más sutil, disfrazada de algo que parece inofensivo. Pablo nos recuerda que debemos estar alertas en todo momento, vigilando no solo lo que hacemos, sino también lo que permitimos entrar en nuestro corazón.

El apóstol también invita a los Tesalonicenses a vivir en unidad y amor fraternal, reconociendo a los líderes que Dios ha puesto en la iglesia y valorando a aquellos que sirven. Esto es vital porque una comunidad cristiana dividida o indiferente se vuelve vulnerable al enemigo. En cambio, cuando se vive en armonía, cada hermano se convierte en un apoyo para el otro, fortaleciendo así la fe y el testimonio colectivo de la iglesia.

El consejo de Pablo tiene una vigencia sorprendente en nuestros días. En un mundo lleno de tentaciones y de propuestas que muchas veces se oponen a los valores del evangelio, es fundamental que los creyentes nos mantengamos firmes. Abstenerse del mal puede significar evitar conversaciones dañinas, apartarse de lugares donde la fe es comprometida, e incluso ser cuidadosos con el contenido que consumimos en los medios de comunicación o en las redes sociales. El mal adopta muchas formas y se infiltra de maneras inesperadas, por lo cual el llamado sigue siendo actual y urgente.

Además, Pablo insiste en mantener siempre el gozo, la oración y la gratitud como armas espirituales contra el mal. Una vida llena de oración nos hace sensibles a la voz del Espíritu Santo, el gozo nos fortalece en medio de las pruebas, y la gratitud nos recuerda constantemente que dependemos de la gracia de Dios. Estas actitudes son la base para resistir cualquier tentación que quiera apartarnos del propósito divino.

Recordemos también que abstenernos del mal no es un esfuerzo meramente humano, sino una obra que se logra con la ayuda del Espíritu Santo. Él es quien nos capacita para discernir lo correcto y nos da fuerzas para rechazar lo que no agrada a Dios. Por eso, la exhortación de Pablo es a estar siempre vigilantes, pero confiando plenamente en la gracia de Cristo que nos sostiene.

En conclusión, la exhortación de Pablo a los Tesalonicenses sigue siendo un faro para nosotros hoy. Abstenernos de toda especie de mal no es solo un mandato, sino una invitación a vivir en santidad, en comunión con los hermanos y en dependencia constante del Señor. Al hacerlo, no solo guardamos nuestra vida espiritual, sino que también damos testimonio al mundo de que somos hijos de luz, llamados a reflejar la gloria de Cristo en todo lo que hacemos. Que cada día podamos poner en práctica estas palabras, reconociendo que la verdadera victoria está en caminar de la mano de Dios.

A estos envió Jesús
De esta manera debemos servir

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