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Cien frases cristianas para compartir en Twitter

cien frases cristianas para compartir en twitter

(www.mimejoralabanza.com) — Ayer publicamos 40 frases cristianas para compartir en Facebook. Hoy les traemos un total de cien frases cristianas de 140 caracteres o menos, ideales para compartir en Twitter. Esperamos que les guste y no las dejen de compartir. En un mundo donde las redes sociales están llenas de todo tipo de mensajes, es vital que los creyentes las utilicemos como una herramienta para proclamar la verdad del Evangelio, edificar a otros y honrar a nuestro Señor.

1 – Una verdadera oración es un inventario de carencias, un catálogo de necesidades, una revelación de pobreza oculta. – Charles Spurgeon

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

2 – Es tu amigo aquel que te empuja para que estés más cerca de Dios. -Abraham Kuyper

La amistad cristiana es un medio de gracia: no se reduce a simpatías naturales, sino que busca nuestro progreso en santidad. Un verdadero amigo señala a Cristo, corrige con mansedumbre, anima en la aflicción y camina a nuestro lado bajo el señorío de la Palabra. El amor fraternal no aplaude el pecado, sino que exhorta para el bien del alma. Así, la comunión de los santos se convierte en una escuela de piedad.

Cultivar amistades piadosas requiere vulnerabilidad, oración mutua y compromiso con una iglesia local. Busquemos compañeros que nos acerquen a los medios ordinarios de gracia y huyamos de quienes trivializan el pecado. Aprendamos a decir la verdad en amor, a confesar faltas y a celebrar la obra de Dios en el otro. En tiempos de aislamiento, la amistad centrada en Cristo es un testimonio vivo del evangelio.

3 – Debes comprometerte a obedecer a Dios, no como un pago por tu pecado, sino como una celebración del pago que ya se hizo. -Paul David Tripp

La obediencia cristiana no compra el favor de Dios; es la respuesta agradecida al favor inmerecido recibido en Cristo. Quien ha sido justificado por gracia desea caminar en nuevas obras que Dios preparó de antemano. Esta obediencia es integral, alcanza motivos y acciones, y se sostiene en el poder del Espíritu. Lejos de legalismo, es libertad para amar lo que Dios ama y aborrecer lo que Él aborrece.

En la vida diaria, obedecer implica someter nuestra agenda, finanzas y afectos a la Palabra. Nos negamos a nosotros mismos para seguir a Jesús y abrazamos su yugo, que es fácil y ligero. Cuando caemos, no negociamos con el pecado: corremos a la cruz, confesamos y retomamos el camino. La obediencia perseverante confirma la fe que profesamos y hace visible el Reino en lo pequeño.

4 – Tu pastor no debe ser el único trabajando duro durante el sermón. -Dan Dumas

La predicación es trabajo conjunto: el pastor labora en el estudio y la congregación en la escucha diligente. Recibimos la Palabra con fe, examinamos las Escrituras y sometemos la mente a la verdad. Un oyente piadoso ora por su predicador, llega preparado y aplica el mensaje al corazón. Así, el púlpito y la banca cooperan para la gloria de Dios y la edificación del cuerpo.

Honrar la predicación incluye rechazar el consumo superficial y cultivar hambre por doctrina sana. Tomamos notas, preguntamos con humildad y llevamos el sermón a la práctica durante la semana. La adoración congregacional no es un espectáculo, sino servicio razonable donde Cristo habla por su Palabra. Donde la iglesia escucha con fe, el evangelio fructifica con paciencia.

5 – En todos nuestros pensamientos acerca de Cristo, nunca olvidemos su segunda venida. -J. C. Ryle

La esperanza cristiana mira más allá del presente: Cristo volverá con gloria para juzgar a vivos y muertos. Esta verdad purifica, anima a la perseverancia y relativiza las tribulaciones del tiempo. No especulamos con fechas, sino que velamos sobrios, ocupados en santidad y misión. La escatología bíblica pone el corazón en el Reino que no puede ser conmovido.

Recordar la venida del Señor reordena prioridades: invertimos en lo eterno, consolamos a los afligidos y nos exhortamos a vivir dignos del evangelio. La Cena del Señor anticipa ese día y el culto cada domingo ensaya la reunión final. Mientras esperamos, abundamos en la obra del Señor, sabiendo que nuestro trabajo en Él no es en vano. ‘Ven, Señor Jesús’ es la oración de una iglesia vigilante.

6 – La impaciencia surge de la ignorancia de Dios y de nosotros mismos. -William Bates

La impaciencia brota cuando olvidamos quién es Dios y quiénes somos nosotros. Él gobierna con sabiduría; nosotros somos polvo sostenido por gracia. Aceptar su calendario mortifica el orgullo y cultiva la mansedumbre. La providencia no llega tarde: llega a tiempo para conformarnos a Cristo. Aprender a esperar es escuela de fe.

Combatimos la impaciencia recordando promesas, ejercitando gratitud y sirviendo en lo pequeño. La oración transforma el ‘¿por qué?’ en ‘¿para qué?’ y nos enseña contentamiento. La comunidad cristiana nos acompaña a paso lento y nos corrige cuando queremos forzar puertas. Dios entrena a su pueblo con demoras santas para producir carácter probado.

7 – El fruto del arrepentimiento de Pedro no fue no volver a negar a su Maestro, sino permanecer firme por Él hasta la muerte. -Thomas Adams

El arrepentimiento no es solo la puerta de entrada, es el camino de toda la vida. Consiste en un giro del pecado hacia Dios, motivado por tristeza piadosa y esperanza en la misericordia. No lo confundimos con remordimiento estéril ni con autojusticia; es fruto del Espíritu y siempre nos acerca a Cristo. Donde hay arrepentimiento, hay vida.

Practicamos el arrepentimiento confesando con honestidad, restituyendo cuando es posible y buscando ayuda para vencer hábitos. La predicación de la ley y el evangelio mantiene sensible la conciencia. La Cena del Señor nos llama a examinarnos y a reconciliarnos. Así caminamos ligeros, con pecados perdonados y una obediencia renovada.

8 – El diablo puede citar las Escrituras para sus propósitos. -William Shakespeare

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

9 – Si no estás contento con lo que tienes, no estarás satisfecho aunque te sea duplicado. -Charles H. Spurgeon

El contentamiento cristiano nace de saber que Dios es nuestro Pastor y no nos faltará. No depende de cantidades, sino de la convicción de que en Cristo lo esencial ha sido dado. La avaricia promete libertad y entrega esclavitud; la gratitud libera el corazón. La piedad con contentamiento es gran ganancia.

Cultivamos contentamiento practicando gratitud diaria, generosidad y sencillez. Recordamos que todo lo que tenemos es mayordomía temporal al servicio del Reino. La comparación mata el gozo; la contemplación de Cristo lo enciende. Aprendemos a decir: ‘si tenemos sustento y abrigo, estemos contentos con esto’.

10 – Es una contradicción a su identidad ontológica el que un cristiano persevere y continúe en el pecado.-Sinclair Ferguson

La gracia que justifica también santifica: permanecer acomodados en el pecado contradice nuestra nueva identidad en Cristo. No hablamos de perfección sin pecado, sino de una guerra real contra la carne. El Espíritu nos libra del dominio del pecado y nos guía a obras de justicia. Persistir sin lucha revela un corazón aún sin vida.

La iglesia ayuda a abandonar patrones pecaminosos por medio de la disciplina amorosa, el discipulado y la oración. Nos exponemos a la Palabra, buscamos consejo sabio y rendimos cuentas. Dios es paciente, pero no tolera la hipocresía. La verdadera libertad consiste en obedecer por amor al Salvador.

11 – Cuando conduces a otros a pecar, sus pecados son en gran medida tus pecados. -Charles H. Spurgeon

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

12 – El arrepentimiento no es sólo la manera en que comenzamos la vida cristiana; el arrepentimiento es la vida cristiana. -David Powlison

El arrepentimiento no es solo la puerta de entrada, es el camino de toda la vida. Consiste en un giro del pecado hacia Dios, motivado por tristeza piadosa y esperanza en la misericordia. No lo confundimos con remordimiento estéril ni con autojusticia; es fruto del Espíritu y siempre nos acerca a Cristo. Donde hay arrepentimiento, hay vida.

Practicamos el arrepentimiento confesando con honestidad, restituyendo cuando es posible y buscando ayuda para vencer hábitos. La predicación de la ley y el evangelio mantiene sensible la conciencia. La Cena del Señor nos llama a examinarnos y a reconciliarnos. Así caminamos ligeros, con pecados perdonados y una obediencia renovada.

13 – Una cosa es que el pecado viva en nosotros; otra muy diferente es que nosotros vivamos en el pecado. -John Murray

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

14 – Las Escrituras nos enseñan la mejor manera de vivir, la manera más noble de sufrir y el modo más confortable de morir. -John Flavel

La Escritura es nuestra regla suficiente y final para fe y vida. No la subordinamos a experiencias ni a cultura; más bien, interpretamos todo a su luz. En sus páginas Dios habla con autoridad, claridad y poder salvador. El creyente reformado se somete con gozo a su juicio.

Honrar la Palabra incluye leerla en contexto, oírla predicada fielmente y obedecerla en lo cotidiano. La memoria bíblica alimenta la oración y protege del engaño. La iglesia es columna y baluarte de la verdad cuando exalta la Escritura por encima de tradiciones humanas. Donde la Palabra habita ricamente, Cristo es visto y amado.

15 – Es mejor ir al cielo solos ¡que al infierno acompañados! -Thomas Brooks

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

16 – La sabiduría es la capacidad de ver la vida como Dios la ve. -Kenneth B. Wingate

La sabiduría bíblica es ver la realidad como Dios la define. No es mera agudeza intelectual, sino temor del Señor aplicado a cada esfera de la vida. La filosofía encuentra su fin en Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría. Él corrige nuestros criterios y endereza nuestros pasos.

Crecer en sabiduría implica escuchar la Palabra, buscar consejo de los piadosos y aprender de la providencia. Rechazamos el escepticismo orgulloso y la credulidad ingenua. Examinamos todo y retenemos lo bueno, sometiendo ideas al señorío de Cristo. Así discernimos el bien y lo abrazamos.

17 – La mundanalidad es aquel sistema de valores… que hace que el pecado luzca normal y que la justicia parezca algo extraño.

La mundanalidad normaliza el pecado y ridiculiza la santidad. Se infiltra por valores, metas y modas que marginan a Dios. La iglesia debe mantener una santa diferencia: no aislamiento orgulloso, sino lealtad a Cristo en medio de la cultura. El evangelio reordena amores y limpia afectos.

Combatimos la mundanalidad saturándonos de la Palabra, practicando ayuno de vanidades y sirviendo con propósito eterno. Decimos no a la conformidad para decir sí a la transformación por la renovación de la mente. La belleza de una vida santa desmiente la estética vacía del siglo.

18 – La única voluntad que tiene influencia controladora sobre la vida de un creyente sumiso es la de su Maestro.

El discípulo no se pertenece: su voluntad se rinde a la de su Señor. Cristo gobierna por su Palabra, y obedecerla es libertad y gozo. La sumisión no es servilismo, es amor que confía en la sabiduría del Maestro. Donde Él habla, nosotros decimos: ‘Amén’.

En lo práctico, buscamos la voluntad revelada: pureza, honestidad, misericordia, evangelización, vida congregacional fiel. Decisiones grises se abordan con oración, consejo y prudencia. El corazón sumiso aprende a contentarse con los caminos de Dios. Allí hay descanso.

19 – Dedícate a ti mismo a la oración disciplinada. Una persona que no ora es un desastre en espera. -Donald Carson

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

20 – Las dos reuniones más grandes de mi vida fueron ambas reuniones de oración. Martyn Lloyd-Jones

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

21 – Ninguna experiencia espiritual tiene más peso que lo que la Palabra de Dios dice claramente. John Kitchen

La Escritura es nuestra regla suficiente y final para fe y vida. No la subordinamos a experiencias ni a cultura; más bien, interpretamos todo a su luz. En sus páginas Dios habla con autoridad, claridad y poder salvador. El creyente reformado se somete con gozo a su juicio.

Honrar la Palabra incluye leerla en contexto, oírla predicada fielmente y obedecerla en lo cotidiano. La memoria bíblica alimenta la oración y protege del engaño. La iglesia es columna y baluarte de la verdad cuando exalta la Escritura por encima de tradiciones humanas. Donde la Palabra habita ricamente, Cristo es visto y amado.

22 – El arrepentimiento requiere mayor intimidad con Dios que con nuestro pecado. -Rosaria Butterfield

El arrepentimiento no es solo la puerta de entrada, es el camino de toda la vida. Consiste en un giro del pecado hacia Dios, motivado por tristeza piadosa y esperanza en la misericordia. No lo confundimos con remordimiento estéril ni con autojusticia; es fruto del Espíritu y siempre nos acerca a Cristo. Donde hay arrepentimiento, hay vida.

Practicamos el arrepentimiento confesando con honestidad, restituyendo cuando es posible y buscando ayuda para vencer hábitos. La predicación de la ley y el evangelio mantiene sensible la conciencia. La Cena del Señor nos llama a examinarnos y a reconciliarnos. Así caminamos ligeros, con pecados perdonados y una obediencia renovada.

23 – La Biblia no dice simplemente ‘haz su voluntad’ (la de Dios), sino ‘anhela el hacer su voluntad.’ Rosaria Butterfield

La Escritura es nuestra regla suficiente y final para fe y vida. No la subordinamos a experiencias ni a cultura; más bien, interpretamos todo a su luz. En sus páginas Dios habla con autoridad, claridad y poder salvador. El creyente reformado se somete con gozo a su juicio.

Honrar la Palabra incluye leerla en contexto, oírla predicada fielmente y obedecerla en lo cotidiano. La memoria bíblica alimenta la oración y protege del engaño. La iglesia es columna y baluarte de la verdad cuando exalta la Escritura por encima de tradiciones humanas. Donde la Palabra habita ricamente, Cristo es visto y amado.

24 – Los que profesan fe y son inconsistentes hieren el evangelio más que los críticos despectivos o los incrédulos. -Charles Spurgeon

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

25 – El homenaje más grande que podemos hacer a la verdad es usarla. -Ralph Waldo Emerson

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

26 – El mundo, me parece a mí, está dividido entre los sabios que saben que son necios, y los necios que piensan que son sabios. -Peter Kreeft

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

27 – La indiferencia doctrinal no es la solución a los problemas de las diferencias doctrinales. John Blanchard

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

28 – Hay iglesias a las que les encanta contar ovejas, pero no alimentarlas. Dale Ralph Davis

Cristo confió a sus pastores el alimentar con conocimiento y entendimiento, no solo contar asistentes. La vida de la iglesia se mide por fidelidad a la Palabra, amor fraternal y disciplina, no por estadísticas vacías. El rebaño necesita pastos verdes, no entretenimiento. El Señor busca fruto, no apariencia.

Alimentar implica predicar a Cristo, catequizar, orar y visitar. Contar es útil si conduce a cuidar mejor; nocivo si reemplaza el pastoreo. Los miembros también se alimentan al servir y al exhortarse unos a otros. Cuando la iglesia se nutre de sana doctrina, crece en madurez.

29 – Tener un entendimiento sano de la salvación no es garantía de que tenemos la salvación que tan sanamente entendemos. R. C. Sproul

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

30 – No sólo prestes atención a las misericordias de Dios, sino también a Dios en las misericordias. Ralph Venning

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

31 – Para el piadoso la eternidad es un día que no tiene ocaso; para el impío es una noche que no tiene amanecer. -Thomas Watson

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

32 – El dominio propio es tener moderación en las cosas que son buenas y abstinencia total de las cosas que son malas. Frances E. Willard

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

33 – Siempre que las riquezas impiden a un hombre pensar en Dios no son una bendición sino una maldición. John Blanchard

Las riquezas son una prueba espiritual: pueden ser instrumento de misericordia o un ídolo sofocante. La Escritura advierte sobre la seducción del amor al dinero y llama a la generosidad. El corazón dividido no puede servir a dos señores. La piedad con contentamiento vale más que cualquier tesoro.

Administramos recursos como mayordomos del Rey: damos primero, vivimos con sencillez y evitamos deudas innecesarias. Cuando Dios prospera, aumenta nuestra capacidad de servir. Si el dinero dirige nuestras decisiones, necesitamos arrepentimiento. La eternidad relativiza las cifras y magnifica la obediencia.

34 – El chisme emite un veneno triple, porque hiere al que lo dice, al que escucha y a la persona de la que se habla. -Charles Spurgeon

El chisme y el resentimiento envenenan comunidades enteras. La lengua no domada incendia relaciones y desacredita el evangelio. La caridad cristiana cubre multitud de faltas y busca restauración, no espectáculo. Quien teme a Dios cuida sus palabras como tesoro.

Combatimos el chisme hablando con la persona, no sobre la persona, y siguiendo los pasos bíblicos de corrección. Oramos antes de opinar y verificamos antes de compartir. El rencor disfrazado de piedad es hipocresía: el perdón recibido nos obliga a perdonar. La paz de Cristo debe gobernar nuestros corazones y conversaciones.

35 – Cuando ores, prefiere mejor que tu corazón se quede sin palabras a que tus palabras se queden sin corazón. -John Bunyan

La Escritura es nuestra regla suficiente y final para fe y vida. No la subordinamos a experiencias ni a cultura; más bien, interpretamos todo a su luz. En sus páginas Dios habla con autoridad, claridad y poder salvador. El creyente reformado se somete con gozo a su juicio.

Honrar la Palabra incluye leerla en contexto, oírla predicada fielmente y obedecerla en lo cotidiano. La memoria bíblica alimenta la oración y protege del engaño. La iglesia es columna y baluarte de la verdad cuando exalta la Escritura por encima de tradiciones humanas. Donde la Palabra habita ricamente, Cristo es visto y amado.

36 – La apostasía es algo que solamente sucede a aquellos que parecen ser verdaderos creyentes. Stuart Olyott

La apostasía revela que nunca hubo vida nueva, aunque hubiese apariencia de piedad. Por eso velamos sobre nuestras almas y examinamos si estamos en la fe. Las señales de deriva —desprecio de la Palabra, abandono de la iglesia, amor al mundo— requieren alarma y exhortación. La perseverancia de los santos no es automática: Dios la obra por medios concretos.

La iglesia protege del naufragio mediante predicación fiel, disciplina amorosa y cuidado mutuo. Nos aferramos a Cristo, no a experiencias pasadas. El remedio a tiempo es el arrepentimiento sincero y el regreso a los medios de gracia. Mejor una herida fiel del hermano que un beso del enemigo.

37 – Lo correcto es correcto aunque todos lo condenen, y lo incorrecto es incorrecto aunque todos lo aprueben. -Charles Spurgeon

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

38 – Es mejor ser podado para crecer que ser cortado para arder. John Trapp

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

39 – Cristo fue más voluntariamente a la cruz que nosotros al trono de la gracia. Thomas Watson

En la cruz se besan justicia y misericordia: Dios castiga el pecado y perdona al pecador por la sustitución del Hijo. No fue accidente ni teatro, fue el centro del plan eterno. Mirar la cruz reforma nuestra adoración, ética y esperanza. Allí medimos el amor de Dios y la gravedad del pecado.

Respondemos a la cruz con arrepentimiento, fe y gratitud activa. Rechazamos el orgullo religioso y el libertinaje, abrazando una vida cruciforme. La Cena del Señor nos mantiene cerca de este acto definitivo. La cruz asegura nuestro presente y garantiza nuestro futuro.

40 – Todos en la iglesia pueden escuchar la Palabra de Cristo, pero pocos escuchan a Cristo en la Palabra. George Swinnock

La Escritura es nuestra regla suficiente y final para fe y vida. No la subordinamos a experiencias ni a cultura; más bien, interpretamos todo a su luz. En sus páginas Dios habla con autoridad, claridad y poder salvador. El creyente reformado se somete con gozo a su juicio.

Honrar la Palabra incluye leerla en contexto, oírla predicada fielmente y obedecerla en lo cotidiano. La memoria bíblica alimenta la oración y protege del engaño. La iglesia es columna y baluarte de la verdad cuando exalta la Escritura por encima de tradiciones humanas. Donde la Palabra habita ricamente, Cristo es visto y amado.

41 – Pocas personas tienen los recursos espirituales para ser ricos y piadosos al mismo tiempo. Erwin W. Lutzer

Las riquezas son una prueba espiritual: pueden ser instrumento de misericordia o un ídolo sofocante. La Escritura advierte sobre la seducción del amor al dinero y llama a la generosidad. El corazón dividido no puede servir a dos señores. La piedad con contentamiento vale más que cualquier tesoro.

Administramos recursos como mayordomos del Rey: damos primero, vivimos con sencillez y evitamos deudas innecesarias. Cuando Dios prospera, aumenta nuestra capacidad de servir. Si el dinero dirige nuestras decisiones, necesitamos arrepentimiento. La eternidad relativiza las cifras y magnifica la obediencia.

42 – Así como la sal da sabor a cada gota del Atlántico, así afecta el pecado cada átomo de nuestra naturaleza. -Charles Spurgeon

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

43 – No tengo ningún derecho a ocuparme de mi propia salvación de la manera que yo quiera. Helen Roseveare

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

44 – Dios hace de nuestra adversidad nuestra universidad. -Thomas Watson

El sufrimiento en manos de Dios es aula de sabiduría y santidad. No siempre corrige un pecado específico, pero siempre conforma a Cristo. La cruz precede a la corona y la aflicción prepara un eterno peso de gloria. Nada se desperdicia en la providencia del Padre.

Respondemos al dolor con oración, comunidad y obediencia perseverante. Rechazamos lecturas simplistas: la ausencia de dolor no es la medida del favor divino. En medio de la prueba, el Señor se acerca por su Palabra y sus promesas brillan más. Sufrir con fe predica Cristo como tesoro supremo.

45 – La filosofía es la búsqueda de la verdad. Esa búsqueda termina en Jesús. -John Blanchard

La sabiduría bíblica es ver la realidad como Dios la define. No es mera agudeza intelectual, sino temor del Señor aplicado a cada esfera de la vida. La filosofía encuentra su fin en Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría. Él corrige nuestros criterios y endereza nuestros pasos.

Crecer en sabiduría implica escuchar la Palabra, buscar consejo de los piadosos y aprender de la providencia. Rechazamos el escepticismo orgulloso y la credulidad ingenua. Examinamos todo y retenemos lo bueno, sometiendo ideas al señorío de Cristo. Así discernimos el bien y lo abrazamos.

46 – Los tiempos de sufrimiento son tiempos de enseñanza. William Bridge

El sufrimiento en manos de Dios es aula de sabiduría y santidad. No siempre corrige un pecado específico, pero siempre conforma a Cristo. La cruz precede a la corona y la aflicción prepara un eterno peso de gloria. Nada se desperdicia en la providencia del Padre.

Respondemos al dolor con oración, comunidad y obediencia perseverante. Rechazamos lecturas simplistas: la ausencia de dolor no es la medida del favor divino. En medio de la prueba, el Señor se acerca por su Palabra y sus promesas brillan más. Sufrir con fe predica Cristo como tesoro supremo.

47 – La fe es a la oración lo que la pluma es a la flecha; sin la fe no dará en el blanco. J. C. Ryle

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

48 – Mientras más reverencia tengamos hacia la Palabra de Dios, mayor gozo encontraremos en ella. Matthew Henry

La Escritura es nuestra regla suficiente y final para fe y vida. No la subordinamos a experiencias ni a cultura; más bien, interpretamos todo a su luz. En sus páginas Dios habla con autoridad, claridad y poder salvador. El creyente reformado se somete con gozo a su juicio.

Honrar la Palabra incluye leerla en contexto, oírla predicada fielmente y obedecerla en lo cotidiano. La memoria bíblica alimenta la oración y protege del engaño. La iglesia es columna y baluarte de la verdad cuando exalta la Escritura por encima de tradiciones humanas. Donde la Palabra habita ricamente, Cristo es visto y amado.

49 – Aquel que vino en humildad e ignominia regresará en magnificencia espectacular. John Stott

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

50 – Este mundo es la tierra de los moribundos, el venidero es la tierra de los vivientes. -T. Edwards

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

51 – Mantenernos de rodillas nos guardará de caer. Burk Parsons

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

52 – Pagar el precio de la obediencia es escapar del costo de la desobediencia. -John Blanchard

La obediencia cristiana no compra el favor de Dios; es la respuesta agradecida al favor inmerecido recibido en Cristo. Quien ha sido justificado por gracia desea caminar en nuevas obras que Dios preparó de antemano. Esta obediencia es integral, alcanza motivos y acciones, y se sostiene en el poder del Espíritu. Lejos de legalismo, es libertad para amar lo que Dios ama y aborrecer lo que Él aborrece.

En la vida diaria, obedecer implica someter nuestra agenda, finanzas y afectos a la Palabra. Nos negamos a nosotros mismos para seguir a Jesús y abrazamos su yugo, que es fácil y ligero. Cuando caemos, no negociamos con el pecado: corremos a la cruz, confesamos y retomamos el camino. La obediencia perseverante confirma la fe que profesamos y hace visible el Reino en lo pequeño.

53 – Hay más misericordia en Cristo que pecado en nosotros. Richard Sibbes

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

54 – El pecado y el infierno están casados a menos que el arrepentimiento declare el divorcio. Charles Spurgeon

El arrepentimiento no es solo la puerta de entrada, es el camino de toda la vida. Consiste en un giro del pecado hacia Dios, motivado por tristeza piadosa y esperanza en la misericordia. No lo confundimos con remordimiento estéril ni con autojusticia; es fruto del Espíritu y siempre nos acerca a Cristo. Donde hay arrepentimiento, hay vida.

Practicamos el arrepentimiento confesando con honestidad, restituyendo cuando es posible y buscando ayuda para vencer hábitos. La predicación de la ley y el evangelio mantiene sensible la conciencia. La Cena del Señor nos llama a examinarnos y a reconciliarnos. Así caminamos ligeros, con pecados perdonados y una obediencia renovada.

55 – Satanás hace mucho más daño como ángel de luz que como león rugiente. Vance Havner

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

56 – El cristiano debe asemejarse a un árbol frutal, no a un árbol de Navidad. John Stott

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

57 – Las promesas de Dios son como las estrellas; mientras más oscura la noche más brillan. David Nicholas

Las promesas de Dios son firmes porque descansan en su carácter inmutable. En la noche del alma, recordar lo que Él ha dicho sostiene la fe. No son cheques en blanco para caprichos, sino garantías de gracia para la santidad. El creyente las guarda en el corazón como lámpara segura.

Aprendemos las promesas memorizándolas, cantándolas y orándolas en comunidad. Las contamos fieles aun cuando la vista contradice. Cada cumplimiento aumenta nuestra confianza para el próximo valle. El Dios que prometió es poderoso para cumplir.

58 – Cuando tomamos a Dios como nuestro Dios, tomamos a su pueblo como nuestro pueblo. Matthew Henry

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

59 – Si nunca naces de nuevo, desearás nunca haber nacido del todo. Derek Cleave

El nuevo nacimiento es obra soberana del Espíritu que vivifica lo muerto. No es mejora moral, es resurrección espiritual. De él brota fe y arrepentimiento, y comienza una vida nueva bajo el señorío de Cristo. Sin esta obra nadie verá el Reino.

Buscamos evidencias de nueva vida: amor por Dios, hambre de su Palabra, lucha contra el pecado y amor a la iglesia. Predicamos a Cristo confiando en que el Espíritu obra donde quiere. La seguridad no descansa en emociones, sino en fruto perseverante. ‘Es necesario nacer de nuevo’ sigue vigente.

60 – En toda incredulidad hay presentes estas dos cosas: una buena opinión de uno mismo y una mala opinión de Dios. Horatius Bonar

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

61 – El diablo es el más diligente de los predicadores. -Hugh Latimer

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

62 – La apostasía debe ser llamada por lo que es – adulterio espiritual. Francis Schaeffer

La apostasía revela que nunca hubo vida nueva, aunque hubiese apariencia de piedad. Por eso velamos sobre nuestras almas y examinamos si estamos en la fe. Las señales de deriva —desprecio de la Palabra, abandono de la iglesia, amor al mundo— requieren alarma y exhortación. La perseverancia de los santos no es automática: Dios la obra por medios concretos.

La iglesia protege del naufragio mediante predicación fiel, disciplina amorosa y cuidado mutuo. Nos aferramos a Cristo, no a experiencias pasadas. El remedio a tiempo es el arrepentimiento sincero y el regreso a los medios de gracia. Mejor una herida fiel del hermano que un beso del enemigo.

63 – No hay pena en la tierra que el cielo no pueda sanar. Thomas Moore

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

64 – Mientras menos nos fijamos en nuestras buenas obras, más las toma Dios en cuenta. Matthew Henry

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

65 – ¿Qué lujuria es tan dulce y provechosa que valga la pena quemarse en el infierno por ella? William Gurnall

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

66 – Cuando Satanás cayó perdió su inocencia pero no su inteligencia. -Trevor Knight

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

67 – Ser tentados no es pecado en sí mismo; lo que debemos temer es a ceder a la tentación y a darle cabida en nuestros corazones. J. C. Ryle

Ser tentado no es pecado; ceder lo es. Cristo mismo fue tentado y venció por la Palabra, dejando ejemplo para nosotros. La tentación se vuelve peligrosa cuando la hospedamos en el corazón. Resistimos alimentando la mente con verdad y huyendo de ocasiones de caída.

La estrategia incluye vigilancia, límites prácticos y comunidad que pregunta con amor. Llevamos la tentación a la luz antes de que enraice. El Espíritu provee salida y la iglesia ofrece apoyo. La santidad florece donde hay transparencia y dependencia de Dios.

68 – Cuando el pecado es tu carga, Cristo será tu deleite. -Thomas Watson

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

69 – Las ovejas pueden caer en el lodo; los cerdos se revuelcan en él. Charles Spurgeon

Cristo confió a sus pastores el alimentar con conocimiento y entendimiento, no solo contar asistentes. La vida de la iglesia se mide por fidelidad a la Palabra, amor fraternal y disciplina, no por estadísticas vacías. El rebaño necesita pastos verdes, no entretenimiento. El Señor busca fruto, no apariencia.

Alimentar implica predicar a Cristo, catequizar, orar y visitar. Contar es útil si conduce a cuidar mejor; nocivo si reemplaza el pastoreo. Los miembros también se alimentan al servir y al exhortarse unos a otros. Cuando la iglesia se nutre de sana doctrina, crece en madurez.

70 – Todo retroceso espiritual tiene su comienzo con el descuido de la oración. -Octavius Winslow

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

71 – Todo verdadero liderazgo espiritual comienza en el hogar. -John Kitchen

El liderazgo espiritual se prueba primero en la casa: amor sacrificial, instrucción en la Palabra y ejemplo de santidad. Un hogar pastoreado modela el evangelio a hijos y vecinos. La autoridad se ejerce como servicio, no como dominio. Así se forman siervos fieles para la iglesia y la sociedad.

Practiquemos el culto familiar, la hospitalidad intencional y la disciplina con gracia. Los padres enseñan con palabras y con hábitos, pidiendo perdón cuando fallan. Un hogar ordenado bajo Cristo multiplica fruto público. El discipulado comienza alrededor de la mesa.

72 – El rencor vestido de piedad es un demonio aunque se sienta en la iglesia a alabar al Creador. Calvin Miller

El chisme y el resentimiento envenenan comunidades enteras. La lengua no domada incendia relaciones y desacredita el evangelio. La caridad cristiana cubre multitud de faltas y busca restauración, no espectáculo. Quien teme a Dios cuida sus palabras como tesoro.

Combatimos el chisme hablando con la persona, no sobre la persona, y siguiendo los pasos bíblicos de corrección. Oramos antes de opinar y verificamos antes de compartir. El rencor disfrazado de piedad es hipocresía: el perdón recibido nos obliga a perdonar. La paz de Cristo debe gobernar nuestros corazones y conversaciones.

73 – La cruz fue un acto simultáneo de castigo y amnistía, severidad y gracia, justicia y misericordia. -John Stott

En la cruz se besan justicia y misericordia: Dios castiga el pecado y perdona al pecador por la sustitución del Hijo. No fue accidente ni teatro, fue el centro del plan eterno. Mirar la cruz reforma nuestra adoración, ética y esperanza. Allí medimos el amor de Dios y la gravedad del pecado.

Respondemos a la cruz con arrepentimiento, fe y gratitud activa. Rechazamos el orgullo religioso y el libertinaje, abrazando una vida cruciforme. La Cena del Señor nos mantiene cerca de este acto definitivo. La cruz asegura nuestro presente y garantiza nuestro futuro.

74 – Mantén tu corazón abierto a la corrección del Señor y listo para recibir su castigo sin importar quién sostenga el látigo. A. W. Tozer

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

75 – Aquel que dice que Dios no es santo habla mucho peor que si dijera que Dios no existe. Stephen Charnock

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

76 – El pecado estampa la imagen del diablo sobre un hombre. Thomas Watson

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

77 – La resurrección y el juicio demostrarán ante todo el mundo quién ganó y quién perdió. Podemos esperar. A. W. Tozer

La resurrección de Cristo garantiza nuestra resurrección y confirma el juicio venidero. La historia no es círculo sin sentido: camina hacia un tribunal justo. Esta verdad consuela a los oprimidos y llama al arrepentimiento a los rebeldes. Vivimos a la luz del día final.

Esperar juicio y resurrección ordena nuestra ética: trabajamos con integridad, sufrimos con esperanza y evangelizamos con urgencia. Nada en el Señor es en vano porque la tumba no tiene la última palabra. ‘Sabemos en quién hemos creído’ y por eso perseveramos.

78 – Cada pecado es escoger al diablo para que sea nuestro señor. -Stephen Charnock

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

79 – Si los hombres no dan muerte al amor al mundo, el amor al mundo les dará muerte a ellos. Ralph Venning

La mundanalidad normaliza el pecado y ridiculiza la santidad. Se infiltra por valores, metas y modas que marginan a Dios. La iglesia debe mantener una santa diferencia: no aislamiento orgulloso, sino lealtad a Cristo en medio de la cultura. El evangelio reordena amores y limpia afectos.

Combatimos la mundanalidad saturándonos de la Palabra, practicando ayuno de vanidades y sirviendo con propósito eterno. Decimos no a la conformidad para decir sí a la transformación por la renovación de la mente. La belleza de una vida santa desmiente la estética vacía del siglo.

80 – Ningún hombre en su lecho de muerte jamás se ha arrepentido de ser cristiano. Hannah More

El arrepentimiento no es solo la puerta de entrada, es el camino de toda la vida. Consiste en un giro del pecado hacia Dios, motivado por tristeza piadosa y esperanza en la misericordia. No lo confundimos con remordimiento estéril ni con autojusticia; es fruto del Espíritu y siempre nos acerca a Cristo. Donde hay arrepentimiento, hay vida.

Practicamos el arrepentimiento confesando con honestidad, restituyendo cuando es posible y buscando ayuda para vencer hábitos. La predicación de la ley y el evangelio mantiene sensible la conciencia. La Cena del Señor nos llama a examinarnos y a reconciliarnos. Así caminamos ligeros, con pecados perdonados y una obediencia renovada.

81 – Mientras más alta nuestra teología (nuestra doctrina de Dios), más alta será nuestra doxología (nuestra adoración de Dios). Steven Lawson

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

82 – Las preocupaciones y la adoración son mutuamente excluyentes. John Blanchard

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

83 – Tenemos mucho mayor deseo de dominar la Palabra que de ser dominados por ella. -D. A. Carson

La Escritura es nuestra regla suficiente y final para fe y vida. No la subordinamos a experiencias ni a cultura; más bien, interpretamos todo a su luz. En sus páginas Dios habla con autoridad, claridad y poder salvador. El creyente reformado se somete con gozo a su juicio.

Honrar la Palabra incluye leerla en contexto, oírla predicada fielmente y obedecerla en lo cotidiano. La memoria bíblica alimenta la oración y protege del engaño. La iglesia es columna y baluarte de la verdad cuando exalta la Escritura por encima de tradiciones humanas. Donde la Palabra habita ricamente, Cristo es visto y amado.

84 – Pecar sin una tentación es pecar como el diablo, porque el diablo no fue tentado cuando pecó. Charles Spurgeon

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

85 – El diablo no está en contra de la doctrina; está en contra de la doctrina verdadera. John Kitchen

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

86 – El dolor y el sufrimiento no son necesariamente señales de la ira de Dios; pueden ser exactamente lo opuesto. John Blanchard

El sufrimiento en manos de Dios es aula de sabiduría y santidad. No siempre corrige un pecado específico, pero siempre conforma a Cristo. La cruz precede a la corona y la aflicción prepara un eterno peso de gloria. Nada se desperdicia en la providencia del Padre.

Respondemos al dolor con oración, comunidad y obediencia perseverante. Rechazamos lecturas simplistas: la ausencia de dolor no es la medida del favor divino. En medio de la prueba, el Señor se acerca por su Palabra y sus promesas brillan más. Sufrir con fe predica Cristo como tesoro supremo.

87 – El Hijo de Dios se hizo hombre para hacer posible que los hombres vinieran a ser hijos de Dios. C.S. Lewis

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

88 – Aprender a orar no te ofrece una vida menos ocupada; te un ofrece un corazón menos ocupado. -Paul E. Miller

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

89 – Aquellos pecados que parecen más dulces probarán ser los más amargos en la muerte. -Thomas Brooks

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

90 – La fe trata con asuntos invisibles, pero Dios aborrece el amor que es invisible. Thomas Watson

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

91 – Lo más grande que nosotros podemos hacer es orar. – Martyn Lloyd-Jones

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

92 – La adoración es más que un acto en el que participamos los domingos; es el propósito mismo de nuestra existencia. — Paul S. Jones

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

93 – Una verdadera oración es un inventario de carencias, un catálogo de necesidades, una revelación de pobreza oculta. -Charles Spurgeon

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

94 – Nunca somos libres. Todos en el mundo esta noche son o esclavos del pecado y Satanás, o esclavos de Jesucristo. Martyn Lloyd-Jones

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

95 – Para evitar las críticas, no hagas nada, no digas nada, no seas nada. Elbert Hubbard

Evitar toda crítica esteriliza la vida y sofoca el llamado. La fidelidad atraerá oposición, pero el temor a los hombres no debe gobernarnos. Mejor sufrir por hacer el bien que comprometer la conciencia. Nuestra meta no es agradar a todos, sino ser hallados fieles por el Señor.

Aprendamos a recibir crítica útil, a desechar la maliciosa y a seguir adelante con mansedumbre. El servicio al prójimo y la misión requieren piel gruesa y corazón tierno. La vindicación final vendrá de Dios en el día de Cristo. Hasta entonces, trabajemos con buena conciencia.

96 – La fe es el resorte del reloj que mueve todos los engranajes del amor, gozo, consuelo y paz. — Thomas Brooks

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

97 – La persona orgullosa es una persona de poca oración. — Wayne Mack

La oración bíblica nace de la conciencia de necesidad y del reconocimiento de la suficiencia de Dios. No es magia ni palabrería, sino respuesta humilde a su Palabra, donde el corazón se derrama con confesión, acción de gracias e intercesión. El creyente reformado acude al trono de la gracia por Cristo, con reverencia y confianza filial, sabiendo que el Padre oye por medio del Hijo. La vida de oración nutre la fe, mortifica el pecado y alinea nuestros afectos con la voluntad revelada de Dios.

Practicar la oración implica ritmos santos: devoción privada, culto familiar y reunión congregacional. Oramos conforme a las promesas, no a caprichos; pedimos lo que exalta a Cristo y edifica a su iglesia. Cuando las palabras faltan, la Escritura pone lenguaje en nuestros labios, y el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. La perseverancia en la oración sostiene el ministerio, consuela en el sufrimiento y prepara el corazón para obedecer con gozo.

98 – El cristiano es una persona que hace que sea más fácil para los demás creer en Dios. — Robert Murray M’Cheyne

Esta enseñanza apunta a una piedad centrada en Cristo, sostenida por la Palabra y vivida en comunidad. La gracia que nos salva también nos forma, de modo que crecemos en humildad, obediencia y esperanza. No buscamos atajos espirituales, sino los medios ordinarios por los cuales Dios santifica a su pueblo. Así caminamos con firmeza en medio de un siglo inestable.

Apliquemos esta verdad en lo concreto: oración perseverante, examen a la luz de la Escritura, comunión activa en la iglesia local y servicio al prójimo. El Señor usa estas disciplinas para conformarnos al carácter de su Hijo. Confiemos en su providencia, resistamos el pecado y trabajemos con gozo. Él es fiel para completar la buena obra.

99 – Aquel que sirve a Dios por dinero le servirá al diablo por un mejor salario. — Sir Roger L’Estrange

El enemigo es astuto: puede torcer Escrituras, disfrazarse de luz y usar medias verdades para extraviar. Por eso necesitamos discernimiento moldeado por toda la Escritura y una teología robusta. Resistimos firmes en la fe, sometidos a Dios y alejados de su terreno favorito: el orgullo y la mentira. Cristo, nuestro Campeón, lo venció en la cruz.

La defensa práctica incluye orar, velar y permanecer en la comunión de la iglesia. No dialogamos con la tentación; huimos. Probamos los espíritus, examinamos doctrinas y rechazamos el sensacionalismo. El diablo odia la verdad simple y la santidad ordinaria. Armados con la Palabra, permanecemos sobrios hasta el día de la victoria final.

100 – Recordar y confesar nuestro pecado es como sacar la basura: una sola vez no es suficiente. — Cornelius Plantinga

La confesión regular evita que el pecado se acumule y endurezca el corazón. Traerlo a la luz corta el poder de la vergüenza y abre camino a la restauración. No excusamos ni aplazamos: nombramos, nos apartamos y confiamos en la sangre de Cristo. La limpieza diaria mantiene sensible la conciencia.

Hagamos hábito de examen a la luz de la Escritura, conversación con hermanos de confianza y restitución cuando corresponda. La gracia no trivializa el pecado; lo vence. Así caminamos ligeros y útiles, con manos limpias y corazón puro. Dios honra al que se humilla bajo su mano.

Conclusión

Confiamos en que estas frases sean de bendición para tu vida y que puedas compartirlas para edificar a otros. Recordemos siempre que el amor y la verdad van de la mano cuando llevamos el mensaje de Cristo a quienes nos rodean. Usa cada oportunidad, incluso en redes sociales, para glorificar a Dios y sembrar semillas de fe.

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