Existen miles de predicadores en el mundo, pero no todos nos dirán lo que dice las Escrituras, por lo tanto, tenemos que examinar sus palabras a la luz de las Escrituras para saber si aquellas cosas que nos dicen son ciertas. He leído y escuchado diferentes frases que no son bíblicas, he traído algunas a ustedes:
En la enseñanza cristiana moderna, muchas frases populares se repiten desde los púlpitos y en redes sociales como si fueran verdades bíblicas. Sin embargo, no todas provienen de las Escrituras ni reflejan fielmente el carácter y los planes de Dios. A continuación, analizamos varias de estas expresiones para contrastarlas con lo que realmente dice la Palabra de Dios, con el fin de edificar y discernir la verdad.
1. Mientras mayor sea tu ofrenda, así será tu bendición
Este dicho es muy popular entre predicadores de la prosperidad, como el famoso predicador Cash Luna. La Biblia nunca nos enseña esto como un principio universal. Los predicadores lo usan para manipular emocionalmente a quienes tienen menos conocimiento bíblico, apelando a la necesidad o al deseo de recibir bendición. Dios conoce nuestros corazones y sabe exactamente con qué actitud damos, no cuánto damos. Jesús alabó a la viuda pobre que dio dos moneditas (Marcos 12:41-44), porque dio con amor y sacrificio. Si Dios sabe que lo que puedo ofrendar es poco, igual me bendecirá conforme a Su voluntad y propósito.
La verdadera bendición no está ligada a la cantidad de dinero entregado, sino a la obediencia y a la fe que mostramos al dar.
2. Mi mayor don es la fe, no la palabra de Dios
La Biblia nos enseña en 1 Corintios 13:2:
Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada.
La fe es esencial para la vida cristiana, pero no puede colocarse por encima de la Palabra de Dios, pues es esta la que alimenta y sostiene la fe (Romanos 10:17). ¿De qué nos sirve tener toda la fe del mundo si relegamos la Escritura a un segundo lugar? Sin la Palabra, la fe carece de fundamento sólido y puede ser fácilmente desviada por falsas enseñanzas.
Nuestro mayor tesoro debe ser conocer a Dios a través de Su Palabra, para que nuestra fe se mantenga firme y bien dirigida.
3. El próximo año será un año de bendición, será el año en que Dios te sacará de tu desierto
Cada fin de año se escuchan declaraciones como esta, que prometen bendiciones inmediatas y la salida de pruebas, sin un respaldo bíblico específico. La realidad es que los tiempos y procesos de Dios no dependen de calendarios humanos. Los predicadores no son quienes determinan cuándo termina una prueba o cuándo llega una bendición; solo Dios lo decide según Su voluntad perfecta.
Independientemente de nuestras circunstancias, todos los años son de bendición si Dios está con nosotros (Salmo 23:6). La confianza no debe estar en una fecha, sino en el Señor que nos acompaña en cada temporada de la vida.
4. Nuestra palabra tiene poder
Algunas corrientes modernas enseñan que nuestras palabras crean realidades por sí mismas, lo cual distorsiona el mensaje bíblico. Coincido con aquello que dice John MacArthur: nuestra palabra no tiene autoridad por sí sola, la autoridad está en la Palabra de Dios. Podemos alentar o desanimar con nuestras palabras, pero el poder de transformar vidas pertenece únicamente a Dios y a Su Palabra (Hebreos 4:12).
Debemos ser responsables con lo que decimos, pero siempre reconociendo que la verdadera autoridad espiritual proviene de lo que Dios ha dicho, no de decretos humanos.
5. A Dios no hay que entenderlo, a Dios solo hay que obedecerlo
Es cierto que debemos obedecer a Dios, pero también estamos llamados a conocerle y comprender Sus caminos, en la medida que Él nos los revela. Jeremías 9:24 dice:
Mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco —declara el Señor.
Obediencia sin conocimiento puede llevar a un seguimiento ciego y vulnerable a errores. Dios desea que le conozcamos a través de Su Palabra para obedecerle con entendimiento y amor.
6. No puede estar triste un corazón que alabe a Dios
Esta frase, aunque bien intencionada, no es del todo cierta. Claro que un corazón triste puede alabar a Dios. Santiago 5:13 dice: “¿Sufre alguno entre vosotros? Que haga oración. ¿Está alguno alegre? Que cante alabanzas.” La alabanza no siempre surge de la alegría, también puede brotar en medio del dolor como un acto de fe y confianza.
Jesús mismo nos advirtió: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). La alabanza en tiempos difíciles honra profundamente a Dios, porque expresa nuestra dependencia de Él en medio de la tristeza.
7. Dios nunca se equivoca porque él siempre tiene un plan B
Es cierto que Dios nunca se equivoca, pero esta frase sugiere erróneamente que Él improvisa. Dios no necesita un “plan B” porque Su plan es perfecto desde el principio (Isaías 46:10). Todo lo que sucede está dentro de Su diseño soberano, incluso las circunstancias que no entendemos.
Confiar en que Dios tiene un plan perfecto nos libera de la ansiedad y nos ayuda a descansar en Su soberanía, sabiendo que ninguna situación le toma por sorpresa.
En conclusión, muchas frases populares pueden sonar piadosas pero, al analizarlas a la luz de la Biblia, descubrimos que no siempre transmiten la verdad. Como creyentes, debemos examinar todo con discernimiento, reteniendo lo bueno y desechando lo que no se alinea con la Palabra de Dios (1 Tesalonicenses 5:21). Así evitamos caer en errores y nos mantenemos firmes en la verdad que realmente edifica.