Damos gloria a Dios en este día por la gran misericordia que ha tenido de nosotros, pues, cuando estábamos perdidos en nuestros delitos y pecados Él nos levantó, nos puso ropa, nos dio agua, secó nuestras lágrimas y nos hizo caminar por el verdadero camino. De verdad damos gracias a Dios por todo eso y a la vez les pedimos que nos ayude a nunca desviarnos del camino que nos ha trazado.

Dios ha sido demasiado bueno con nosotros. Es como cuando tenemos un amigo que es para nosotros más que un hermano, el cual nos hace grandes favores y siempre está ahí para nosotros, pero, llega un momento en el que comenzamos a rechazar a ese amigo, ¿de qué forma? Una persona se puede rechazar de miles de formas, de igual manera, a Dios también lo podemos rechazar de miles de formas, no es solo diciendo que no aceptaremos a Jesús, sino haciendo cosas que no son de su agrado, y nosotros sabemos bien qué no le agrada a Dios, y debemos ser lo suficientemente maduros para comprender esto.

Recordemos que tenemos una amistad con Dios, y esta amistad nos hace ser distintos a las personas que están ahí fuera, por lo cual, debemos alimentar esta amistad, debemos ser íntegros. ¡No podemos andar rechazando la gracia de Dios! Y es que no hay mayor privilegio que servirle a Él. ¿Puedes entender eso?

El autor de los Hebreos escribió:

25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.

26 La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

27 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

28 Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

29 porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Hebreos 12: 25-29

Debemos entender bien dónde estamos parados. Dios nos ha dado un reino inconmovible, por lo cual, debemos ser agradecidos. No podemos ser “cristianos” de un banco o “cristianos” hipócritas que andan haciendo y deshaciendo como si no existe un Dios en los cielos que nos está mirando. Debemos servir a Dios con temor y reverencia, como aquel esposo que quiere agradar a sus esposa.

Hermanos, levantemos las manos caídas y doblemos las rodillas paralizadas. No nos detengamos, tomemos fuerzas y aliento y caminemos en el buen caminar.

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