Tenemos muchas cosas que agradecer a Dios. El simple hecho de poder despertar es motivo de decir “Dios mío gracias”. Las maravillas de Dios han sido notorias en nuestras vidas y la maravilla más grande que podemos recordar es aquel día que Dios nos trajo a sus caminos. Y gracias damos a Dios por la muerte de su Hijo en la cruz, pues como dice una canción: “Por su muerte hoy vivo yo”.

Hay una canción de Marcos Vidal que dice: “Y pellízcate al sentir la luz del sol”. Pues es cierto, debemos darle gracias a Dios por todo, ser personas agradecidas sin importar cual sea nuestra situación. En la Biblia hemos leído de muchísimos hombres de Dios que pasaron por momentos muy difíciles.

El profeta Isaías dijo:

1 Jehová, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza.

2 Porque convertiste la ciudad en montón, la ciudad fortificada en ruina; el alcázar de los extraños para que no sea ciudad, ni nunca jamás sea reedificado.

3 Por esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la ciudad de gentes robustas.

Isaías 25: 1-3

Nuestro propósito en este tierra es darle la gloria a Dios. Hay personas que cuando ven la calamidad acercarse comienzan hasta a juzgar a Dios, otros a maldecirle, pero qué bueno es cuando como cristianos comprendemos que sin importar la más grande tempestad, sin importar si Dios nos da lo que pedimos o no, sin importar la más severa situación en la que nos encontremos, debemos seguir creyendo en Dios y glorificándole.

Amado hermano (a) alabemos a Dios con todos nuestros corazones y demos gracias por su consejo (La Biblia) el cual nos guía en nuestro día a día. Seamos agradecidos cada mañana, cada despertar, porque hay muchas personas que ya no cuentan con esta oportunidad o que en algún momento la desperdiciaron. La vida es una, por lo cual debemos glorificar a Dios cada momento.

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