Cada día debemos pedirle al Señor a que nos ayude a tener paciencia, para soportar todas las tentaciones, y todo los obstáculos que vienen a nuestras vidas.

El salmista David tenía muchos enemigos, estos mismos buscaban la forma de destruir a este hombre, pero pasaba algo con este hombre, y es que salmista no se preocupaba por su adversario sino que inmediatamente se humillaba ante Dios y le pedía para que Dios tomara la justicia en sus manos.

No te impacientes a causa de los malignos,
Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.

Salmos 37:1

Hubo un momento en que Saul era enemigo de David, y es que este hombre mandaba a sus guardias a perseguir a David para darle muerte, pero Dios le protegía y le guardaba aun de las fieras que podían atreverse en su camino.

Algo que tenemos en claro, es que David no tenía envidia de los malignos, porque él sabia que estos hombres hacían lo malo delante de los hijos de Dios. La envidia es algo que a Dios no le agrada en lo absoluto.

Porque como hierba serán pronto cortados,
Y como la hierba verde se secarán.

Salmos 37:2

Esta es la promesa para todo aquel que comete todo tipo de maldad, y es que así como vemos una máquina cortando una madera, de esa misma forma pasará con todo aquel que hace maldad a los demás.

Cuando vamos a un campo o estamos donde hay mucha hierba, pero si no llueve es claro que la hierba se secará por completo, pero el agua es aquella que la mantiene verde y con vida.

Así como la hierba se seca, de esta misma forma pasará a todo aquel que practique y haga maldad, por eso es buen que tengamos en cuenta lo que hagamos en nuestro camino, seamos sabios en el Señor y hagamos todo lo que es agradable ante los ojos de Dios.

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