Si pudiésemos definir al pueblo de Israel como tal, podríamos decir que ha sido uno de los pueblos más rebeldes e incrédulos que han existido. ¿Por qué esta definición tan cruel dirías? Bueno, Israel fue el pueblo escogido por Dios y aun así, con ese tremendo privilegio, ellos se desviaban una y otra vez del propósito de Dios.

¿Cuántos favores podemos contar de los que Dios hizo por el pueblo de Israel aun ellos siendo infieles? Son incontables, poderosos, majestuosos, los leemos y nos quedamos atónitos de las obras poderosas que Dios hacía por su pueblo y esto sin ellos merecerlo en lo absoluto. La Biblia bien claro nos dice que si nosotros somos infieles, entonces Dios permanece siendo fiel porque no puede negarse así mismo. Amado lector, nuestro Dios no depende de nuestras circunstancias para actuar, no podemos tener la idea de que Dios depende de nosotros, debemos saber que Él existe desde antes de la eternidad, que sobrepasa el tiempo y el espacio y que nuestra mente finita siquiera puede llegar a Él.

Todos hemos leído la historia de cómo Dios saca con mano poderosa al pueblo de Israel de Egipto, sin embargo, aun ellos viendo la mano de Dios actuar, cometen ciertos tipos de pecados como la idolatría. A pesar de todo esto, Dios nunca se olvidó de ellos, y les dice unas poderosas palabras a través de Moisés, las cuales espero que de alguna manera conforten nuestras mentes el día de hoy:

29 Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.

30 Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz;

31 porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres.

Deuteronomio 4: 29-31

Nunca podemos creer que tenemos una licencia para pecar, pero también debemos tener conocimiento de que si pecamos abogado tenemos, el cual es Jesucristo. No podemos hacer el mal y simplemente retirarnos, debemos arrepentirnos de tal cosa y encomendar nuestros caminos a Dios, pedirle que nos ayude a serle fiel.

El punto está en tener un corazón humilde y humillado ante Dios, pues a tal corazón Dios nunca menospreciará. Busquemos a Dios de todo corazón, pues Él siempre nos escucha y nunca nos dejará.

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