La juventud es una etapa donde uno se quiere divertir, romper la rutina, gozar y gozar. Y claro, nada de esto es malo siempre y cuando se haga en el orden de Dios y acordándonos de que existe un Dios en los cielos. Muchos jóvenes se encuentran esto del cristianismo como algo aburrido que te prohíbe mil cosas. Pues, imagine usted, la gente quiere vivir una “vida loca”, desenfrenada, sin ningún tipo de prohibiciones. 

A nadie le gusta las prohibiciones y mucho menos las correcciones, pues la misma Biblia dice:  “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”. (Hebreos 12:11).

Hay muchos jóvenes que solo piensan en la fama, en las riquezas, en miles de chicas, un auto nuevo, una carrera universitaria, pero nunca se recuerdan que existe un creador al cual tendremos que rendir cuentas, y no solo eso, sino que algún día llegarán los días malos y diremos: ¿Qué hice con mi vida todos estos años?

Hay quienes han malgastado toda su juventud en los placeres y cuando llegan a una edad madura se retuercen de remordimiento porque cuando miran el espejo de la vida se dan cuenta que no obtuvieron ningún tipo de logro que puedan disfrutar.

El proverbista dijo algo muy importante, y puede ser que sea uno de los capítulos más famosos de la Biblia, dice:

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia;

Eclesiastés 12: 1-2

El hombre quiere hacer y hacer, lograr y logar, pero no tiene pendiente al Dios de los cielos. Si construimos en base al conocimiento de nuestro creador, cuando lleguen aquellos días malos, de enfermedad, en los que no nos podemos valer por nosotros mismos, aquellos días en los que quizá ya hayamos perdido nuestra familia, simplemente aquellos días oscuros; podamos tener paz y gozo en nuestro amado Señor Jesucristo.

Querido lector, no existe nada mejor que dedicarle nuestra juventud, toda nuestra vida al Creador, pues, la mejor felicidad se encuentra en sus tiernos brazos y es el único ser que nos promete un descanso eterno.

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