Hay muchas historias de amor que nos llenan de mucha nostalgia cuando las leemos o las vemos reflejada en alguna película, tal como la gran obra literaria: “Romeo y Julieta”. Y son historias que hasta nos hacen llorar de tanta emoción. Y por supuesto, estas historias nos dejan mucho que aprender.

Existe la historia de Eduardo de Windsor o el rey que lo dejó todo por amor; se narra la historia este duque de reino unido el cual fue proclamado como rey, pero él cambió el curso de la historia de su país cuando dejó el trono para contraer matrimonio con una mujer mujer estadounidense dos veces divorciada. El punto es que un rey no se podía casar con una americana que además de plebeya era dos veces divorciada. La única forma de este rey casarse con ella era abandonar el trono,  ¿y sabes que? él lo hizo.

¿Acaso esta historia no es emocionante? ¿Abandonaría usted un trono por una mujer? Imagínese usted que dos años más tarde esta mujer le abandone, pues se quedaría sin trono y sin mujer. Sin embargo, Eduardo de Windsor simplemente estaba hechizado de amor, y el trono no tenía significado delante del amor tan grande que sentía por esa americana.

Ahora bien, ¿crees que esa es la historia más grande de amor? ¡No! La historia más grande de amor se resume en un solo versículo de la Biblia:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Juan 3:16

En primer lugar, el amor de Dios fue demasiado grande, y lo grande es que a diferencia de otros amores, el amor del Padre fue para salvarnos, para recuperar nuestra amistad, y su amor fue tan grande que ofreció lo más valiosos que posee: “Su Único Hijo”, con el propósito de que nosotros no nos perdamos. Esto sí que es un amor incomparable.

Volvamos un poco atrás, a la historia del rey que lo dejó todo por amor.  Pregunto: ¿Qué tipo de castigo hubiese merecido aquella mujer si hubiese abandonado a ese rey que dejó su trono por ella? Posiblemente dirías que el castigo más severo que pueda existir.

Entonces, yo pregunto: ¿Qué castigo merece una persona que rechace al Hijo de Dios? ¿Acaso no merecería el castigo más severo? El amor con el que el Padre nos ha amado es eterno, de manera que, aquellos quienes lo rechazan también merecen un castigo eterno, por rechazar el amor del Padre, el cual entregó lo más valioso que tiene.

Por eso Juan continúa y dice:

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Juan 3:18

Por tanto, hay una fuerte condenación para aquellos que se rehúsan a creer que Jesús es el Hijo de Dios, y gloria damos a Dios, que usted y yo hemos reconocido el valioso sacrificio de Cristo en la cruz, y de igual manera esperamos que aquellos que no lo han hecho lo puedan hacer.

Dios nos ha mostrado la historia de amor más grande. Dio a su Hijo por nuestros pecados y debemos darle un valor eterno a eso siempre.

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