Debemos siempre cuidarnos de aquellas cosas que queremos en nuestro corazón, ya que no siempre son las correctas. La Biblia nos dice en Santiago 4:3: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. No siempre le pedimos a Dios las cosas correctas, por esto es bueno que conozcamos cuál es la voluntad del Padre para que pidamos conforme a ella.La Biblia nos habla de una mala elección que tuvo el pueblo de Israel. Sabemos que dicho pueblo no tenía rey, porque el rey de ellos era Dios directamente y Dios ponía jueces que lo gobernasen, pero no tenían un rey humano como las demás naciones. En el antiguo testamento vamos a encontrar a Dios luchando a favor de su pueblo, como un rey que comanda su ejército, pero simplemente ellos desecharon esto.

La historia bíblica nos dice lo siguiente:

Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel,  y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.

1 Samuel 8:4-5

Los ancianos de Israel se dieron cuenta que los hijos de Samuel no estaban caminando conforme al corazón recto de su padre, sino que se habían dejado sobornar y habían pervertido el derecho de los moradores. Pero, ¿esta fue la razón por la cual ellos pidieron rey? No, ellos querían tener un rey porque las demás naciones tenían uno.

Recordemos algo muy importante, y es que Dios había hecho al pueblo de Israel diferente a las demás naciones en todo el sentido de la palabra. Ellos no tenían un rey como las demás, porque Dios era su rey, pero ellos, al ver que las demás naciones tenían un rey físico, pues sintieron la necesidad de tener alguien quien les represente.

En otras palabras, el pueblo de Israel estaba desechando a Dios como rey y estaban prefiriendo a un hombre que los dirija, y es por esto que a Samuel no le agradadaron aquellas palabras dichas por los ancianos y por eso fue ante Dios:

6 Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová.

7 Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.

8 Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo.

9 Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos.

1 Samuel 8:6-9

O sea, Dios había hecho obra poderosas al pueblo de Israel, pese que ellos habían pecado contra Dios varias veces yéndose tras dioses ajenos y ahora vemos que a pesar de Dios hacer misericordia con ellos durante gran tiempo, le rechazan quitándole de su reinado. Luego Dios continua diciéndole a Samuel que escuche su voz, pero que les de una advertencia de como sería aquel rey que ellos tanto anhelaban.

Ellos no habían desechado a Samuel o a los hijos de Samuel, ellos  desecharon a ese Dios quien les había dado innumerables victorias.

Debemos tener cuidado de no desechar a Dios como aquel quien tiene control sobre nuestras vidas. A veces sabemos cuál es la voluntad de Dios, sin embargo, preferimos irnos tras lo que nuestro corazón quiere.

En los versículos que continúan Samuel les da una serie de advertencias de cómo aquel rey les oprimiría, sin embargo, ellos preferían a un tirano antes que a Dios:

Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.

1 Samuel 8:19-20

Desistamos de la idea de que nos puede ir mejor con nuestros propios planes, también dejemos de anhelar ser como aquellas personas que están en el mundo. Nosotros tenemos un privilegio muy grande, y es que Dios gobierna en nuestras vidas, y su gobierno es seguro y nos hace tomar mejores decisiones. Tengamos cuidado con aquellas cosas que pedimos a Dios, con aquellas cosas que anhelamos u hacemos, puesto que no siempre estamos en lo correcto y con nuestras decisiones podemos terminar desechando a Dios de nuestras vidas.

El pueblo de Israel desechó a Dios como su Rey, y tú, ¿harás lo mismo? o mejor dirás: “Heme aquí Señor, haz como tú quieras”.

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