En ocasiones nos encontramos en momentos difíciles, pero en esos momentos debemos recordar que Dios siempre estará con nosotros, y que Él nos ayudará sin importar lo difícil que esté el camino.

Había un hombre que tenía mucho tiempo enfermo de parálisis en sus piernas, este hombre estaba anhelando ser sanado de su enfermedad. Y se le hacía difícil alcanzar la sanidad:

Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas,

un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos,

que esperaban el movimiento del agua.

Juan 5:1,2-3

La Biblia nos explica que Jesús fue a Jerusalén, y también había un estanque que era visitado por un ángel de tiempo en tiempo. Aquí venían de todas partes para ser sanados de sus enfermedades: ciegos, cojos, y paralíticos. Estas personas enfermas siempre estaban atentos a que el agua se moviera para inmediatamente arrojarse sobre el agua y recibir la sanidad.

La Biblia dice que el primero que  lograba sumergirse era sano de cualquier enfermedad. El paralítico que mencionamos al prinicipio de este artículo llevaba mucho tiempo allí postrado de su enfermedad, y debido a ese mal del que sufría no lograba llegar a tiempo al estanque cuando el ángel bajaba.

Aquel hombre se alfligía en gan manera  cuando veía que personas venían y tenían la facilidad de entrar al agua. Él anhelaba que alguien le ayudara a entrar. Pero nadie lo hacía porque cada quien se enfocaba en recibir su milagro.

 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

Juan 5:5

A pesar de ese largo tiempo que tenía postrado, este hombre nunca perdió las esperanzas de que algún día podía ser sanado de su enfermedad.

Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?

Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua;

y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

Juan 5:6,7

Jesús vio la desesperación de este hombre y la necesidad de ser sanado. Él sabía que este hombre tenía mucho tiempo enfermo y le ofreció la sanidad. El paralítico no sabia que el que le estaba hablando era Aquel que tenía el control de todas las cosas y que podía sanar su enfermedad. Claramente vemos lo que este hombre estaba pensando. Él decía que no tenia nadie que lo ayudase a meterse en el agua cuando fuera agitada, pero él decía que cuando hacia lo posible para llegar ya era muy tarde, porque las de mas personas se le iban alante.

 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.

Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.

Juan 5:8,9

Es importante creer y tener fe y confianza de que algún día puede llegar nuestro milagro como ocurrió con este hombre. Él pensaba que su sanidad estaba lejos, pero no fue así. Él creía que Jesús era un simple humano más que quizás se iba a preocupar por ayudarlo a llegar al estanque, pero recibió algo mucho mejor, fue sanado sin tener que bajar al estanque.

Si estamos atravesando por un momento difícil, no nos detengamos ni nos desesperemos, sigamos mirando a Aquel que puede hacer posible lo imposible. Ese es Jesús, el que nunca falla, el que siempre está pendiente de nosotros.

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