El Salmo 84 es un Salmo bastante significativo para nosotros, el cual nos enseña lo importante que fue para el salmista estar en la casa de Dios. ¿Tiene para nosotros la misma importancia congregarnos en la casa del Señor?

Leamos este Salmo:

¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos!

Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová;
Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.

Aun el gorrión halla casa,
Y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos,
Cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos,
Rey mío, y Dios mío.

Bienaventurados los que habitan en tu casa;
Perpetuamente te alabarán. Selah

Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas,
En cuyo corazón están tus caminos.

Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente,
Cuando la lluvia llena los estanques.

Irán de poder en poder;
Verán a Dios en Sion.

Jehová Dios de los ejércitos, oye mi oración;
Escucha, oh Dios de Jacob. Selah

Mira, oh Dios, escudo nuestro,
Y pon los ojos en el rostro de tu ungido.

10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos.
Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios,
Que habitar en las moradas de maldad.

11 Porque sol y escudo es Jehová Dios;
Gracia y gloria dará Jehová.
No quitará el bien a los que andan en integridad.

12 Jehová de los ejércitos,
Dichoso el hombre que en ti confía.

El salmista le da apertura a este Salmo con la exclamación: ¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos!. ¿Es esta nuestra exclamación? Sin duda alguna, el salmista muestra esa sed de estar en la casa de Dios y no es para menos que nosotros de igual manera tengamos el mismo sentir por estar en la casa de Dios. Vivimos en tiempos muy modernos donde muchos creyentes ni les interesa el congregarse. Por otro lado, existe también la excusa del trabajo y muchas otras cosas, pero , ¿Es nuestro anhelo morar en la casa de Dios?

El salmista también dice: Bienaventurados los que habitan en tu casa; Perpetuamente te alabarán. El autor de este salmo declara que aquel que habita en la casa de Dios es un hombre o una mujer bienaventurada. Aquí podemos agregar otra bienaventuranza: “Bienaventurado el que habita en la casa de Dios”. ¿Por qué es bienaventurado? Lo es por el hecho de que está cumpliendo el propósito de Dios sobre el hombre, el cual el mismo hombre desde el Edén ha tratado de echar a un lado yendo por sus propios deseos egoístas. Realmente es una dicha poder alabar a Dios, pertenecer aun grupo de personas que adoran al Rey de reyes, puesto que hay muchas personas que andan en su pecado y no lo pueden hacer. Aleluya por esto.

Concluimos con este verso bien conocido por todos nosotros: “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad”. Esta es nuestra mejor opción: “habitar en la casa de Dios” y no solo habitar si no desearlo. 

Amado lector, a través de este post te invitamos a que ores al Señor para que si este deseo no está en ti, Él lo ponga.

Compártelo:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *