Jesucristo fue quien inició tomando sobre sus hombros una pesada cruz, llevando nuestros pecados sobre Él, llevando aquella carga tan pesada que a nosotros nos era imposible llevar. A través de llevar aquella cruz Él derribó ese muro que el hombre construyó en el Edén, el cual nos separaba de Dios. Alabado sea nuestro Maestro, el cual soportó todo el vituperio por nuestras transgresiones.

El amor de Jesús hacia sus criaturas no se basó en cuán buenos éramos nosotros o cuántas obras buenas poseíamos, su amor fue más allá de lo que podemos pensar. La pesada muerte de Cristo en la cruz es impresionante, puesto que a nosotros se nos hace tan difícil amar a nuestros enemigos, a los que nos hacen mal,  a aquellos que no nos ayudan en el momento en el que los necesitamos, sin  embargo, Jesús llevó aquella pesada cruz por personas que amaban el pecado, por aborrecedores de la verdad, por un hombre totalmente depravado. ¿Acaso esto no es glorioso? Sí, es la noticia más increíble jamás antes escuchada. Cristo dio su vida por hombres pecadores, los cuales no merecíamos en lo más mínimo el perdón.

Esa cruz no se detiene en la escena del calvario, donde su sangre segundo a segundo era derramada, ¡oh sí!, preciosa sangre derramada, donde los clavos eran puestos en sus manos hermosas, donde a una voz todo el público exclamaba: “¡crucificadle!”, donde en aquel momento se abrió un nuevo telón en la historia, el momento más conmovedor de toda la historia de la humanidad, donde el justo entregaba su vida por los pecadores, donde el inocente era tratado como culpable, donde el Santo era tratado como un criminal. ¡No! Aquella cruz no se detiene en ese majestuoso momento, sino que nosotros también debemos seguir cargando la cruz de Cristo, pues nuestro propio Maestro Jesucristo dijo:

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.

Lucas 9:23

A veces se nos olvida que tenemos una cruz que llevar, y en momentos del día a día la ponemos a reposar y nos olvidamos del sacrificio de Cristo y pisamos su sangre, haciendo cosas que no son del agrado de Dios, y nosotros lo sabemos.
Debemos tener cuidado con menospreciar la poderosa sangre de Cristo y a esto el autor de los Hebreos nos dice:
 …13Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la becerra rociada sobre los que se han contaminado, santifican para la purificación de la carne, 14¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo? 15Y por eso El es el mediador de un nuevo pacto, a fin de que habiendo tenido lugar una muerte para la redención de las transgresiones que se cometieron bajo el primer pacto, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna.…
Hebreos 9:13-15
Hermanos, no pisemos la sangre de Cristo en nuestro día a día, mas bien, les invitamos a tomar la cruz cada día y poner en alto a Cristo en cada momento de nuestras vidas. Les aseguramos que no hay mayor tesoro que este.

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