Algunos de nosotros hemos pasado por momentos en los que algún familiar (o uno mismo) ha estado dramáticamente enfermo, pero muchas veces el factor desesperación nos inunda y se nos olvida confiar en el Dios que creó los cielos y la tierra, y algo muy importante que también debemos entender es que no siempre cuando se nos habla de salud se está refiriendo a la salud física sino también a la espiritual. El salmo 41 es un himno del salmista David y lleva como subtitulo: “Oración pidiendo salud”. 

Bienaventurado el que piensa en el pobre;
    En el día malo lo librará Jehová.

Jehová lo guardará, y le dará vida;
Será bienaventurado en la tierra,
Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos.

Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor;
Mullirás toda su cama en su enfermedad.

Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí;
Sana mi alma, porque contra ti he pecado.

Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando:
¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?

Y si vienen a verme, hablan mentira;
Su corazón recoge para sí iniquidad,
Y al salir fuera la divulgan.

Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen;
Contra mí piensan mal, diciendo de mí:

Cosa pestilencial se ha apoderado de él;
Y el que cayó en cama no volverá a levantarse.

Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía,
Alzó contra mí el calcañar.

10 Mas tú, Jehová, ten misericordia de mí, y hazme levantar,
Y les daré el pago.

11 En esto conoceré que te he agradado,
Que mi enemigo no se huelgue de mí.

12 En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado,
Y me has hecho estar delante de ti para siempre.

13 Bendito sea Jehová, el Dios de Israel,
Por los siglos de los siglos.
Amén y Amén.

El Salmista comienza este poderoso himno presentado como hombre bienaventurado a aquel que piensa en el pobre. Luego que David termina de mencionar los beneficios que recibirá el hombre que piensa en el pobre, nos dice:  “Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado”. Aquí nos damos cuenta que la salud que David está pidiendo no es una salud física, más bien, es una salud totalmente espiritual. Que bueno es reconocer en esos momentos de pestilencia, en esos momentos donde nosotros pecamos en contra de nuestro Dios, que le necesitamos y no encerrarnos en nuestro propio ego como si nosotros somos seres perfectos, David se encontraba en aquel momento no solo frente a Dios, sino frente a sus enemigos que estaban esperando que él tropezara para luego ellos burlarse de su caída.

¿Acaso nosotros no pasamos por momentos en los que pecamos en contra de Dios y nos alejamos pensando que El no nos va a perdonar? Hay otras veces en las cuales nos refugiamos en la justificación y ni siquiera pedimos perdón a Dios sino que decimos: “yo soy humano”. Aprendamos del salmista David y echemos nuestros pecados sobre nuestro buen Dios y Él nos reconocerá frente a nuestros enemigos.

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