El salmo 66 es uno de mis Salmos favoritos, por el hecho de que nos insta a alabar a nuestro Dios por sus potentes obras, y es algo que debemos hacer en nuestro día a día, alabar a Dios por todas las maravillas que Él ha hecho por nosotros y todo esto empieza desde darle gracias hasta por el aire que respiramos y lo más importante: Cristo murió por nuestros pecados y nos ha redimido. ¿Acaso esto no es muestra de que debemos darle la gloria a Dios?

Veamos que nos dice el Salmo 66, escrito por el Rey David:

Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra.

Cantad la gloria de su nombre;
Poned gloria en su alabanza.

Decid a Dios: !!Cuán asombrosas son tus obras!
Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos.

Toda la tierra te adorará,
Y cantará a ti;
Cantarán a tu nombre. Selah

Venid, y ved las obras de Dios,
Temible en hechos sobre los hijos de los hombres.

Volvió el mar en seco;
Por el río pasaron a pie;
Allí en él nos alegramos.

El señorea con su poder para siempre;
Sus ojos atalayan sobre las naciones;
Los rebeldes no serán enaltecidos. Selah

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
Y haced oír la voz de su alabanza.

El es quien preservó la vida a nuestra alma,
Y no permitió que nuestros pies resbalasen.

10 Porque tú nos probaste, oh Dios;
Nos ensayaste como se afina la plata.

11 Nos metiste en la red;
Pusiste sobre nuestros lomos pesada carga.

12 Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza;
Pasamos por el fuego y por el agua,
Y nos sacaste a abundancia.

13 Entraré en tu casa con holocaustos;
Te pagaré mis votos,

14 Que pronunciaron mis labios
Y habló mi boca, cuando estaba angustiado.

15 Holocaustos de animales engordados te ofreceré,
Con sahumerio de carneros;
Te ofreceré en sacrificio bueyes y machos cabríos. Selah

16 Venid, oíd todos los que teméis a Dios,
Y contaré lo que ha hecho a mi alma.

17 A él clamé con mi boca,
Y fue exaltado con mi lengua.

18 Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad,
El Señor no me habría escuchado.

19 Mas ciertamente me escuchó Dios;
Atendió a la voz de mi súplica.

20 Bendito sea Dios,
Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.

Recordemos que una de las costumbres Hebreas era recordar a todas sus generaciones las potentes obras que Dios había hecho por el pueblo de Israel, con el propósito de que las siguientes generaciones nunca olvidaran cuán majestuoso y bueno ha sido Dios. Ellos enseñaban a sus niños las maravillas de Dios. A veces nosotros como padres fallamos en estas cosas, se nos olvida enseñarle a nuestros niños todo lo bueno que ha hecho Dios a través de toda la historia bíblica y en nuestras vidas por igual.

En el versículo 6 del Salmo 66 David nos habla de los hechos admirables de Dios en el desierto, cuando sacó con mano fuerte al pueblo de Israel de Egipto:

Volvió el mar en seco;
Por el río pasaron a pie;
Allí en él nos alegramos.

 El verso número cuatro es el eje de todo este capítulo:
Toda la tierra te adorará,
Y cantará a ti;
Cantarán a tu nombre. Selah
Este verso nos inspira a darle la gloria a Dios y a la vez nos enseña el gran propósito por el cual nosotros hemos sido creados: adorar a Dios. Y hoy es buen día para decir juntos con el Salmista David el final de este salmo: Bendito sea Dios, Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.

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